jueves, 31 de julio de 2014

Crowded House - Máscara de madera oceánica


El otro día alguien me espetó: "¡Dí una obra maestra de la música pop!" y sin dudar me salió de forma espontánea el "Woodface" de "Crowded House". "Un disco que tranquilamente podrían haber firmado los Beatles en los noventa". Y es que los hermanos Finn manufacturaron un extraordinario puñado de canciones. Una de esas obras que se van conociendo poco a poco, que van creciendo con el tiempo y las escuchas, que nunca se agotan y puedes volver cuando quieras a ellas como referencia.

Estos músicos neozelandeses no eran unos novatos. Encabezaban la nueva ola de música kiwi a finales de los setenta con "Split Enz" y a finales de los ochenta se hicieron presentes con un par de preciosos discos que pasaron casi desapercibidos en nuestro país hasta que se hicieron notar con esta grabación.

Yo los conocía sin conocerlos. Había oído muchas veces en la radio su éxito "Don't dream it's over" y durante tiempo la atribuí al primer disco de "The Dream Academy". Uno de esos cruces estilísticos que a veces se instalan en la mente de uno y son difíciles de deshacer.

El vinilo lo compré sin haber oído nada ni tener ningún disco previo (creo que ni salieron en España). Me gustó la portada y la crítica que hicieron de él en la revista "Rockdelux" que en aquella época compraba de forma asidua. Entonces no había internet y era difícil informarse más allá del boca a boca o con alguna revista de confianza. Tras la primera escucha pasó a ocupar un sitio destacado en mi discografía como obra antológica, como ejemplo para desasnar y evangelizar a los no iniciados. Lo grabé en un cassette y lo llevaba a todos lados en el coche y en el "walkman". No paraba de ponerlo. Todavía hoy lo hago de vez en cuando.

Es un disco absolutamente compacto, sin ningún tema de relleno, todos ellos envueltos en celofán y con sello de lacre, con marca de agua estilística indeleble. Después de este disco, nadie podrá (como yo) volver a confundirlos con otros. Las armonías vocales y musicales son simplemente celestiales. La comunión entre los dos hermanos Finn que se produce en este álbum es irreproducible. Tim actúa como catalizador de Neil y la reacción química producida es un auténtico Krakatoa musical estallando desde la lejana Oceanía.

Os dejo un buen puñado de canciones que no precisan comentario alguno. Se defienden por si solas. Aire fresco para estas calurosas tardes veraniegas. Para rellenar ese hueco temporal que empieza mañana, porque los años (para la gente como yo) no acaban en Diciembre sino en Julio y no empiezan en Enero sino en Septiembre. Agosto no existe, es sólo un sueño, pero a veces... ¡menudo sueño! Como este disco.

"Chocolate Cake"
"It's only natural"
"Fall at your feet"
"Weather with you". Atención a esta versión en directo.
"Whispers and moans"
"Four seasons in one day"
"There goes God"
"As sure as I am"
"She goes on"
"How will you go"



domingo, 20 de julio de 2014

Lou Reed. Podría ser Nueva York.




No. No puedo escribir un artículo sobre ese disco y no sentir que me dejo mil cosas. Excepto por la hemorragia juvenil de Rock and roll animal, no me dejo convencer; no puedo identificarle sólo con un disco. Por eso traigo aquí a colación una lista de «esas que me gustan a mí», pero que no son las canciones más conocidas del «nyc man». 

Al menos tendrá, eso sí, una de las mejores canciones del disco de 1989 (que pudimos escuchar enterito en directo en el Velódromo de Horta). De aquel concierto no me acuerdo absolutamente de nada. Era feliz. 

«Make up.» De Transformer. Me gana el inicio elegantísimo del bajo. Cuánta delicadeza en las guitarras. Y entonces te percatas de que el trombón y las letra sobre maquillaje le meten un humor zumbón que te parte. A mí me gana el corazón cuando dice «yeah, we're coming out», y lo repite, y lo repite, y la guitarra y el trombón crean un ritmo que tiene toda la nostalgia del mundo (y eso que, vamos, hasta hace poco, yo, ni enterarme de que se trataba de salir del armario).
   
