lunes, 25 de febrero de 2013

Richard Thompson. Padre, hijo y espíritu santo




En los viejos tiempos, por casa corrió un disco de Fairport Convention (Unhalfbricking), creo que nos lo dejaron. O puede que lo tenga mi hermano. Y no recuerdo que Richard Thompson tuviera mayor relevancia. Pero con los años ha ido apropiándose de un espacio de mi tiempo. ¿Y cómo no? Ahora mi hermano ha colgado una preciosa canción en su feisbuc. Y a mí me tocaba nuevo capítulo del blog, y... ¿por qué no? A por él.

A partir de 1988 empecé a escuchar a Richard Thompson más a menudo. Me aficioné salvajemente a la época de folk-rock americano de la ilustre banda inglesa: Fairport Convention; en solitario también lo escuché (con resultados ambiguos), y me emocionaba en los discos de Nick Drake, y en sus colaboraciones con Danny Thompson (el contrabajo de Pentangle), y en el primero de Sandy Denny, ¡y en los discos de French, Frith, Kaiser and Thompson! (impagables). Es raro. Este hombre no hace pop que hechice a la primera; no me ha acabado nunca de gustar del todo su voz (bueno, nunca..., ahora me resulta irrenunciable, en sus discos). Pero tiene ciertas canciones que llegan tan hondo, toca la guitarra con tal ritmo y convicción... que no he podido renunciar a seguirlo. Me ha costado tiempo y dinero, pero ha valido la pena.

Tiene el encanto del folk, la amargura del rock, la aventura del mástil de la guitarra. Y cuando entra, entra de verdad. ¿Alguien ha comido lamprea seca y asada? Pues eso. Ahora bien, no sé qué disco puede recomendarse. Un doble recopilatorio llamado (guitar, vocal) (de 1976), creo que fue el que me derribó definitivamente. Recomiendo fervientemente también su Shoot out the lights (de 1982), y el Invisible Means (1990) de French, Frith, Kaiser and Thompson (esto..., gente de Captain Beefhart, de Henry Cow, improvisadores natos). Y ahora mismo estoy muy emocionado con un dvd del Austin City Limits en formato de trío y con su disco de 2010, Dream Attic.

Si no lo conoces: Atención: Esta recomendación es altamente peligrosa, puede que no entiendas nada, puede que te falte hacer gimnasia o meditación para captar su magia, o puede que te deje seriamente preocupado por cómo vas a hacerte con sus discos. Aquí va una selección aleatoria.

Autopsy (Fairport Convention)
 The Calvary Cross
 
 Shoot out the lights
 
 1952 Vincent Black Lightning
 Killing Jar (F, F, K and T)
 

sábado, 16 de febrero de 2013

The Smithereens. Tras un muro de sueño.

Éste, amigos, es un disco por todo lo alto de un grupo por todo lo alto. The Smithereens llegaron a nuestro país allá por 1986 con su trabajo envuelto en un lazo "especialmente para ti". Doce canciones en las que nos demuestran que son capaces de moverse con fluidez entre la fuerza rockera, la energía popera y la balada desesperada. Una grabación con productor (Don Dixon) y colaboraciones de lujo (Suzanne Vega).

Tengo en la cabeza la idea de que es uno de esos grupos de más allá del Atlántico a los que se ha seguido con más devoción en Europa (y por supuesto en España) que en los USA. Aquí se les recibió de maravilla en su primera gira, que paró por Barcelona en el antiguo Zeleste de la calle Argentería (entonces llamada Platería). Esa antigua mercería transformada en templo del rock donde iban a parar entonces los mejores. Allá estuvimos nosotros en primera fila compartiendo sudores, saltos y humaredas varias con los músicos que estaban tan cercanos al público que te pedían cerveza, tabaco y otros estupefacientes sin ningún recato.

El sonido del grupo es extraordinariamente clásico, pero tiene la personalidad que sólo unos pocos pueden imprimir a su música para que luego cuando oyes a otros pienses aquello de: "me recuerdan a los Smithereens". 

El disco empieza con una auténtica simple presentación, "Strangers when we meet". Una dosis en vena de lo que hoy llamaríamos "power pop". Guitarras aceleradas, redobles de batería, voz solista y ¡esos coros! (Ahhhhh!!!! Lalalala!!!!) . Éramos desconocidos cuando nos encontramos... ¡pero ya no!

Ahora la armónica llama la atención para que les escuchemos después de la presentación. Tienen algo que decirte nena. "Listen to me girl"... Si esta canción fuera de algún autor consagrado hubiera sido un clásico. Ahora con los años lo es.

