martes, 29 de marzo de 2016

Santi Campos - Con un par (Gónadas)

Por diversas razones he tenido la oportunidad de escuchar varias versiones de algunas de las canciones de este disco. Por eso me quedé estupefacto al escuchar la grabación definitiva. Me costó acostumbrarme y recuperarme. No encontraba el momento de ponerme con ello, me daba miedo estar entre los señalados en "Corazón de cuerda".

Un buen día, al mirar el diseño de la portada lo entendí: Santi Campos ha hecho un disco sentimental (un corazón) pero doloroso (lleno de clavos) y ornado con una banda que no pone INRI sino "cjnes" (Perdón que evite el sustantivo, pero es para saltarme la censura que al parecer "haila"). Un disco casi religioso.

Ese anagrama (sentido, dolor y gónadas) define perfectamente esta obra. Trascendental e incómoda porque irrita que te digan la verdad. Santi sale, se pone la corona de espinas, se fustiga, se crucifica y al final resucita (resumen simple de su disco)

El Sr. Campos es un rebelde, insiste en no seguir la línea recta,  se empeña en seguir planos inclinados, retorcidos, incluso espirales. No se conforma con ser músico de culto, más bien se la trae floja y por eso nos presenta a un artista nuevo en lo musical pero con unas letras brutales, directas, no hacen falta estudios para entenderlas. Ni figuras literarias, ni metáforas. Santi está hasta las criadillas y por eso su disco se titula como los dídimos (con perdón).

En esta obra se nota que las canciones están escritas por necesidad, no por rutina, compuestas para abrir la válvula de presión sentimental no para comerse el interior de la olla. Santi hace lo que tiene que hacer un artista: comunicar por ansiedad, contar historias y enseñar puntos de vista, desprenderse de la necesidad de ser famoso o reconocido, de subirse a un estrado y pontificar. Solo dice lo que siente y lo que ve. No quiere culto pero, al mismo tiempo, nos vemos obligados a rendirle pleitesía. Su escucha es como sentarse en un colchón de púas, al principio duele pero luego te acostumbras y te regocijas con el masaje.

La cara A (me encanta describirlo como un vinilo) se inicia con "Flora y fauno".  Algo oriental en la obertura y luego acompañada de ritmo de fusileria, de rayos, incómoda, densa, con trama, pero esa letra solo podría acompañarse de música que invita poco al sofá. No necesita ningún vídeo para explicar lo que significa.

"Lento" parece bailable, las guitarras apuntan excelentes maneras, pero te deja planchado. Me costó porque la conocía en acústico y me encantaba. Para un momento la música para que te aprendas bien la letra antes de bailar afecto de un incontrolable síndrome extrapiramidal. Parece la continuación de la anterior. Primero la pareja ahora solo el hombre.

Y ahora va una advertencia ("Fotos de familia"), una arenga ("No vayas a pensar que en la vida todo es fiesta") que me recuerda a Golpes Bajos en la letra y un poco en la música a medida que avanza. Incluso la he imaginado en la voz de Coppini. Está claro que todo el monte no es orégano. "Y los niños te mirán como si jamás hubieras sido un chaval".

Seguimos con ritmo de nana eléctrica "Corazón de cuerda". Ahora sí que es una proclama ("Voy a cambiar, voy a empezar a hacer el mal y golpear antes de hablar"), un intento de romper la baraja y de ser engorroso. Teclados sinfónicos de fondo tipo Wakeman o Banks y redobles de tambores. Avisa que ese cambio no es un capricho, que es producto del análisis y de la investigación. Conclusión: Estoy hasta las bolas.

"Fuego" cierra la primera cara. Se inicia solo con piano para hacerte centrar en la letra y la voz. Aquí ya se ha reunido con otros penados. Ha pasado de la pareja al individuo y luego al grupo. Se unen todos los instrumentos  y el plural de la canción se aumenta en los coros y teclados etéreos hasta un final casi abrupto. Un abrochado excelente para el primer acto.

Nuevamente una historia de pareja da inicio a la segunda cara, "Aire y plomo". En el más puro estilo acuñado en otras grabaciones de Santi Campos. La más pop del disco con su estribillo algo pegadizo y todo. Retoma el estilo de historia de pares de "Flora y fauno".