«A gift.» De Coney Island Baby. Es que a mí me gusta mucho ese susurrador de imágenes. Y qué grandes guitarristas escogía siempre el muy cabrón. Esto sí que lo entiendo muy bien. Ojalá pudiera ser un regalo para las mujeres de este mundo. Vocación de don juan que tiene uno.
   
«Baby face.» De Sally can't dance. Esta es peligrosa. Se nota una mala leche importante. Hay un momento en que acojona como si un asesino amenazara con acabar contigo. Y sin embargo, trata de una pelea de pareja. (Uf, de hecho, eso puede acojonar mucho, je, je.)
   
 «You wear it so well.» De Rock & Roll Heart. Qué bien lo llevas. Ese saxo molón. La cadencia que lleva al hipnotismo del título. El piano, que suena un poco a Aladdin Sane. Qué bien lo llevas y qué bien lo escondes. Todo el dolor.

   
 «Think it over.» De Growing up in public. Vale, ¿y si me gustan las nostálgicas y las tristes, qué? Esta es una canción de amor como la copa de un pino. Pero parece que no acaba bien. Es lo que hay.
  «Women.» De Blue Mask. Guitarras hacia el cielo. A mí también me gustan las mujeres. Es un hecho. Esta tiene, además, bastante humor. Se pone hasta cursi. Pero las guitarras hacen que todo sea para bien. No sabéis cuántas veces he sido capaz de repetir esta canción esperando que llegara el éxtasis instrumental.
   
«The last great american whale.» De New York. Canción protesta. Un relato moderno de esos que se saca de la mano el literato discípulo de Delmore Schwartz y de William Borroughs y de... ¿Por qué me gusta tanto una canción que parece tan simple, tan poco cantada, con un fraseo de guitarra aparentemente tan básico? En fin, para mí esto es una obra maestra. El bajo se mete sin que te des cuenta; los tambores vienen desde abajo, del estómago; los efectos de sonido crean el ambiente de una película. 
   
 «What's good.» De Magic and Loss. Pues sí. La vida mola, pero no es justa. ¿Cómo lo va a ser si es una historia que siempre acaba mal? (Faulkner dixit.)
   
 «NYC man.» De Set the twilight reeling. Más claro el agua. Soy un tipo de Nueva York. Tú di: Pírate. Y yo me voy. Un parpadeo y me habré ido. El crescendo final es tan bueno que lo puedo oír una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.
   
 Talking book. Para terminar. Del Perfect Night in London. ¿Puede nuestro amor ser reemplazado por un libro que hable? Pensad, amigos. Las redes sociales, el móvil...
 

The Silencers - Devotos de Buda desde Escocia


Lo que son los aniversarios. Este mes hace 25 años de un par de conciertos memorables en el Velódromo del Valle Hebrón de Barcelona: Lou Reed dentro de la programación del "Grec" y presentando el álbum de su resurrección musical: "New York" (que bien merece una entrada en nuestro blog) y  los Simple Minds en su momento más álgido girando para presentar un doble en directo antológico, precioso de portada, presentación y título ("In the city of lights"). Traían unos teloneros de lujo. Unos escoceses con ganas de fiesta, con tejanos en lugar de "kilts" y un disco con referencias orientales bajo el brazo ("A blues for Buddha).

Es interesante como se deforman los hechos con el paso del tiempo. Buscando el "setlist" de esa noche he encontrado que el concierto fue en el Pabellón del Valle Hebrón. Por un momento he dudado de mi capacidad de memoria, porque parece que cualquier cosa que salga en internet o impresa tiene que ser por fuerza cierta. Y es que para escribir hay que documentarse y tener buena memoria. Por suerte, esta vez yo no estaba equivocado.

Así, documentándome, he descubierto que "The silencers" es el título de una novela en la que se basó la primera película del agente secreto Matt Helm protagonizada por Dean Martin. Este comentario no quiere decir que el nombre del grupo se deba a esa película, habría que preguntárselo a ellos, pero me gustan las coincidencias.

