sábado, 27 de octubre de 2018

Dire Straits - Haciendo películas

Una cena de viejos amigos, casi todos ellos rozando los sesenta, algunos ya los han cumplido. Una cena rejuvenecedora, cientos, miles de risas y complicidades antiguas. Ni una palabra sobre trabajo o sólo dichas en voz baja maldiciendo. No hizo falta nada más, ni siquiera las copas para irnos llenos de contento. Prometimos volver a hacerlo, igual no pasa nunca más, pero no importa, ahí queda eso.

No tengo ni idea de porqué he acabado yendo a mi discoteca a sacar este vinilio. Es el último que compré de ellos, los siguientes no me convencieron, me parecieron productos manufacturados para el gran público, para vender a diestro y siniestro. Pasaron cerca de mí, llenaron estadios y velódromos, y nunca más fui a verlos. A veces pasa eso con los buenos amores, muy buenos sabores y algún amargo recuerdo muy lejano en el paladeo.

El disco sigue sonando de maravilla, algún zumbido de fondo que resulta hasta agradable. Está grabado con intenciones rockeras que (para mí) nunca más volvieron a su carrera. Se acompañan por Roy Bittan en los teclados, que maridan de forma extraordinaria con las guitarras. es el disco con más alto nivel rockero de los Straits, demuestra lo que pudieron ser y nunca fueron.

Sólo tiene siete canciones, para mi seis porque la última nunca la pongo, creo que desentona, es de relleno y apunta a derroteros que nunca me interesaron en ellos.

Empieza a todo trapo con "Tunnel of love". No tienen ningún tipo de vergüenza en hacer una canción de más de ocho minutos y de empezarla con un carrusel que se rompe con un puñetazo en la mesa de guitarras aceleradas y Mark Knopfler cantando descarado. Sólo baja un poco es ritmo para volver a acelerarlo cantando "Rockaway" y lanzarnos una de esas frases bellas que se quedan grabadas para siempre "Girl it looks so pretty to me like it always did, like the spanish city to me when we were kids" .  Se pone a recitar al final para introducir el solo de guitarra y volver a subir la velocidad poco a poco en ese final que todos seguimos con los ojos cerrados y meneando la cabeza de arriba abajo. Quizás, sólo quizás, uno de los mejores solos de Knopffler de la historia. Yo llego al final con lágrimas en los ojos. Les quedó tan bien que quisieron repetirla varias veces con otros títulos en sus siguientes discos.

"Romeo and Juliet" es una de las canciones más completas de ellos. No sé, pero siempre he soñado con una versión cantada por Lou Reed (decidme loco si queréis) apostillando con sorna eso de "you know the movie song". Sin dejar la linea rockera, conteniendo la fuerza con una guitarra acústica, el ritmo se desboca solo un poco con los redobles de batería. Simplemente: ¡Suprema!. "You and me babe. How about it?".

La  última canción de esta cara (porque solo hay tres) es de traca, durante mucho tiempo fue mi favorita porque es de las que menos repercusión ha tenido de este disco. En "Skateaway" sale a relucir un "toreador" y como tal sacan una muleta y se ponen a pegar pases naturales con la izquierda y te mueres de emoción y de belleza mientras van pasando cerca de los muslos del cantante todos los instrumentos en consonancia perfecta (especial mención a los teclados de Bittan y la batería de Pick Withers, en el impresionante estribillo) y él queda milagrosamente ileso para recitar mientras sale por la puerta grande: "Slippin and a slidin skateaway that's all".

La segunda cara tiene también tres canciones (la cuarta no me interesa). Las tres vuelven a ser de calidad y tamaño heroicos.

El inicio de "Expresso love" te pega a la pared con los pelos de punta. Suena la guitarra preparando a la banda, y el cantante escupe "One, two, one two three four" y se le une el piano para el primer verso y explota con la batería. Las guitarras suenan como disparos en un duelo de película del oeste. Te quedas ahí inmóvil, evitando las balas hasta que viene el solo de guitarra que te vuelve loco y te pones a chillar hasta el final de la canción "Thank you very much. Hey maestro expresso is this another one just like the other one".


"Hand in hand" se inicia suavemente para dar una tregua, dejarte respirar un poco después de la anterior. el disco está pensado perfectamente para ser escuchado todo seguido. El orden es importante. Nuevamente Roy Bittan se luce, llega la guitarra con la lluvia y el vino. Luego viene el estribillo muy en la linea de JJ Cale. Aquí es cuando por primera vez fui consciente del giro hacia un sonido más americano de los Straits.


La última del disco es "Solid rock" una canción con un título claramente demostrativo. No ha lugar a sofisticaciones ni a mucha poesía, un rock clásico de guitarra y piano. Desbordante en ritmo de principio a fin.
Ahora, al acabar de oírlo de nuevo, mientras suena "Les Boys", entiendo que no pudiera comprar ninguno disco más de ellos.