jueves, 27 de febrero de 2014

Chris Isaak - Alojamiento reservado en el Hotel de la tristeza.

Si me guiara sólo por las fotos y por la lectura de su biografía, seguramente tendría que tenerle manía. El tio es francamente guapo, exhibe pose de modelo descerebrado, seguro que las tiene locas a montones. Para postre sale en películas, tanto él como sus canciones, alguna hasta se ha reproducido en demasía. ¡Excesivo para mí! Me corroe la envidia. Suficiente para sentenciarlo al Calvario. ¿Os podéis creer que alguien le pueda tener manía a canciones como "Wicked game" o "Imagine"? ¡Ese soy yo!... Bueno, les tengo manía cuando la gente las cita o las tararea, pero si las oigo en el momento adecuado me deshago como cualquier otro mortal. Es probable que mi amigo Benigno tenga más empaque en estas situaciones. Yo no puedo, según como voy y hasta lloro.

Y eso es lo que me pasa con Chris Isaak, no soporto su book de fotos, pero cuando se pone a cantar me olvido de todo. Su voz tiene empaque, convence, suena a verdad que no se come un rosco o si se lo come es con la que se pone a tiro que no siempre es la correcta o la deseada. Que aunque es guapo sufre como el resto de los de a pie. Consuela mucho que también lo pasen mal los más agraciados.

De hecho estoy completamente seguro que estos prejuicios mios son comunes a críticos musicales más expertos y profesionales. Por eso, yo diría que este cantante no tiene el reconocimiento que se merece. ¿Os habéis fijado? Esto sí que es discriminación en razón al sexo. Una cantante guapa triunfa fácil entre los críticos a la que tiene una mínima calidad. Nadie duda de ella en función de su belleza, sólo tiene que demostrar habilidad vocal. Pero si eres hombre lo tienes claro. Los críticos, casi todos del mismo género, te miran de reojo, te lo miden todo, les fastidia enormemente que el público femenino se lance como loco a por los discos, que memorice y tararee las canciones en los conciertos (A mí me toca especialmente las gónadas), se ven henchidos de envidia, miden con pie de rey. En definitiva, tienes que ser muy bueno para ser cantante guapo y tener buenas críticas.

Pero ahí están los hechos y este disco los contiene todos. Confirma lo apuntado en "Silvertone"(su primer disco, que pasó desapercibido en España o que incluso no se editó hasta más tarde), que el Sr. Isaak es un cantante como la copa de un pino, que cuando se pone con ello lo hace con tino, con partitura, letras y solfeo.

Y es que el disco e toda una lección de rock and roll que podría firmar tranquilamente alguno de los clásicos. Él se propone demostrar que hay algo más allá, que está por sus méritos artísticos, y lo consigue.  Y si no aquí está la primera canción: "You owe me some kind of love", una muestra de rock fronterizo en la que brillan especialmente las guitarras (como en todo el disco) de James Calvin Ilsey (gran guitarrista semidesconocido para el gran público) que funcionan como auténticas descargas entre electrodos. Y que bien recita Isaak lo de "I, I, I...". La llega a cantar Roy Orbison y los críticos se ponen de rodillas. ¡Claro, Orbison es feo!


Pero una buena canción la hace cualquiera. Hay que confirmarlo y "Heart full of soul" es a la vez comunión y confirmación. Isaak recibe ya mis bendiciones y sacramentos. Se atreve con una versión de nada más y nada menos que los Yardbirds. ¿Cómo se te queda el cuerpo? Un clásico de los 60 actualizado, incluso mejor cantado. ¿Y las guitarras? Sencillamente suenan a adultas frente a las casi infantiles de los "pollos". Suena a película buena del oeste americano.
Y ahora está tan seguro de si mismo que se transmuta en Elvis. Se pone el traje de lentejuelas y lanza un reto al "rey" ya ausente. Estoy seguro que se muere de envidia por no haberle dado la réplica y haber hecho su versión de "Blue Hotel". Un establecimiento lleno de habitaciones y sueños solitarios. ¡Que cantidad de horas hemos pasado en ellas! Yo a estas alturas hace rato que me he olvidado de que el tio es guapo. Ya podemos salir a emborracharnos. Es otro panoli al que ellas ponen boca abajo. El acelerón guitarrero final es una muestra de ello.