Este es su tercer disco y es el que les comenzó a aproximar a la fama, ésto y el haber teloneado por media Europa a los "Mentes simples", labor desempeñada con eficacia, maestría y haciendo olvidar de entrada que uno ha ido a ver a otro artista... hasta que salen al escenario ¡Claro! Pero es que de este concierto paradójicamente sólo recuerdo a los teloneros, un encuentro casual, dos "cubatas" demasiado cargados que impidieron acudir a una cita frenta a un edificio emblemático y un viaje en moto hasta mi casa.

Igual nada es cierto, igual todo lo he soñado o me he equivocado de local, de concierto y de grupos.

"Answer me" da inicio al repertorio del disco, una curiosa mezcla de folk escocés y pop con tendencia a la épica. La voz tiene una gran presencia, entonada y con personalidad.


"Scottish rain" es un himno ecologista, esa lluvia escocesa que no siempre procede sólo de la naturaleza y de eso se quejan. La larga introducción instrumental produce la sensación de que hayamos cambiado de grupo y de disco hasta que reconocemos la voz y llega el estribillo. Excelente el solo de guitarra y los coros. Se empieza a notar la buena calidad de la producción y la grabación.


"The Real Mc Coy" es una de esas canciones que parece que hagan salir el sol, tiene unos coros contagiosos que dan ganas de salir a gritar al balcón. "Be Do Do, Be Do Do, Be Do Do." Para bailar cogidos por los codos todos los amigos.

"A blues for Buddha" es acústica y dominada por las voces. Bonita y crítica. "The dollar is our king"


"Walk with the night" cierra suavemente la cara A. Una de las mejores del disco. Con cierta tendencia a empinarse como una epopeya en el final para luego bajar lentamente hasta diluirse a lo lejos. Si no te dicen quienes son podrían pasar perfectamente por unos Simple Minds con nuevo cantante.


La cara B da comienzo con "Razor blades of love". En mi opinión la mejor del disco. Resume todas las cualidades de este grupo. Tiene todo: estribillo, ritmo y guitarras. ¿Necesitamos algo más? Si parecía que iban a descafeinarse o dirigirse a territorios plenos de suavidad y terciopelo, demuestran lo contrario.

"Skin game" mantiene la línea de calidad de la anterior. Intentan demostrar que tocan otros terrenos musicales, que no les basta con la periferia y son capaces de acercarse a los medios y nos propinan este "blues" blanco y lleno de sentimiento. "Don't let your deal go down".

"Wayfaring stranger" se mete en la música americana de raíces. Una corta oración en lo más hondo de la ceremonia de los domingos en la iglesia de un pequeño pueblo.

En "Sacred child" vuelven a acelerarse, ahora es ritmo de fiesta, se mantienen en las tierras más allá del charco. Aparece la armónica para demostrar que siguen en la vertiente rural del disco. Se atreven con el castellano y gritan por todo lo alto que "La tierra es nuestra".


"Sand and stars" Es el corto epílogo del vinilo. No hay como tenerlo, porque según el listado de la "red" hay una canción más.

sábado, 5 de julio de 2014

Tom Verlaine. El destrozo del televisor (y II)



Vamos a ser justos desde el primer momento. Verlaine es el artista más clarividente de la pareja en este destrozo del televisor: toca con inteligencia. Y Lloyd es el hombre en que la tortura se traduce en nerviosismo de la guitarra. (No me malinterpreten, por favor.) Y la otra pareja, la eterna base rítmica presta a ser olvidada..., sólo puedo reconocer su solvencia y su labor de refinamiento (cómo se nota la ausencia de Billy Ficca en los discos de Verlaine, por ejemplo, sobre todo a partir del segundo: Dreamtime).

Y en esa justicia entra la decisión del disco: creo que Dreamtime es EL disco de Tom Verlaine, y si no, Flash Light; y sin embargo, desconfío del hecho de que no me acuerdo del título de todas sus canciones. En cambio, el primero y homónimo no les va a la zaga: y me lo sé de memoria. Vamos, que habrá que confiar en las señales.