"Gigantes" insiste en la lentitud ("Sabes que yo soy lento"), diríase que es una alabanza a todos esos pequeños y anónimos peleadores de la vida que desconocen sus verdaderas dimensiones. Quiere ser pequeña pero se agranda a medida que crece. Van dos en el espejo de la primera cara.

La tercera "Arco de Triunfo" es casi acústica con fondos de efectos, como de ruido de fondo para una conversación, parece grabada en la calle. Sube algo la intensidad dirigiéndose a la culminación y ese fondo se llena con más ruidos e instrumentos.

"Hasta que sangre" parece embarullada por sus percusiones y ruidos burbujeantes. Te lo dice claro poco a poco hasta que llegan las distorsiones tipo Hammill o Van der Graaf. "Aprendete esto hasta que sangre la letra" ¿o es que todavía no te has enterado? Sin epítetos me quedo para calificarla.

"Solo quiero Yo quiero" es la más inocente y también la bellísima puerta de salida del disco a la esperanza, a ese amor que siempre nos salva y también, porqué no, bastante egoísta desde el título a la culminación. Pero si lo pienso bien, yo también quiero lo mismo que él ("Que me quieran más que nadie y mucho mejor y que el que siempre elija sea yo"). Yo sólo quiero que la vuelvas a cantar.


Que me perdonen los puristas (y Santi también) pero ponemos este disco en la nueva ola madrileña y hoy es adorado como si el dios Baal lo hubiera grabado.


lunes, 21 de marzo de 2016

Quique González - Me matan y me necesitan

Vaya por delante: Soy fan acérrimo de Quique González.  He ido a varios de sus conciertos, con grupo, en acústico, en salas grandes y pequeñas. Me sé de memoria muchas de sus canciones. Tengo todos sus discos comprados de mi bolsillo, concretamente este último lo he comprado en preventa y firmado por el artista (fetichista que es uno). Pero no soy tonto, y tengo muy claro que Quique tiene sus defectos, y por mucho que se empeñen algunos de los que le rodean y le siguen (con él no he hablado, así que me abstengo de opinar en lo personal), de momento, no es un artista mítico. No bastan buenos títulos y estribillos para hacerse leyenda. No está para subirlo a los altares, ni para sacarlo en los telediarios, en todo caso que se suba a los escenarios.

Y aunque a mí este disco me ha gustado mucho, tengo claro que, como artista, Quique González está estancado. Hace siempre lo mismo pero me gusta (Soy "asín" ¡Qué le vamos a hacer!). Sus tres últimos discos son iguales. Podríamos mezclar sus canciones y no seríamos capaces de diferenciarlos salvo en que este último disco (para mí) suena mucho mejor, aunque me "tocan el pie" esos arreglos "célticos" de algunas de sus canciones. Lo siento mucho, pero no le pegan para nada los violines y demás. Veo mucho más a Quique con una guitarra en una esquina de la calle Petrixol que con una orquesta.

El disco comienza como un trallazo con una canción enorme: "Los detectives". Enorme en lo simple y en el relato y en la excelente producción de Ricky Faulkner y que se hace más tremenda aún al escucharla cantada por Quique acompañado sólo por su guitarra.


Sigue "Se estrechan en el corazón" ¿Qué queréis que os diga? Una baladita para los cuarenta principales, estribillo y poco más, esos coros finales huelen a cuerno quemado. No me gusta nada la letra que se basa únicamente en lo elegante del verso que le da título, pero no hay nada en el fondo del resto de la historia, sólo un paisaje bonito para describirlo.

"Sangre en el marcador" la ponemos en cualquiera de sus dos discos anteriores y pega perfectamente. El tono rockero se eleva, las guitarras tienen potencia, la letra enlaza bonitas palabras y a veces de tan bonitas llegan a significar algo.  La he oído más de diez veces y todavía no tengo claro si habla de un empacho ("Otra mañana con la tripa revuelta" "Te juro que estoy mejor"), de un día horroroso de promoción de disco o de una resaca. Se sostiene por el estribillo y algunas frases sueltas. Para postre esos innecesarios violines de fondo

Pero Quique siempre tiene algo y (al fin) se viene arriba con la cuarta canción. Ahí sí que hay historia, intento de transmitir sensaciones y comunicar estado de ánimo. Por eso no necesita más título que un nombre: "Charo" y de unos sencillos y repetitivos arreglos. Incluso Quique se permite abandonar la escena y dejarla para que la llene la bonita voz de Carolina de Juan, sacando el dedo acusador para señalar al desalmado que se va sin dejar rastro ni despedida.