"Lie to me" es, en mi opinión, una de las cumbres del disco. La voz encuentra su dimensión perfecta en este medio tiempo, la guitarra solista vibra entre los cabellos, los eriza como alambres espinosos, aparece un suave saxo de fondo. Ahora ya ha alcanzado la categoría de clásico, como mínimo, le permito una foto con toga de catedrático.

"Fade away" no es mi favorita pero baja muy poco el listón.
La primera de la cara "B" es "This love will last" una que abunda en los mismos argumentos ya presentados previamente. Se mantiene en unos parámetros excelentes.
"You took my heart". Rockera, acelerada, clásica.
"Cryin" Un poco estancado en el mismo estilo aunque en un buen nivel.
"Lover's game" un temazo de esos escondidos en el mazo de la baraja. No tiene fama pero como lo pongas dos veces puedes quedar atrapado.

Y el disco se cierra con otra inolvidable: "Waiting for the rain to fall". No sé porqué pero al oírla pienso siempre en JJ Cale. ¿Será por esa guitarra perezosa?

Un disco notable, sobresaliente en muchos casos, pelín irregular en la segunda cara, pero merecedor de versiones porque está repleto de clásicos. Se editó en 1987 o sea que es un auténtico "Gran Reserva". A disfrutarlo.

domingo, 16 de febrero de 2014

Estrofa, puente, estribillo... CODA



Cuando era pequeño... (Cada vez me gusta más empezar mis frases con esto.) Cuando era pequeño... y mi hermano compró In the court of the Crimson King, recuerdo la sorpresa, casi el miedo, que me provocó el final de la canción homónima, que parecía que ya había acabado pero no, porque se producía un break de batería que proponía una reexposición instrumental. Debo reconocer que desde entonces busco el efecto que aquello me produjo: un camino que tiene sus recovecos, y un desvío final que lleva hacia donde nunca hubiéramos imaginado.

Por supuesto, eso significa que siempre me han parecido estimables los compositores que usan algo más que estrofas y estribillo. El puente ya me parece casi imprescindible. Y no digamos si hace canciones en donde no se distingue bien entre ninguna de las partes, entonces ya me parece un artista del copón. Je, je.

El caso es que hay finales de canciones que adquieren un valor por sí mismos. Codas que se alargan y nos parece que redimen la canción, que ya era buena, y la catapultan a una excelencia imprescindible. 

¿Son dos canciones distintas? A veces ocurre, pero el artista decide que se unan y parezcan una sola. ¿Es un final más feliz de lo habitual? No suele ocurrir. Habitualmente, se trata de una coda elegíaca, pero hay excepciones. ¿Se podría alargar hasta el infinito y demostraría nuestro afán de trascendencia? Eso pasa en Sea song, de Robert Wyatt. ¿Es una manera simple de pegar un trozo para acabar de cualquier manera? Hombre, no. Imposible. Porque eso estropearía la canción. Y no es caso de ninguna de estas.

Ni que decir tiene que hay que disfrutarlas hasta el final.

 Joni Mitchell - Chinese Cafe/Unchained melody
Iván Ferreiro - El bosón de Higgs  
 Fairport Convention - To Althea from prison  
 Gemma Hayes - I wanna stay  
 Ryan Adams - The shadowlands  
 Nick Cave - Lucy
   
 David Sylvian - Brilliant trees

domingo, 9 de febrero de 2014

Diesel Park West - Todos los mitos en domingo

Llevaba tiempo rondado por mi cabeza el primer trabajo de estos ingleses de Leicester. Un grupo que si mientras están sonando te dicen que son americanos te lo crees tranquilamente. En muchas de sus canciones afloran influencias de grupos estadounidenses de finales de los sesenta y sententa. Aunque seguramente les pesó en su carrera en demasía el éxito de los U2 y algunos parelelismos que aparecen en sus temas más conocidos de esta época. Yo diría que no es culpa de ellos sino de unos productores que querían garantizarse el éxito.

Lo mejor de ellos es que han  resistido el paso de los años de forma impecable y si sus discos fueran editados hoy en día seguramente serían adscritos a alguno de esos estilos que nos quieren vender como modernos o de actualidad rabiosa. Quizá algunos los etiquetarían como "Power pop". Yo no sé porque no entiendo de etiquetas y sólo sé decir si me gustan o no, y estos me gustan y mucho. Tienen al menos tres discos muy respetables, repletos de rock, algo de épica, guitarrazos potentes y sobre todo una gran voz como cabecera.