No dan tregua con "Groovy Tuesday", las cartas están sobre la mesa, las guitarras suenan decididas, bajan y suben la intensidad cuando les conviene. La típica canción para gritar y acompañar en los coros finales con el puño en alto.

Y ahora nos sorprenden con un acordeón, guitarra acústica y la voz en primer plano, los voltios quedan aparcados de momento para fumarse un cigarro.

Vuelven al pop de las guitarras afiladas en "I don't want to lose you" en la que la voz de DiNizio se luce en la pronunciación de las "us" y los coros ululantes preceden a los diálogos entre guitarras.

Siguen intensamente con "Time and time again" con un sonido muy sesentero y la guitarra mucho más rockera en algunas fases. Pegadiza a más no poder. No le hemos dado la vuelta al disco y ya llevan seis posibles singles directos a la lista de éxitos.

Le damos la vuelta y parece que la cosa va a seguir igual. "Behind the wall of sleep" es una de las mejores del disco otra de esas canciones en la que la palabra más repetida es "she". Así que ya sabes de que habla. La típica que coreamos los tíos y ellas escuchan embobadas pensando que va por ellas eso de: "Now I lie in bed and think of her. Sometimes I even weep, Then I dream of her behind the wall of sleep."

Y ahora van a imprimir huella en las avenidas de la música moderna de finales del siglo XX. "In a lonely place" es una balada con arreglos excelsos. Vibráfono (tengo debilidad por ese instrumento), guitarra acústica y voz en primer plano, voz femenina (Suzanne Vega) de fondo (siempre hay una amiga para sostenernos la mano en el peor momento), la batería acariciada suavemente y... ahí queda eso.

"Blood and roses" sonó en varias películas y es una de sus canciones más conocidas. La introducción con el bajo es inconfundible. DiNizio canta con absoluto desprecio aquí, pronunciando bien fuerte las "o". Creo que ya ha superado la decepción y ha salido del lugar solitario al que cantaba en su anterior tema. Una más para la historia.

"Crazy Mixed-Up Kid" es la única que no está compuesta por el grupo, queda enmascarada (como todo el final del disco) por las maravillas anteriores. Escuchada de forma aislada suena como un exitazo de los sesenta.

"Hand of glory" Energía a raudales antes de acabar.

"Alone at midnight" El músico, el artista, al final siempre se queda solo en la noche, para componer, para pensar, para beber. Excelente final con las guitarras no queriéndose marchar.

Igual suenan sencillos, a mí me suenan sinceros y emotivos. Más de un grupo actual los debe haber oído (y copiado su sonido). Kurt Cobain reconocía en su diario que éste era uno de sus álbumes preferidos. ¡No tenía mal gusto el rapaz!















martes, 5 de febrero de 2013

The Soft Machine. Volume Two (Válium, tú)




Como tengo la gripe, y un poco de fiebre, es un buen momento para escribir sobre La máquina blanda. ¿Eso resuelve el problema de la ingestión de drogas? No del todo, porque no resuelve mi indecisión entre el primer disco y el segundo (los cuales siempre he conocido y escuchado en formato doble, los dos juntos). Si me tomara un válium, uno, me quedaría corto; si me tomara los dos váliums, me pasaría un poco; así que, sea como sea, vamos con el válium, tú, que parece que me pierdo.

Iluminaciones I. Imprescindible muestra del Volumen Uno (en directo):
La gira americana con Jimi Hendrix Experience (1968) acabó con The Soft Machine, no exactamente porque Kevin Ayers se fuera del grupo (que también, supongo). El caso es que el Volumen Dos se grabó con Hugh Hopper al bajo y más bien sólo porque la compañía discográfica se lo exigía por contrato. Es un disco de transición hacia la nada, y sin embargo es el equilibrio perfecto entre un grupo de pop psicodélico (con derivaciones instrumentales) y un grupo de jazz a piñón (es decir, entre un grupo genuino del swingin london y un grupo a imitación de John Coltrane).

Ahora, además, me apena enterarme de las miserias de las relaciones humanas: Wyatt y Ratledge no se entendían; el grupo estaba roto en lo que importa más (el corazón) y sólo siguió porque lo decía el contrato, y luego... los conciertos y la promoción llevan a una inercia de la que a veces es difícil salirse. Third muestra a un grupo dislocado (sería su White Album; cada uno a lo suyo y una cara para cada uno y si lo toco todo yo... pues así no molestas).