Gracias a esta canción vuelvo a confiar en él y lo confirmo en "Cerdeña" (Otra vez un título sencillo). Se acuerda de sí mismo y se sienta a solas con la guitarra y nos susurra: "Da igual cuando aprietan el gatillo, ya sabrás que estoy loco por ti. Tan sólo me pilló desprevenido. Por un momento ví que pudo ocurrir algo grande". Y ahí sube la canción (incluso suena apropiado el violín de fondo llorando) y piensas en cantársela a tu chica y que ella lo entenderá.

El disco ya va lanzado en la senda que tocaba (para mi gusto): rock contenido, sentido y transmisión. Aunque a "Ahora piensas rápido" le sobran claramente los aires célticos (son innecesarios) y le falta pimienta rockera, necesita unas guitarras más desgarradoras y sonar menos a Irlanda, pero la letra (que me recuerda mucho a "Backliners" por sus referencias gastronómicas) la mantiene en una nota más que notable. Si no fijaros en esta versión acústica con Xoel López.

"Orquídea" rima a la perfección y dice claramente "Miras. Tardas tiempo en contestar. No te gusta esta ciudad y te haces el fuerte." A eso le llamo yo declarar las intenciones. Reproduce el diálogo y los pensamientos y sube y baja de forma totalmente necesaria. Me la apunto para aprendérmela de memoria. Gran final instrumental y vocal. "No puedes permitírselo".

El final del disco es de cañonazos y salvas de honor. Ese epílogo comienza con una de las mejores del disco: "Relámpago". Esto vuelve a sonar a rock de verdad en letra y música. Suena de lujo y cuando se toma un respiro para la parte final y dibuja un minuto y medio con guitarras y coros que me hacen cantar, bailar y saltar. "Insistes una y otra vez". Yo insisto en ponerla continuadamente desde hace dos semanas.

La que da título al disco no cumple con la regla de que a título grandilocuente ("Me mata si me necesitas") letra incomprensible.  La letra es de lo mejor de Quique González, me recuerda un poco a "Ayer quemé mi casa" y tiene un estribillo que esos fans que se empeñan en cantar corearán sin parar en directo para que los demás no podamos escuchar la canción. Preferiría unos arreglos finales menos folkies pero esta vez lo perdono. "Esto no es lo que habíamos hablado y aún así me quedaría". Pues eso mismo: Yo me quedo.

Para el final se ha dejado la mítica del disco, la que nadie olvidará. "La casa de mis padres" da escalofríos simplemente porque habla de los ancestros (especialmente de la madre). ¿A quién no se le ponen los pelos de punta al oír hablar de la "mama"? Porque "la vida siempre pasa la factura" y de vez en cuando nos encontramos con esos albaranes emocionales que nos lo recuerdan. A esta le vuelven a quedar bien los violines, pero sin ellos seguiría siendo grande... me permito sugerir una "pedal steel guitar" en su lugar, pero a mí no me hacen ni caso. 

Esta rúbrica final deja al disco a un nivel extraordinario para lo que estamos acostumbrados por estos pagos. En definitiva, como siempre, un muy buen disco de Quique González, con algunas canciones para guardar en la memoria, pero para nada obra maestra. Pero visto que a un buen número de cantantes y compositores nacionales les da por copiarle de forma desaforada, prefiero que el propio original se autoplagie.



PD: También me ha "tocado el pie" el bombo que se le ha dado al disco antes de estar en la calle, que se hayan puesto a la venta las entradas de la gira sin el disco en los tímpanos de los compradores, el boato que se le ha dado para que si dices que no te gusta te miren como si fueras un apestado. Yo he dicho sinceramente mi opinión después de despojarlo de todas las cintas y el papel de regalo. Voy a poner de nuevo las tres últimas.

lunes, 11 de enero de 2016

David Bowie - Cenizas a las cenizas


David Bowie ha muerto y me he llevado un disgusto tremendo, porque no solo no me parecía viejo, me parecía inmortal desde que bebió la sangre humana en la película "El ansia" junto a Catherine Deneuve y eso me ha hecho palmaria mi propia finitud. Ha muerto demasiado pronto, pero lo ha hecho ganando mi admiración. Porque para acabar, se ha vuelto a quedar con nosotros (por lo menos conmigo). Ha vuelto a ser imprevisible. Se ha apartado de los focos y de un paso lateral se ha ido, esta vez sin trampas ni maquillaje, sin cambios de piel ni de argumento, uno de los pocos personajes que todavía no había interpretado.