Este es su primer disco pero, pese a ello, no se trataba de unos novatos, llevaban años en el negocio, rondando en circuitos parelelos y con otros nombres. Y eso se nota porque es una grabación bastante madura para tratarse de unos debutantes. El disco es muy compacto, para escucharlo completo, sin apenas grietas donde agarrarse para criticarlo.

La primera cara del disco está ocupada por cinco canciones cuya calidad va en un claro "crescendo", empieza con una canción notable y se acerca a la matrícula cuando la aguja queda flotando en el último surco invitando a retroceder o a dar la vuelta. Sino vean la muestra.
"Like princess do" se inicia pisando a fondo, el típico hit comercial que abre un álbum, buscando llamar la atención, soltando guitarrazos a diestro y siniestro. Reconozco que el aluvión de noticias sobre princesas y declaraciones me ha hecho pensar hoy en ella.

Para postre, hoy es domingo y que mejor canción que ésta para celebrarlo. "All the myths on sunday". Si la primera te ha puesto tieso el oído, la segunda pone cachondo. ¿Van a ser capaces de mantener el nivel rítmico en el resto?

Pues sí, porque la tercera empieza a dar ya la verdadera dimensión del grupo o por lo menos de este disco. Porque "Bell of hope" empieza a parecer un punto culminante, no han hecho más que mejorar en cada una de las canciones. Ahora ya van a la epopeya desde los tarareos y coros iniciales. La voz de Butler luce de lleno al disminuir un poco los decibelios y la velocidad.

En "Out of nowhere" queda claro que estamos ante un gran disco de un muy buen grupo. No se pueden hacer cuatro buenas seguidas por casualidad.
No hay quinto malo dicen los taurinos y "The Waking hour" es el compendio de todo lo que pueden hacer de bueno estos chicos. Quizás la mejor del disco.
"When the Hoodoo comes" probablemente es la culpable de las comparaciones de los "Diesel Park West" con los U2. Podría estar en cualquier disco de los irlandeses, la culpa del parecido es ese guitarreo tan cercano al de The Edge que la marca como un sello. Y me pregunto yo ¿Es eso malo? Yo diría que no porque lo hacen redondo, casi perfecto. Una canción excelente, imposible hincarle el cuchillo para destriparla.

Le sigue "Opportunity crazy", esta sí, nada que ver con Bono y los suyos, van siete canciones y ninguna de perfil bajo. Dan ganas de verlos en directo.
Y aquí los tenemos con otro de los puntos álgidos del disco "Here I Stand". Por si había dudas en cuanto a su personalidad y potencia lo pongo en directo donde luce impresionante el vozarrón del cantante.


 Unos arreglos algo más preciosistas, menos rockeros, incluso de cuerdas aparecen en "Jackie is still sad" que recuerda por momentos a los "Dexy's midnight runners".  Otro buen tema.

Como siempre las mejores canciones están al principio o al final y "A house divided" es uno de las mejores. Una canción rota por la potencia con la que la desarrollan, por las ganas que tienen de seguir cantando. Presentada para que grites pidiendo el bis, la repetición que no puede tener lugar en casa salvo que tengas el gesto de levantarte y mover el vinilo o deslizar el brazo del que pende la aguja. Perfecta para el directo, para el salto y el grito.

Otro de esos discos olvidados que de vez en cuando merece la pena recordar y este domingo entre princesas y mitos era un día ideal para ello. No olvidéis que hay que oírlo entero. No se vale picotear ni la reproducción aleatoria. Me lo disfruten.