No me voy a meter con las letras, porque mi inglés es justito; pero la calidad literaria de algunas me parece evidente (estoy pensando en «Kingdom come» y en la maravillosa «Postcard from Waterloo», de Words from de front). Musicalmente, la riqueza en el estilo, en el riesgo del sonido, en la construcción de las partes de guitarra..., pertenecen a Verlaine en este destrozo del televisor. Lloyd es más clásico, más temperamental. Y a mí me gusta el perfil arty de Tom (y me disgusta si lo relaciono con Patti Smith, que me parece una iluminada de pacotilla). Como Tom calla mucho mejor que Patti, lo respeto. Si en vez de hablar con la guitarra y desafinar con la voz, hablara y escribiera (como la Smith) del bien y del mal, ¡o de Dios!, entonces... (Qué diferencia en el discurso de Rickie Lee Jones, que sabe explicarse, que no tiene asomo de fanatismo, que no se las da de mesías.)

El primer disco de Tom Verlaine es en realidad el tercero de Television. Se nota mucho. No se atreve todavía con el salto de Dreamtime. Y eso se disfruta mucho en «Souvenir from a dream», en «Kingdom come», en «Flash lightning», en «Last night», en «Breakin' my heart». En cambio, «The grip of love» es ya una mirada a la síncopa del futuro. Arrancar y parar, arrancar y parar. A Verlaine no le atrapa tanto la melodía como el contrapunto. Y a partir de aquí va a demostrarlo en discos buenísimos, pero que no van a tener gran éxito. ¿Por qué? Porque son difíciles de tararear, desde luego. 

Vamos a ello. Vedlo en «The grip of love». En-tre-cor-ta-da.
Y ahora, por contra, «Souvenir from a dream». Fijaos en la continuidad del fraseo de guitarra. Un tornillo sin fin. Y el piano no se atora; resplandece.
 Y de «Kingdom come» ¿qué se puede decir? Me callo. Escuchad. Una de las mejores canciones del siglo XX. Seguro que David Bowie piensa lo mismo.
 «Mr. Bingo». Por debajo del listón. ¡Pero es que llevábamos tres de aúpa! Verlaine quiere hacer pop. No es su género. ¿Quién quiere escuchar esas guitarras tan geniales en medio de una melodía intrascendente?
«Yonki time». Ahora la soporto, pero siempre me la saltaba.
«Flash lightning». Vuelve a subir el listón hasta la excelencia. Me deja de rodillas, venerando su dramatismo. Ahí sí que demuestra ser «el guardían de la llama».
 
«Red Leaves». Aquí el pop encuentra lugar de manera más natural en el carácter de la música de Verlaine. Es el camino que seguirá en el futuro, quintaesenciado. Ritmo y contrapunto se entrelazan sin piedad hasta que llega el estribillo con su estúpido falsete.
 
«Last night». De nuevo arriba del todo. Balada de escalofrío. El solo de guitarra te toma y te vuela la cabeza.
 
«Breakin' my heart». La mejor Velvet Underground. Los Blue Aeroplanes la hacían en una versión incendiaria. Gran final. A toda máquina.
La conclusión: En casa de cada uno, habría que hacerse un par o tres de recopilatorios de las mejores canciones de los discos en solitario de Tom Verlaine. Tendríamos tres obras maestras asombrosas.

 La conclusión (II): ¿Quién le ha dado vela en este entierro a Jimmy Ripp? Extraordinario guitarrista, lugarteniente de Verlaine. ¿Pero quién le ha dicho que podía sustituir a Richard Lloyd en la televisión sin que el cielo se viniera abajo? Resulta que desde hace unos años giran con esa nueva formación (y por cierto que maldita la gracia que le ha hecho a Lloyd). ¡Lo que hay que hacer para ganarse la vida en este mundo del arte que no le importa a nadie! Vamos, que le perdono.

