domingo, 29 de enero de 2012

Van Morrison. “No Guru, No Method, No Teacher”. Mirando al jardín del Edén.


Arranca el disco y dice “¡Oh, yeah!” y ya te ha ganado para su causa, empieza a desgranar su historia lentamente casi hablando, con cierta pereza, con unos coros de fondo, y los instrumentos de viento (un oboe) que casi parecen más potentes que su voz, pero suelta “¡Aleluya!” y notas que está conteniendo su fuerza, que todavía no es la hora de liberarla. Y después de la primera canción empiezan los escalofríos, te sube la fiebre en la segunda y cuando empieza la tercera y comienza a emplearse a fondo, la voz ya caliente, como si fuera en directo, constatas que en realidad está rezando, que recita una misa dedicada a un dios invisible, arcano, que es el suyo y es el mío y tuyo y que cuando acabe el disco será el nuestro. 


 
Esa tercera canción en la que los metales se intercalan con la voz soltando verdades como templos (“And if you get it right this time, You don't have to come back again, And if you get it right this time, There's no need to explain”), abriendo caminos entre casas encaladas, de techos bajos y rojos preludia a la “Ciudad llamada paraíso” con todo el grupo sonando afinadísimo como fondo de unos bellos arreglos de cuerda mientras miras maravillado las calles y te inunda el gozo demostrado por la entrada potente de los metales y... Van baja el ritmo y recita otra vez contenido señalándote cada uno de los edificios de esa plaza del Edén al que acabas de llegar. Los músicos aceleran lenta pero incesantemente y él cada vez se esfuerza más para no chillar de alegría, ya lo hacen los coros en la parte central de la misa.



El piano anuncia el inicio del éxtasis, tintinea alegre en la introducción y “el Hombre” recita de nuevo un pasaje de ese libro sagrado que se abre al penetrar el templo y te advierte, te da admoniciones y consejos y... dice “All right” y sube el tono y ahora notas ese picor típico en las fosas nasales que anuncia que estás a punto de llorar sin motivo, de emoción, incluso de alegría, que sólo falta una pequeña vuelta de tuerca para hacerlo y él baja el tono para que te temples, para que decidas si abandonarte, si el sentimiento vale la pena, para que mires a los lados y te asegures que no hay nadie. Mientras, suben los teclados y él cada vez lo dice más fuerte y te rompe, te rompe, te quiebra, abre un profundo desfiladero en tu pecho. “All right”, para otra vez y lo dice más lento pero más seguro y serio al final.... ya sabes que no ha acabado la canción, que la han dejado a medias exprofeso, que la tendrás que oír o ver en directo (Yo lo hice) para saber porqué y qué has sentido. Pero el mensaje ha quedado clarísimo: "No Guru, no method, no teacher.  Just you and I and nature and the Father in the garden"


Dudas seriamente si dar la vuelta al disco, parece que haya acabado la eucaristía, yo lo he hecho obligado por tener que escribir sobre ello, pero reconozco que vale mucho la pena. Lo abre otra canción de voz contenida y orquestación elegantemente clásica, violines y flautas, mientras te habla de “Tir Na Nog”, un lugar remoto, la tierra de la eterna juventud, el equivalente irlandés del mítico Shangri-La. Las canciones toman un rumbo diferente a partir de aquí, quizás algo menos místico. Pero cuando en “Here comes the Knight” canta “Baby, baby, baby” antes del estribillo ya te convence de que “This love will surely last forever”.  Si ese momento te pilla mirando a unos ojos almendrados seguro que creerás que es la más bella del mundo y que ese sentimiento que, de momento, sólo asoma por las esquinas podría ser de verdad para siempre... Es lo que tiene Van, te lo crees hasta cuando miente. En algún sitio he leído que esta canción es un homenaje a WB Yeats  (poeta favorito del cantante) e incluso cita su epitafio que yo en la letra no encuentro. “Dirige una fría mirada  a la vida, a la muerte.  ¡Jinete, sigue!”

 
  
La siguiente es otra de las grandes del disco “Thanks for the information” aquí se emplea ya sin ningún tipo de retención, te devuelve el gozo por la vida, te hace feliz por los pocos minutos que dura. Parece que el fin de la ceremonia inicia el de la celebración. El final con la trompeta y saxo es simplemente definitivo.

“And it's wonderful and it's marvelous
How we can ever make it through
Sometimes I wonder how we can ever
Make it from day to day”


El disco podría acabar aquí pero todavía guarda dos piezas extraordinarias. “One Irish Rover” y la muy conocida “Ivory tower”, ideal para cerrar el disco con un tono optimista en los ritmos. En realidad te pide que bajes de tu torre de marfil para verle de verdad, para confirmar que es uno más que sufre. Te deja claro que eres tú el que mira desde arriba y que si te pones a su altura te darás cuenta de que sólo es uno más pero con una voz increíble.

“Don't you know the price that I have to pay
Just to do everything I have to do
Do you think that there's nothing to it
You should try it sometime”

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