sábado, 1 de febrero de 2014

Eyeless in Gaza. Fotografías sin maquillaje de 1981




Hay un tiempo en que surgen movimientos creativos. No creo que haya nadie que viviera el final de los setenta y el principio de los ochenta que no se diera cuenta (supongo que cada edad tiene su mito, pero..., mmm...). El punk dio un espacio de libertad muy importante, en que lo de menos era integrarse en el mercado. Quien diga que los ochenta suenan caducos es porque nunca se ha zambullido en un río. En el terreno de la lírica punk y el tecno había terroristas como Cabaret Voltaire y poetas cabreados como Eyeless in Gaza. Os puedo asegurar que estos dos tipos: Martyn Bates y Pete Becker eran una máquina de crear un clima electrizante. Los vi dos veces en Barcelona, en el Zeleste antiguo, y sobre todo el primer concierto dejó a la gente con la boca abierta (4/11/1984 y 11/4/1985). «Good evening, we are Eyeless in Gaza» y explotó la bomba. El cantante pide ayuda a gritos, los espacios electrónicos varían entre la melodía y el ritmo. Las canciones escupen mensajes desesperados. Y claro, eso a cierta edad y con la frescura impresionante de algo que jamás se había oído, entre Krafwerk y Peter Hammill, me dejó patidifuso. Yo iba con el disco bien aprendido, de un cassette grabado, y me lo pasé en grande. Eran los tiempos en los que comprabas recopilatorios como Pillows ans Prayers o Perspectives in Distortion y te enterabas de que la imaginación campaba con la buena música, y en los que, si Robert Wyatt grababa con Ben Watt y David Sylvian con Robert Fripp, no había razones para sospechar. Eran tiempos en que grupos como Eyeless in Gaza primero sacaban cassettes experimentales, publicaban un single, y entonces les fichaban. El primer disco de Eyeless in Gaza, Photographs as memories (1981), era para gente con ganas de escuchar una vanguardia con cierta vocación romántica. Los sintetizadores y la guitarra rítmica son la base del sonido, junto con la caja de ritmos. Hoy en día, no sé a quién puede estar dirigido (es material que se resiste a ser digerido). En mi caso, la cinta perdió fidelidad a fuerza de escuchas. Pero yo, el disco que siempre tuve de Eyeless in Gaza (en plástico, quiero decir) fue Caught in flux (del mismo 1981).



Es una especie de doble disco: elepé + epé. Portada hermosa, extraña, que se aleja completamente de los sonidos industriales y urbanos que supone su música, y que precisamente hacía que uno se preguntara si no había que ir un poco más allá, hacia el terreno de los sueños. Dentro, las fundas de papel también tienen fotos en blanco y negro: un niño pedaleando metido en medio metro de agua, ballenas en la superficie, un atardecer al borde del mar, más gente pedaleando en las calles inundadas.



Y no hay duda. Cualquiera que escuche «Sixth sense» lo comprende. Había que ir más allá. (¡Y si hubiera entendido la mitad de lo que dicen, no tengo duda de que me habría hecho un creyente absoluto!) Probablemente este segundo disco me gustaba incluso más.


En fin, espero que alguien los descubra. Cuantos más discos y más años, más «pop» se hicieron, más dulces (pero creo que no precisamente peores, con sus altos y sus bajos). A mí me gustó mucho también Rust Red September, de 1983. Luego les perdí la pista. Hoy, sábado lluvioso, melancólico y dulce como aquellos años (sólo falta la mala leche), me ha gustado recuperarlos.

jueves, 16 de enero de 2014

The Triffids - Fiebre, calentura, escalofríos y excitantes

Hacía tiempo que tenía ganas de hablar de este grupo. Siendo sincero, no me correspondería a mí esta entrada. Mi hermano es mucho más docto en los avatares y en la discografía de los australianos, pero al leer el excelente post de "Mi Tocadiscos Dual" glosando un disco en solitario de David McComb (cantante, compositor y guitarrista) y al percatarme del trágico y prematuro final, víctima (una vez más) del abuso de drogas, de alcohol y de desgracias encadenadas, me he sentido obligado a comentarlo.

Los "Triffids" tienen al completo el archivo de elementos interesantes. Su nombre tomado de un relato de ciencia ficción, su origen en las antípodas, la originalidad de su música y letras, la personalidad de la voz solista, su separación e imposible re-encuentro. Ideales para nuestros altares de dioses paganos y derribados.

"Calenture" es su cuarto disco y su correspondiente edición en vinilo ocupa un lugar destacado en mi discoteca desde su publicación. De hecho nos aficionamos a este grupo de híbridos entre lo animal y lo vegetal (como los describe John Wyndham el autor de la novela de ciencia ficción que da nombre al grupo) a raíz de su segundo disco: El excelente "Born Sandy Devotional" y desde entonces los comprábamos todos.