Aquí los tenéis. ¿Un poquito perezosos, no?

jueves, 3 de julio de 2014

Partido - La ruina es bella

Me cuenta mi hija que el otro día salía en "El hormiguero" un individuo más joven que ella que se ha hecho famoso (y probablemente ha ganado bastante dinero) con una canción que se titula "Mmm, yeah". Creo que no necesitáis muchos más detalles para daros cuenta de que se trata de un inmenso bodrio. Ella (tiene diecinueve años) me contaba que en su opinión la letra era estúpida y se mostraba sorprendida por su éxito.

A mí me pasa lo mismo. No entiendo como un chico como éste se hace famoso, ni porqué tiene la más mínima notoriedad más allá de su casa o su instituto, y lo que es peor, gana y hace ganar dinero por no hacer nada en especial. Andaba pensando yo en ello cuando he escuchado una de las canciones del último disco de los barceloneses "Partido". Otro de esos grupos que se esfuerzan por ser originales, o por lo menos tener un estilo propio (aunque suenen a muchos ya conocidos), pero que trabajan en serio para comunicar algo y que pese a ello no tienen el reconocimiento debido. No insinuo que deban hacerse millonarios (nadie lo merece), pero como mínimo que puedan vivir tranquila y dignamente de su trabajo.

Yo soy fan de este grupo desde su anterior disco: "Leaving all behind", en el que emplean herramientas de calidad musical muy poco habituales en estos días. Creo que ya he hablado previamente sobre su cercanía a los Genesis de la época de Peter Gabriel en su tratamiento de los teclados. Eso simplemente demuestra buen gusto y conocimiento musical, la aceptación de una amalgama amplia de influencias y, por supuesto, intención de no sonar de forma convencional. Una simplicidad que de forma muy frecuente es la "tumba" de algunos músicos actuales.

Porque, estos chicos saben de música, tienen formación en las armonías, han estudiado e intentan hacer las cosas con cordura.

En este nuevo disco dan un paso más allá. Evolucionan, no se conforman con rehacer sus magníficas canciones anteriores. Se dejan llevar por sus gustos sin preocuparse por sus coincidencias con otros o por hacer lo que espera su público de ellos. Hacen un ejercicio artístico porque les viene en gana, simplemente por divertirse y si es posible divertir, por comunicarse entre ellos y sus amigos, y si se apunta alguien más: Bienvenido. Yo me apunto sin dudarlo.

Su concierto de presentación en Junio en Music Hall, tuvo que ser suspendido y, (que me perdonen pero) yo me alegro, porque como estaba fuera no podía ir a verlos. Así que en Septiembre (al Cruilla no creo que pueda ir), allí me tienen, en primera fila y con mi CD comprado en el FNAC para que sea firmado (soy fetichista, ya lo sabéis todos).

Los dos primeros temas del disco son uno sólo, el breve (pero precioso) instrumental "The ruins" es la introducción de "Get into". Probablemente este tema doble es el más descaradamente sinfónico de todo el disco, bebe directamente en algunos discos de los setenta, aunque la prolongación del instrumental navega hacia un terreno más pop de finales de los ochenta en el que brilla a muy buen nivel la voz de Víctor. Un tema en claro "crescendo" buscando la épica de las buenas historias, casi suficiente para justificar la grabación de un disco. La guitarra rítmica de la parte final sencillamente me encanta. El final no es abrupto, es como una cuenta atrás marcada a toque de baqueta.

"The apologist" es un tema más americano. Es una de las canciones estrella. El inicio me recuerda a alguna canción de Chris Rea o de Phil Carmen, pero con unos teclados con un toque de psicodelia muy agradable y que a mí me pone mucho.

"Hi-lo" cambia de nuevo el registro es la más pop de todas estas tonadas, pero sigue teniendo fases sinfónicas, con un muy buen tratamiento de los coros y esto es toda una alabanza.
"The wait" es buenísima. El ritmo del inicio es mucho más moderno que las anteriores, el bajo se hace el amo de la canción. Es muy ochentera, muy pop inglés, pero también muy actual, se pueden buscar referencias más cercanas: Arcade fire, o los Broken Social Scene. El final se plantea en dirección al caos y como tal es claramente abrupto.