En todo caso, percibo un mensaje muy claro en el devenir del grupo. Los demás no querían que Robert Wyatt cantara. Su deseo era internarse en el jazz instrumental (y a lo mejor también alejarse del carácter psicodélico-patafísico del baterista). Me parece que Third mostrará en «Moon in June» que Wyatt continuaba con la idea del collage como composición cubista; en cambio, el resto hacía largas composiciones de desarrollo armónico (es una idea que se me ocurre, no he analizado musicalmente el asunto). Eso es lo que da la clave del Volume Two, de su excelencia, de su rareza. Es un disco de canciones microscópicas que se empeñan en conectar entre sí, unidas como una sola canción, y hasta cuando cambia por completo el groove e incluso la clave armónica, parece que empasta a la perfección (estoy pensando en el comienzo de "Dada was here" y el de "Pataphysical Introduction part II"). Es una máquina a todo vapor, pero con pegada blanda. Un perfecto ejemplo para la ciencia de las soluciones imaginarias: equilibrio entre arte pop y arte culto. Emocionante.

El secreto es la melodía y la voz de Wyatt. Se produce una extraña sensación de celebración bacanal, de alegre humor exento de mala intención. La influencia de Robert Wyatt era tan fuerte que incluso la segunda cara, centrada en composiciones de Ratledge, se tiñe de sus arreglos vocales. Pero todo eso se perdería en el tiempo, como lágrimas en la lluvia (como diría el Nexus 6). Jamás, ni siquiera con la segunda Máquina Blanda (Matching Mole, machine molle), se recuperaría ese equilibrio entre solos progresivos y canciones. Luego vino la defenestración, la silla de ruedas y el cambio de tono por completo: un artista sublime, pero con una seriedad, un compromiso y una tristeza que no me producen las mismas ganas de silbar (ojo, artista sublime, sólo que renegado de aquella efervescencia psicodélica , no me extraña).

Lista de reproducción disco entero: En directo:
 Iluminaciones II. Para quien desee escuchar unos minutos de la música más hermosa jamás hecha (Robert Wyatt):

sábado, 2 de febrero de 2013

Trouble in mind. Bienvenidos a la ciudad de la lluvia

Hay épocas de crisis en la vida. Momentos en los que parece que salgas de una puerta giratoria a toda velocidad y al salir a la calle estás tan mareado que te tambaleas y dudas sobre que camino tomar. A muchos hombres nos pasaba eso tras el Servicio Militar. Tras ser abducidos por fuerzas extraterrestres durante aproximadamente un año, nos devolvían al mundo real y resultaba extraordinariamente difícil orientarse y encaminar correctamente los pasos vitales y sentimentales.

En esa época y por culpa de mi hermano, tropecé con "Trouble in mind" de Alan Rudolph. Una película que ví en versión original en el Teatre Capsa. Un centro progre, de cine, teatro, sala de conciertos y reuniones, situado en Aragón esquina con Via Laietana. Ahora ya no existe, fue engullido por la especulación inmobiliaria, diría que allí ahora se ubica una residencia de ancianos.

La película tiene "algo" que emociona, que deja huella indeleble sin necesidad de contar algo más que una simple historia de personas que se encuentran e intercambian sueños, anhelos e ilusiones en medio de una ciudad gris, lluviosa, proclive a la violencia y al totalitarismo ("This is Rain City. Join the Army").
La banda sonora es importante, de empaque. Lleva la batuta de forma magistral el trompetista Mark Isham, acompañado por Pee Wee Ellis entre otros, en una de sus primeras composiciones fílmicas. (Luego se hizo habitual en ellas, por ejemplo en "Crash"). Entre medio de los instrumentales surgen varias "perlas" de la voz de Marianne Faithfull, una mujer que renació de sus propias cenizas para ofrecernos en 1979 un disco inolvidable, "Broken English"... Bueno... La verdad es que varios discos inolvidables, porque de éste y de sus sucesores salen permanentemente algunas flores cuyo perfume, de forma recurrente, quieres volver a oler. Por ejemplo la versión de "Working class hero" de Lennon o "Running for our lives".
La canción que da título a la película es un clásico de los años veinte del siglo pasado que tras rondar por múltiples voces (¡Que bueno es tener que informarse para escribir! He descubierto entre otros a Sam Cooke, Jeff Beck, Janis Joplin, Nina Simone, Aretha Franklin, Hank Williams Jr., Hot Tuna, Johnny Cash y Jerry Lee Lewis acompañado de Eric Clapton) encontró la de la ex de Mick Jagger que le viene perfecta a su temática sentimental y cinematográfica.