El estilo de "The Triffids" es absolutamente original para la época, marca un giro de los músicos de la segunda mitad de la década de los ochenta hacia composiciones más elaboradas y un sonido más depurado que el que dominaba la escena básicamente anglosajona de la primera mitad de la década.
La personalidad del cantante predomina: buena voz, bien modulada, a veces empleada en un tono algo vacilón que le sienta ideal. Pero en la periferia la música, plena de acelerones y frenadas, guitarreos básicamente rítmicos puntualizando las frases y el empleo acertado de teclados y de los coros, da una consistencia extraordinaria al conjunto. Su sonido me recuerda a algunas bandas progresistas americanas y la voz tiene un toque a lo David Byrne que aumenta esa sensación.

El disco se inicia con "Bury me deep in love". Una apuesta fuerte por una de las mejores canciones del álbum. Estribillo potente y pegadizo con sección de cuerda incluida. Un inicio de sobresaliente de entrada. Fue single sin alcanzar posiciones elevadas y tuvo su versión actualizada en la voz de Kylie Minogue a principios de este siglo.

Le sigue "Kelly's Blues", mucho más electrificada que la anterior, aunque unos pasajes de piano la endulzan de vez en cuando. Sobresale la labor del solista en un tema con cierto toque siniestro muy de la época, suena a Bowie, a Echo and the Bunnymen y sobre todo se identifica perfectamente a los Triffids.

Le sigue "A Trick of the Light". Si pensabas que la mejor era la primera, la tercera te deja con la ceja enarcada. ¿Va a ser este disco una obra maestra? Las percusiones y la voz inician el tema cuyo estilo "techno"  podría firmar cualquiera de los más consagrados. Un giro estilístico que dice mucho de la habilidad creativa de estos chicos.

Con los primeros compases de la siguiente la cara inicial de sorpresa se torna de satisfacción: Has acertado en la compra. Este disco es superclase y lo confirma "Hometown farewel kiss". Ya lo dicen ellos en la letra "Higher, let the flames go higher". Y tan alto que se elevan y ni siquiera ha acabado la primera cara. Otra más para el saco de las selectas.

"Unmade love" vuelve a las guitarras aceradas, a la bateria rompiendo los tambores y la voz antes edulcorada adopta un tono de "mala leche" muy interesante. ¿Insatisfacción? Quizás sí.

"The ghost of our love stalks me nightly. In my dreams. Dreams of unmade love."

Y aquí viene una magistral, una olímpica, de las que dejan huella y que pueden servir como canon: "Open for you" es una de sus mejores canciones. Los teclados recuerdan a la música clásica y al escucharla con auriculares, en el canal derecho se desgranan algunos sonidos indescifrables que adornan de forma excelsa la canción.

En los surcos de la segunda cara se mantienen las constantes iniciales. "Holy water" tiene un rítmo que invita al optimismo, incluso a la alegría y porqué no a bailar. No es la mejor pero no desentona en absoluto.

Retoman la senda magistral y de estilo absolutamente propio con "Blinder by the hour". La voz ya va para epopeya. Otra vez arreglos de cuerda para un tema precioso. ¿Por qué será que a los músicos les quedan canciones preciosas cuando pierden la visión?

Vamos enfilando la recta final del disco pero no baja para nada el pulso, la excitación de escuchar un gran disco sigue presente en el siguiente tema, uno de los más rocosos del disco.: "Vagabond holes".

"Jerdacuttup man" es otro de los que llegan a la matrícula de honor de este disco. ¡Que bien canta aquí McComb! Lo hace tan bien que la música pasa casi desapercibida, y si no fuera por los auriculares pasarían desapercibidos múltiples detalles del tema más cercano al folk anglosajón del disco.

"Calenture": "Tropical fever or delirium suffered by sailors after long periods away from land, who imagine the seas to be green filds and desire to leap into them" . Un simple intermezzo de piano antes de la fanfarria final.


Porque "Save what you can" es sin duda la mejor del disco, por lo menos desde el punto de vista emocional. Es un tema de los que tiene la capacidad de hacerte sentir algo desde el principio sólo con una breve melodía. Luego la lírica simplemente te da la razón y la letra está al máximo nivel. Consejos directos para la vida en una letra que parece enlazada con "Appetite" de los Prefab Sprout que ya hemos comentado en este blog.

"If you cannot run, then crawl. If you can leave, then leave it all. If you don't get caught, then steal it all. Steal it all."