"There will be blood" inicia la segunda mitad del disco, vuelven a los teclados del principio. Es muy cercana a los temas del disco anterior pero en clara progresión. Tienen razón, al final siempre hay sangre si no puedes perdonar.

"A Love so beautiful" viene marcada por un piano de fondo. Suenan a algo conocido, pero no intento identificarlo, para mí ahora son ellos mismos. En el apartado teclados es la mejor canción de todo el disco. Y de nuevo, repitiendo la secuencia del piano demuestran su conocimiento de los gustos, porque es en esas cadenas repetitivas en las que nos enganchamos los humanos.

"The sweetest Travel" es claramente años ochenta. Suena a Aztec Camera, a Jazz Butcher y a Echo and the Bunnymen. No entiendo como no está sonando continuamente en la radio ¿Y qué es la radio dicen algunos? Entiendo su extrañeza, es que la radio musical de calidad y con intención educadora (salvo honrosas excepciones) hoy en día no existe o es minoritaria.

"In the meantime" es muy pegadiza, viene marcada por el ritmo de los redobles de los tambores. También en una onda muy de los ochenta, por supuesto, en lo bueno.

"Fruit family tree" es la más lenta del disco, muy bien colocada al final del grupo. Lírica, me parece suficiente definición. Que me perdonen ellos (o los críticos) si discrepan (he leído no se qué de los Pearl Jam, pero como no entiendo, no discrepo), pero esta canción me ha dado ganas de escuchar algún disco de Anthony Phillips.

En resumen, unos músicos que saben de que va esto. Y eso es mucho hoy en día, porque la tecnología permite hacer canciones a cualquiera sin haber estudiado siquiera. Es como decía un amigo mío hace un tiempo (referido a otra cosa): "Antes cuando lo hacíamos a mano se distinguía mucho mejor el bueno del malo." Pues este disco está hecho a mano y con una mano muy buena. Por cierto, que bien producido y grabado está.

jueves, 26 de junio de 2014

Cowboy Junkies - De cuando te mira un tuerto

Este disco siempre está en el montón cuando pienso en escribir sobre algún vinilo. Reúne muchas de las cualidades que hacen que considere a una grabación como memorable: calidad, sentimiento y recuerdos. Hoy mientras escuchaba el excelente "Colfax" de "The Delines" me he visto irremediablemente abocado a escuchar éste "Black eyed man" del olímpico 1992 para compararlo. Aunque probablemente su mejor disco es "The Trinity Session" este no desmerece en absoluto.

Parece mentira, han pasado más de veinte años y en algunos estilos seguimos bastante inmovilizados. Seguimos embarcados en esos típicos toboganes que tienen los índices bursátiles, ahora suben y luego bajan, sólo hay que acertar el momento: comprar barato y vender muy caro. Me parece que ambos grupos coinciden en que no han escogido el momento adecuado o han comprado los valores que no cotizan alto en el mercado. Pero ya sabéis que lo más vendido y lo mejor, no coinciden demasiado.

Al grupo de los hermanos Timmins le dio por meterse en ese estilo que llaman "alt country" en el momento en que nadie sabía que eso existía (yo sigo sin saberlo) y aunque tuvieron su resonancia e inicialmente vendieron bastante fuera de su Canadá natal, solo les sirvió por un tiempo. Hoy le hablas a alguien de ellos y se le pone cara de "tuerto". Por supuesto, hoy en día, a ese estilo sólo le hacemos caso algunos "viejos".

En el anverso del disco tenemos seis canciones seis, todas destacables. Especialmente por la voz de Margo Timmins que, en mi opinión, está entre las mejores de este género (parezco una folklórica: "Es la mejó... En su género, por zupuezto"). No necesita gritar en absoluto para demostrar que sabe entonar, mecer, acariciar y conmover.

La primera canción es "Southern Rain", con ella cantando (más bien recitando) como si fuera Lou Reed. A mí me suena mucho a la Velvet. Pero cuando se mete en el estribillo la voz se vuelve de seda y toma un giro más de música de raíces (suenan acordeón y fiddle) e incluso en algún acorde tiene un toque "Beatles" (¡Que Dios me perdone por la osadía!).