"Trouble in mind, I'm blue
But I won't be blue always,
'Cause the sun's gonna shine
In my backdoor some day."


Las escenas finales de la película (ver el video adjunto) con algunas frases magistrales (La de Genenieve Bujod sobre el amanecer, por ejemplo), se acompañan de "The Hawk", una antigua y hasta entonces desapercibida composición del gran (inmenso, magnífico) Kris Kristofferson  (¡Menuda voz que tiene como cantante y como actor! Inolvidable  su rotundo "Hello Billy" en la fallida  "La puerta del cielo" de Michael Cimino. Ya sé que sale en otras más antiguas, pero ésta es la primera en la que le oí hablando en versión original) que con arreglos de Isham y voz femenina cobra vida propia en un coche descapotable que huye de la lluvia pertinaz hacia un sol que, al fin, vence a las nubes, recordándonos que, pese a todo, siempre queda una pequeña esperanza de un futuro mejor.
El disco, con la banda sonora, diría que me lo grabó en cassette mi hermano y, especialmente esta canción, sonó mucho en mi coche volviendo solo de madrugada a casa. Lo estuve buscando años en vinilo o CD. En todas las tiendas de discos en las que entraba, siempre revisaba el apartado de bandas sonoras. No había manera. Hasta que un día, como por casualidad en 1996, saltó a mis manos en el Megastore Virgin de Paseo de Gracia/Gran Vía. Otra tienda que ha desaparecido de su ubicación para ser sustituida por una de ropa.

A veces vale la pena esperar mucho tiempo para conseguir y disfrutar de lo que deseas.

Vuelvo a poner la canción completa porque en el anterior video queda cortada y... vale la pena oírla al completo.

jueves, 24 de enero de 2013

XTC. Éxtasis, naranjas y limones




Creo que la primera vez que escuché a los XTC fue en casa de mi amigo Víctor. No sé en qué momento, alguien me dejó en cassette The Big Express (¿o lo compramos?); por entonces nos hicimos con el Skylarking (sería 1986), producido por Todd Rundgren. Y en algún bar de modernos ponían el vídeo de su primer single: «This is pop». Ecstisi era un grupo lleno de interés en los 80. Habían empezado con la fuerza motriz del (punk)pop alucinado. Luego dejaron de hacer conciertos. Publicaban discos generosos (ahora mismo se me ocurren tres dobles). Y sonaban cada vez más a unos Beatles completamente puestos al día, con arpegios de guitarra multiplicados, con armonías vocales dignas de la psicodelia más luminosa. Pero no se dejaban atrapar fácilmente. Sí, desde luego, esto es pop, pero no para oídos poco atentos. Y, además, si alguien me recuerda en algún momento a Robert Wyatt... Etc.

Hacia 1989 empecé a disponer de dinero para comprar mis propios discos. Y cayó un doble vinilo: Oranges and Lemons. A partir de entonces los XTC se convirtieron en un grupo necesario para mi tocadiscos: no para cualquier momento, no para poner fácilmente de banda sonora, pero tampoco para dejar de disfrutar de la simple melodía.



¿Un disco doble? ¿Canción a canción? No. Vamos a resumirlo, de la misma forma que voy a pegar una lista de reproducción en un sólo vídeo (es decir, en el mismo vídeo se supone que, cuando acabe la primera canción, automáticamente se reproducirá la segunda y así hasta quince canciones). Espero que funcione.

Con este disco fue una de las primeras veces que intenté leer las letras en inglés y entender algo. No lo conseguí por completo, pero creo que vi gran variedad de temas, un humor muy sano, y la ratificación de que eran tan buenos que me importaba un pepino lo que dijeran. Si escucháis la tercera: «King for a day» y no os lleva al paraíso únicamente por ella misma y porque os permite ser Rey por un día, entonces el mundo está perdido. En cuanto a la segunda: «The mayor of Simpleton»: ¿os habéis fijado en el riff arpegiado de guitarra y el mazazo de caja que la conducen sin descanso? Y eso para hablar en primera persona del alcalde de los tontos...: Chica, seré muy tonto, el alcalde de los tontos, pero te voy a decir lo único que sé: Te quiero. Sí, señor, así se hace. Si algún grupo dice otra vez I love you, sin más, lo mandaremos a paseo (obligada regla number one), pero si es capaz de construir una declaración llena de ironía..., entonces es otra cosa. Bueno, de hecho, si escucháis «The loving», ya se nota el cachondeo en toda su amplitud, con ovaciones y todo.