Ahí queda eso. Un grupo poco recordado y que bien merece el corolario, el homenaje y el lemnisco de destacados.

viernes, 3 de enero de 2014

Los años nuevos




Un nuevo año, una nueva ilusión. Tiene que ser así. Rock and roll, soul y corazón. «New year's day», que decían los U2 (un poquito de manía que les cogí con ésta; es que ya se ponían muy pesados). No la pongo. Propuestas para una nueva vida. ¿Por qué pensamos que tienen que ser buenas? No tengo ni idea de lo que dicen los Stooges, pero la actitud de Iggy no era la de un curita haciéndose propuestas de enmienda. 1969 - The Stooges Recuerdo el tiempo en que pensaba que todos los discos maestros se habían publicado en 1969. bueno, es que a uno, a veces, le da por pensar. Y eso no tiene por qué ser bueno. 1972 - Josh Rouse Ayer (¿cuándo fue ayer?) me pasé varias horas escuchando a Gene Clark. ¿Qué hubiera pasado si no «se hubiera sentido muchísimo mejor»? El caso es que me pareció muy injusto su olvido. Ojalá pueda ver el reciente documental que han publicado sobre su trayectoria. 1975 - Gene Clark Nunca me resultaron simpáticos The Clash. Ni siquiera me han gustado mucho. Nunca. Sí, claro, tienen canciones memorables. ¿Y qué? Esto me hace pensar que la relación emocional con la música es mucho más importante que su importancia histórica (y no digamos, propiamente, musical). Pero Edwyn Collins sí que significa algo. 1977 - Edwyn Collins (The Clash) ¿Y ésta? Qué bonita. Lástima que, en general, el grupo no soportara el peso de un análisis cuidadoso. De todas formas, qué tiempos aquellos en los que me ponía el «Melancoli» en el coche. ¿Fripp? Uf, ahora no es el momento. No siempre es el momento. Sin embargo, nunca es tarde para escuchar a Bowie. 1984 - David Bowie Himno a voz en cuello. Un poquito americano (yanqui, quiero decir), lo cual lo desvirtúa, para mí. Qué le vamos a hacer. No soporto las banderas, ni los himnos, ni las patrias potestades. Sons of 1984 - Todd Rundgren Mejor esto, que no había oído en su día y que me parece lo suficientemente interesante. Bailable. Melódico. Poético (con mala leche poética). El futuro - Lliso Ya no somos jóvenes. Hammill sigue cantando ésta, porque la juventud, no sé cómo ni por qué, nunca acaba de hacer la revolución completa. Año nuevo: ¿materialización del futuro deseado? The Future now - Peter Hammill Ah, The Church. No me olvido de aquella Navidad en que me dejaron su primer disco. He aquí. Memories in a future tense - The Church

viernes, 20 de diciembre de 2013

Esclarecidos - Rojo, Azul o Negro



Esclarecer.
(Del lat. ex y clarescĕre).
1. tr. Iluminar, poner claro y luciente algo.
2. tr. Ennoblecer, ilustrar, hacer claro y famoso a alguien.
3. tr. Iluminar, ilustrar el entendimiento.
4. tr. Poner en claro, dilucidar un asunto o doctrina.
5. intr. impers. Apuntar la luz y claridad del día, empezar a amanecer.

A los Esclarecidos les debemos una entrada formal en este blog desde hace tiempo. Ya hemos comentado más de una vez que son favoritos en nuestra casa. Su propuesta musical inclasificable, atemporal y, sobre todo, de gran calidad merece un puesto de honor que desgraciadamente no ocupa entre el gran público y fueron grupo de culto solo para amantes de lo singular (o eso pienso yo). Eso sí, cualquier melómano, sea cual sea su signo, reconoce los indicios de excelencia en cualquiera de sus canciones.

Para esta entrada había seleccionado el disco "Dragón Negro" de 1994 y mientras buceaba en sus canciones se me cruzó el color "Rojo" de su anterior disco y el azul del tema que lo abre, así que decidí que esas contradicciones de color para un daltónico (como yo) eran un excelente tema para escribir.

Porque las canciones de Esclarecidos, hacen revivir escenas y paisajes, relatan historias y frecuentemente revuelven en algún sentimiento de esos indescriptibles con palabras directas y que sólo resisten a las metáforas, a figuras gramaticales tan eclécticas que exhiben diferentes significados cuando se muestran. Así que hoy hablaremos sobre todo de sus letras (casi todas ellas de Alfonso Pérez),  caracterizadas por la madurez y un cierto grado de cripticismo, sujetas a interpretación siempre, en general muy poco directas. Su música no necesita tarjeta, más bien necesita vestido elegante y, según como, etiqueta e incluso invitación para asistir a un cóctel de tanto tronío.