"Oregon Hill" se inicia con el piano y ella toma un camino más cercano al "rythm and blues", recita como si fuera de ébano, en realidad se vuelve a poner en el sitio del narrador de una historia y la música sólo sirve para intensificar lo contado. Aquí se añaden armónica, trombones y tuba, para construir una pequeña sinfonía acompañando a la historia de "Suzy".

"This street, that man this life" es más corta que las anteriores. En ésta el grupo no utiliza la ayuda de otros músicos de estudio. Es lo mismo, no los necesitan, toma mucho protagonismo la voz de ella en el centro de los altavoces, dirigiendo la orquestación que es básicamente rítmica. Y cuando ella dice: "That man sheds his skin like a veil" se me ponen los pelos de punta. Y es que: "This life has its victories but its defeats tear so viciously. This life hold its secrets like the sea."

En la siguiente ("A horse in the country") me recuerdan mucho a los "10.000 Maniacs". No me importa en absoluto ese paralelismo. Aparece el piano para puntualizar las frases del estribillo. Una canción deliciosamente deprimente. "This town wouldn't be so bad if a girl could trust her instincts, or even if a girl could trust a boy."

El dúo con John Prine (la primera noticia que tuve de su existencia es en este disco. Perdonádme por la incultura) en "If You Were The Woman and I Was The Man" es sencillamente memorable. Dejan claro que van hacia el "country" en los títulos y en los estilos.

 "Murder tonight in the Trailer Park" cierra esta cara de forma más guitarrera (Hay un solo incluso). Demuestran que no solo se basa su maestría en una voz buena. Otra vez adornada con el toque de la Velvet.

En el reverso tenemos la canción que da título al álbum. La del "hombre del parche". Tiene todos los estereotipos del estilo que cultivan, tanto en la voz como en la instrumentación. No es novedad porque lo sabemos desde que leemos el nombre del grupo.

"Winter's song" retoma el estilo narrativo de algunas de las anteriores. En realidad da la sensación de que ellos se plantean su papel como el de juglares que van de pueblo en pueblo contando historias acompañadas por música, sin tomar partido por lo relatado. Reaparecen acordeón, armónica, mandolina, fiddle y cello.

En "The last spike" aparece por primera vez el banjo. La canción es claramente acústica, como tocada en un bar cualquiera sin amplificación apenas. "Oh. I guess these foolish dreams must stop."

A continuación graban una canción regalo de Townes Van Zandt ("Cowboys junkies lament"). Dedicada a cada uno de los componentes de la banda. Le devuelven el homenaje en la siguiente: "Townes' Blues" y cierran el disco con otra del malogrado maestro (al que por cierto, yo tampoco conocía en esa época) "To live is to Fly". Probablemente los momentos álgidos del álbum. Al parecer estuvieron de gira juntos a principios de los noventa y compartieron algo más que los escenarios.

"To live is to fly low and high, so shake the dust off of your wings, the sleep out of your eyes."
Magnífico final para este gran disco.

viernes, 13 de junio de 2014

Richard Lloyd. El destrozo del televisor (I)




Qué difíciles son las relaciones humanas. Y aún más las relaciones entre artistas en el acto de producir, en el acto de merecer lo que producen..., de soportar lo que generan.

Richard Lloyd (por no hablar de los guardaespaldas, Billy Ficca y Fred Smith, ni del miembro original, Richard Hell); Richard Lloyd, digo, salió malparado del choque con Tom Verlaine. Y sin embargo, se ha conseguido sostener a lo largo de los años; ha conseguido emitir una suerte de luz oscura que atrapa y encandila. Él mismo lo explica todo: cómo el encuentro formidable hizo que dos genios se complementaran; cómo el ego de gigante hizo que se separaran; cómo la posteridad machaca al artista, poniéndole a prueba.

A continuación, vean (escuchen) la maravillosa entrevista en la que Lloyd habla de todo mucho y muy bien hablado. He aquí todos los intrígulis del punk neoyorkino y de Television (desde su punto de vista). Esta es la primera parte en el tubo; son trece partes sin desperdicio. Sin desperdicio.