Ojo, hay canciones de varios palos, y a veces, con la boca pequeña lo digo, a veces se ponen un poco plastas. Pero merece la pena la paciencia, no sólo para encontrar otra joya, sino para profundizar en las canciones más esquivas y que a veces nos devuelven un placer mayor.

A ver..., por si alguien quiere una cata antes de embarcarse en la lista de reproducción: Y la lista de reproducción del disco. Que aproveche.

viernes, 18 de enero de 2013

The Pale Fountains. Lo tuvieron en la palma de la mano

Andaba rebuscando el "Two fisted tales" de "The Long Ryders",  ese interesante grupo americano con reminiscencias de "The Byrds" que desapareció al poco de conocerlo, en 1987, después de dejarnos para el recuerdo ese puñado de buenas canciones sobre el que otro día escribiré. Os dejo esta muestra para que la disfrutéis.

Avanzando desde ese punto de la "L" que le correspondía, llegué a la "P" de "postergados" y allí apareció,  junto con varios discos de otros dos grupos con los que también rellené varias cintas de cassette de los amigos en los ochenta del "siglo pasado": "The Jazz Butcher Conspiracy" y "The Pale Fountains".

Entre esos discos estaba "Palm of my hand" de los de las "fuentes pálidas". Un "maxi" que hoy sería calificado como "EP", una demostración más de que a veces cambiando un apelativo convertimos algo antiguo en moderno y le ponemos el falso envoltorio del progreso. Esto pasa mucho en el mundo de la música, inventando etiquetas parece que emergen estilos nuevos y sólo es un simple barniz que da brillos a los viejos para los ojos nuevos.

¿Cómo serían calificados hoy en día los "Pale Fountains"? Llevo rato pensando en un rótulo atractivo para ellos pero no lo encuentro. Igual por eso han quedado perdidos en el recuerdo, aunque "todo lo que tiene nombre existe o ha existido" (frase bonita que no tengo ni idea de dónde he sacado pero estoy seguro de que no es mía) y ellos existieron y lo intentaron con unas cuantas buenas canciones en las que sonaban trompetas, arreglos de cuerda y algunos guitarrazos de los buenos.

La canción que da título al disco tenía los ingredientes precisos (en mi opinión) para triunfar pero se quedó, no llegó. Seguramente lo rozaron con los pulpejos, pero sus dos discos largos no vendieron suficiente (yo los tengo) y fueron engullidos, se disolvieron y sólo regresaron para un nostágico reencuentro.

Esta canción, pese a lo que se dice en alguna nota en internet no está en el disco "Pacific street" (por lo menos en su versión original publicada en España), y aparece por partida doble, la segunda en una versión instrumental digna de alguna orquesta de los sesenta... Igual por eso le dieron las espaldas los modernos de la época.
El disco lo completa "Love's a beautiful place" otra sugestiva canción que corrobora que estos británicos podrían haber dado más de sí, si les hubieran dejado.

"There must be times
When a man has to sit and pray
There must be love
When he thinks to himself all he needs is just one
Extra day in a week
Is there something for me to realise?
There must be love at the end of the day when he sighs

Had it in the palm of my hand
When I think to myself how I lie
Had it in the palm of my hand
Seems there's always some kind of surprise when I think about
Days in a week
Is there something for me to realise?
Had it in the palm of my hand"

Rememorando esos años me ha venido a la mente (debe estar justo al lado en el mismo cajón de la memoria) esta canción de "The Lotus Eaters" que confirma eso de que "todo lo fugaz es bello". Nunca la tuve en disco, nunca fue mía, pero no la podré olvidar. Ésta si tuvo algo de éxito pero de poco les sirvió a ellos para perdurar.

Saludos.
  

domingo, 13 de enero de 2013

The Blue Nile: Aguas tranquilas, torrente subterráneo. ¡Sombreros, por favor!




No ha podido ser Rickie Lee Jones. Tampoco es que sea tan importante que todas las canciones de un disco estén ilustradas por vídeos, pero The Sermon on the exposition Boulevard, una obra maestra como la copa de un pino (una obra de arte que trasciende la mera forma de un disco), merecía mucho más (y eso que Rickie tiene varias obras maestras). En fin, no es grave, porque nos vamos de un salto a un grupo del que es fan la mencionada artista.