El "Tren azul" a mí me sugiere un viaje sobre raíles imaginarios trazados por el suave saxofón de fondo. Cristina recita más que canta, pero con tanta suavidad, que cuando salta entre pequeñas historias y sugiere un adulterio lo hace casi con tono de broma, de hecho el final onírico de la letra demuestra que fue escrita con imágenes fijas sugerida durante una siesta amenizada por orquesta. A mí a veces me pasa en algunos conciertos (sobre todo de ópera), me relajo tanto que sueño al ritmo de la música. También me pasa con Silvia Pérez Cruz, pero eso es otra historia.


"Noche de hiedra" es una letra de Javier Corcovado que a los "Esclarecidos" les sienta de maravilla. La noche aquí tiene ese tinte verdoso que da la luz de la luna algunas veces al proyectar sombras sobre las paredes, igual de aquí viene la sugerencia de la hiedra. Esas sombras son las que a mí me sugieren labios, heridas, besos y espinas. "Siendo la noche de hiedra, los nervios dorados se doblan y la luna es un susurro de tambor."
"Rojos" adjudica ese tono cutáneo a todos sus protagonistas. El color rojo avergonzado de esas relaciones personales rutinarias que con los años alcanzan un tono de falsedad tan acusado que sus protagonistas en vez de rojos aparecen pálidos. "A veces lo más suave escuece y lo que escuece no se nota. El rojo es pálido con el paso del tiempo." Extraordinaria y orquestal canción más cercana al jazz que al pop. Lamentablemente no encuentro esta canción que os recomiendo fervientemente. En su lugar os pongo una de abandonos ("No hay nada como tú"), con un estribillo para jubilados: "Espero que el parador no cierre los inviernos."
En "La cena" verde, negro, azul y blanco conviven en forma de versos de amor y de desconsuelo. Es una historia de miradas furtivas (me la tomo como muy propia) con sólo dos minutos y medio, breve pero de intensidad inolvidable. Una canción masculina (o a mí me lo parece) con voz femenina y acompañada de guitarra.
"Dragón negro" es para mí la obra culminante de "Los Esclarecidos" y está repleto de buenas canciones.

"Hay" es una de las mejores del disco. Para mí en ella predomina el color gris de la medianía de la vida de algunas de las personas que se describen en ella. De hecho la canción es un dedo acusador dando golpes en el pecho de alguien. "Hay muertos que nunca mueren y vivos que no conocen la vida. Los hay que prefieren morir que lampar una eternidad."

lampar.
(Del lat. lampas, -ădis, y este del gr. λαμπάς, antorcha).
1. tr. Afectar la boca con una sensación de ardor o picor. U. t. c. intr.
2. prnl. Tener ansiedad por el logro de algo.

"El dragón negro"... Treinta y cinco segundos de una intensidad brutal con Pablo Guerrero en las voces de fondo. Que cada cual se lo tome como quiera.  "No sé de qué raíz nacía aquel instante pero había un incendio de cal en las farolas. Descendía a los ojos el juego de los niños y Dragón Negro tocaba en mi memoria."

 "Y subimos" es la gran canción de este disco, la que sobresale por encima de los demás, la más llena de colorido con esos monos con traje a rayas (seguro que negro y amarillo) mientras los protagonistas suben y bajan buscando un lago blanco y los conejos se tatúan un dragón negro. Sorprendente, los animales hacen cosas extrañas e incoherentes mientras que las personas sólo hacen que subir a buscar un eclipse. ¿No será que es al revés?

Tanto dar vueltas que ya no se sabe si están "Arriba o abajo", sólo tienen claro que: "... cuando estuve cerca tu estabas a mi lado".
La "Mala Rosa". No necesita explicación ni color. Clásica que podría haber cantando cualquier folklórica o un cantante masculino de boleros o tangos, dejandonos estupefactos. Me la estoy imaginando con Antonio Machín y ...
Para acabar os dejo con estos "Poemas 19 y 27" mezcla de física aplicada a los acontecimientos personales y de balidos y cacareos burlescos "Entérate imbécil".
Seguro que no os dejan indiferentes.