 

¿Que salió malparado? ¿Acaso duerme en la calle?

Pues no, pero podría haberse dado el caso. Adicto a la heroína en aquellos tiempos, luego recuperado; profesor de guitarra (presencial y on line); devoto de las «nuevas» religiones... Ah, sí, amigos, ahora entiendo por qué a Robert Fripp se le pasó por la cabeza la insensata idea de reformar Television. Son almas gemelas: Oriente y Jung han creado muchos meandros en los que estos artistas problemáticos de los que hablo se refugian, encuentran un descanso, incluso hallan la forma de reinventarse.

Las clases de guitarra de Lloyd me encantan, pero están llenas de esoterismos (sobre todo las versiones escritas de su blog que ya no encuentro en la red). Por un lado, son reveladoras; por otro, hacen necesaria una preparación intelectual media-alta. (Y su blog: ¡buah!, el kundalini le ha explotado en la frente después del descubrimiento del yoga, etc...) En fin, el hombre está pillado en la telaraña de un discurso trascendental que ha encontrado, por fin, la razón de las cosas. Felicidades. A lo mejor, si no hubiera sido así, estaría viviendo en la calle, o muerto.

He aquí el inicio de sus clases.

 

Pero el caso es que este hombre debería ser reconocido como la mitad del sonido de Television. Es algo que hay que experimentar. La escucha de los discos en solitario de los dos bueyes del carro dejan ver a las claras que Verlaine era la cabeza pensante y Lloyd la fuerza bruta. Pero también queda claro que a Verlaine le falta (a veces) el empuje de Lloyd, y a éste la paciencia del señor Miller. Me da la impresión de que Lloyd habla mucho, lee y entiende, y escribe para entender mejor; pero cuando agarra la guitarra, es un tornado (todas las palabras se le convierten en electricidad). En cambio, Verlaine piensa con la guitarra. No creo que hable mucho. Y escribe lo justo. Es cerebral.

Richard Lloyd es todo corazón. Qué grandes discos ha hecho (y qué mediocres parecen bajo la sombra del mito). He aquí la demostración de que se considera a sí mismo un discípulo «de segunda mano» de Jimi Hendrix.

 

Y aquí su genuina aportación a la sombra de la televisión. (Es decir, que se nota en este tipo de canciones que él era quien dibujaba las espirales, mientras que Tom trazaba las perpendiculares.) Es una canción de su segundo disco, Field of fire (1985), vertida al directo muchos años después.

 

 ¿Y qué me dicen, de esta gema de su primer disco en solitario, Alchemy (1979)?

 

Son disparos de gran precisión a ninguna parte. Me explico. Grandezas que no acaban de ayudarse entre sí; grandezas mediocres, porque este tipo parece tan buen tipo que toca de escudero de sus amigos y no les pide nada a cambio (cosa poco recomendable para quien quiera ser realmente grande, al menos tan grande como el ego de esos que se dicen grandes: estoy pensando en Prince).

 

 Richard Lloyd no tiene, creo, la suficiente fe en sí mismo, ni la decisión. Ha ido a remolque de su compañero casi hasta el final. Y lo ha hecho de manera leal. Por cierto, qué grande puede ser Bob Dylan más allá de Dylan. (Sí, él solo a veces también es genial.) He aquí a la Television en una versión merecidamente vieja (no me parece bien lo de ahora, lo de poner a Jimmy Ripp como si nada, como si se pudiera reescribir la historia: ¿Qué es eso de tocar el Marquee moon sin Lloyd?).

 

En fin, ¿se pude soportar tanta fuerza? Escuchen, escuchen. El señor Lloyd saltando los trastes como un mono. (¿Qué buen disco su The Radiant Monkey!)

 

En fin, ahora de verdad en fin, ¿he convencido a alguien de que vale la pena nadar por las aguas de Richard Lloyd? Al fin y al cabo, no está tan mal esa «dorada mediocridad» en la que se ha instalado, diciéndose a sí mismo que ha vivido allá arriba, con los grandes, pero que sus pasos no van exactamente por el mismo camino.