Rickie Lee Jones: «Flying Cowboys» (acompañada por The Blue Nile)
The Blue Nile surgieron en 1983 con un minielepé..., o un elepé cortito (media hora): A Walk across the Rooftops, y en aquel entonces parecían hacer pop electrónico de vanguardia. Pero había un par de canciones muy románticas y muy..., en fin, que tenían posibilidades comerciales. Lo importante es que mostraban muy buen gusto, un sonido no sólo profesional sino distintivo y algunas melodías memorables. Pero no se dieron prisa en continuar su camino, o no pudieron por diferentes desgracias. El caso es que hasta 1989 no salió Hats, su segundo disco (y quizá su obra más importante; no mucho más larga, no llega a 40 minutos). Seis años son muchos años para un grupo. Preguntémonos: ¿Por qué estábamos aún esperando con las manos juntas que hicieran otro disco? ¿Por qué ocho años más tarde, en 1997, en la Plaça del Rei de Barcelona, todos los que esperábamos a Belle and Sebastian escuchamos por los altavoces este disco enterito, sin quejas, casi como si ya hubiera empezado el concierto, casi como si nos proveyeran de un mantra antes de entrar a misa? ¿Sólo porque eran escoceses?

 Hats es una especie de milagro pop. ¿Qué debe ser eso del pop? Algo así como rock descafeinado, limado y endulzado, ¿no? ¿Cómo es posible no cansarse de algo así? The Blue Nile no pueden ser otra cosa sino pop, y sin embargo..., sin embargo merecen un altar.

«Over the Hillside.» La noche entra en el aura de la lámpara de la sala de estar. Todo el sonido parece estar cubierto por una tela de seda (lo siento, pero los talibanes del sonido «vintage» tendrán que abstenerse), menos la percusión, que aún recuerda el sonido industrial. Los violines y las trompetas acarician y rompen la monotonía. La voz va quejándose dulcemente en un lentísimo crescendo que pone la piel de gallina. Ya está creado el ambiente para todo el disco. El hechizo.
«The downtown lights.» Aumenta ligeramente el ritmo. Caminamos al trote para disfrutar de la noche en la ciudad. Los escaparates están encendidos y no tardarán en salir las putas. Pero las calles están vacías. La soledad romántica de un hombre frente al acantilado es sustituida por el hombre en medio de una multitud que no ha comparecido. Un sueño urbano rodeado de recuerdos sentimentales.
«Let's go out tonight.» El lamento. Baby, baby, estoy muy triste, salgamos esta noche. Ecos y distancias. Definitivamente, las melodías de este disco son muy buenas, muy naturales. Y la voz de Buchanan les queda que ni pintada (dios, cómo sufre el tío, espero que se anime después de los conciertos). Y hala, ya está, la primera cara se ha acabado. ¿Ya? Sí, no son muy plastas estos chicos, te dan la dosis y punto.
«Headlights on the parade.» Qué sonido. Qué lujo. Qué pianos. Una de las características de este grupo: ¿qué es melodía y qué es ritmo? A veces, me encuentro esperando un fraseo, un simple acorde, de un instrumento cualquiera que pueda puntuar el discurso poniendo comas, dos puntos, paréntesis y final. La melodía de la voz es el discurso.
«From a late night train.» Es la más lenta (¡¡¡¡¡¿más????!!!!), la que se dirige directamente al corazón sin pasar por los pies. Si fuera jazz, la gente pondría los ojos en blanco. Se acerca a algo así como un toque místico.
«Seven A. M.» Dónde está el amor. Eso nos preguntamos. Sí, nos preguntamos. ¿En casita, con tu mujercita?
«Saturday night.» Gran final. De la nada surge el sonido, el ruido ambiente, y el cristal de la guitarra con los pianos eléctricos. ¿A quién amas? Es la hora de hacerse las confidencias definitivas: Te quiero. La grandeza de una chica normal, de un amor delicado, sin alharacas, con una boca pequeña que diga las palabras justas al oído. Yeah.
La formación musical lo dice todo. Música pop de salón para mentes abiertas que no desprecien más acá de la comprobación. Robert Bell - Bass, Synthesizer; Paul Buchanan - Vocals, Guitar, Synthesizer; Paul Joseph Moore - Keyboards, Synthesizer. Pero desde mi punto de vista, jamás el pop sintético ha sido más cálido. Y si Rickie Lee Jones los admira, ¿quién soy yo para no caer igualmente rendido a sus pies? A veces hay que ponerse romántico, amigos; si no, ¿de qué coño estamos hablando?