Atrás quedan millones de momentos que me han emocionado durante su carrera artística (no sólo musical). No estando siempre de acuerdo en su línea artística, pero siempre reconociendo su talento. Siempre por delante, siempre avanzado, por eso quizás se ha ido pronto, para adelantarnos.

Bowie ha muerto de cáncer sin que nos hayamos enterado, sin dar noticias de ello, mientras discutíamos si su último disco era bueno o malo. Ha fallecido anónimamente, como uno más, sin recurrir a los periodistas, ni a las redes sociales, para que nos solidarizáramos con su sufrimiento y el de sus familiares. Igual que todos los millones de incógnitos que enferman, se curan o mueren todos los días, callados, llevando dignamente su experiencia, sin usar ni bombos ni platillos, sin escribir libros o dar entrevistas. Incluso, ha tenido el desparpajo de hacerlo con un vídeo premonitorio como si quisiera darnos la noticia poco a poco sin que nos asustáramos. 
Una última reverencia final del duque antes del cierre del telón, desapareciendo al frotar su lámpara de Aladino, sin ni siquiera esperar al aplauso enfervorizado que yo hoy le estoy dando ahora mismo genuflexo.
See you in heaven Duke... Or not... Ashes to ashes.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

El Último de la Fila - Llanto de pasión


El disco "Como la cabeza al sombrero" lo tengo firmado por Manolo y Quimi o eso pienso. Una conocida de ellos se lo llevó y me lo devolvió firmado. Yo nunca les vi hacerlo. Es de una época en que era seguidor acérrimo de ellos. Lo fácil sería decir lo que cuenta todo el mundo. Que los conocía cuando eran "Los Rápidos", que los vi en "Magic" una tarde de domingo (¿o era de sábado?), cuando no tenían ni disco (o yo no se lo conocía) y Manolo colgaba un tendedero con gafas que se iba cambiando durante el concierto.

Lo difícil es reconocer que, la verdad, no me gustaron (a mis amigos menos). Me parecieron bisoños y rellenando su falta de habilidad musical con pretendido talento artístico. Me los perdí porque llegamos tarde cuando actuaron teloneando a los Ramones en Montjuic en 1980.

También podría contar que me quedé con las ganas de verlos cuando fueron "Los Burros" y que de su disco solo se me había quedado grabado en la cabeza "Disneylandia" y "Moscas aulladoras, perros silenciosos" y el magnífico título "Rebuznos de amor". Pero el disco es muy flojo, especialmente por su nefasto sonido. Pero hubiera ido a su concierto en una verbena de Sant Joan en el Pueblo Español (creo) sólo para escuchar esas dos canciones porque estaba enamorado.

Su primer disco como "El Último de la fila" no me decía nada especial salvo una canción ("Dulces sueños"). Pero después me dio un vuelco el corazón con el segundo (aunque sonaba horroroso) y no paraba de ponerlo y, desde entonces, los seguía a todas partes cuando podía: al Tropical en Castelldefels, al Camp de Mart en Tarragona, a la Plaza de Toros Monumental (en la presentación del tercer disco), al Sot del Migdia, al Camp Nou... Que cantábamos sus canciones grabadas en cassette en el coche cuando ibamos al Pirineo.

Tuvieron que fusionar dos discos y rehacer las canciones para conseguir su mejor (y quizás única) obra, que el resto de sus discos es un continuo bucle de copia a sí mismos, por supuesto con algunas canciones excepcionales, y con mucho mejor sonido y profesionalidad musical. Y es que los plagios siguen siendo muy buenos, casi casi iguales que los originales.

De todo eso no queda nada, se fundió poco a poco tras este su tercer disco (en mi opinión el último que vale algo la pena), que lo que hicieron después no fue más que exprimir la piel de la naranja ya sin zumo. Me desenamoré de ellos poco a poco, porque me aburrieron, pese a que tengo todos sus discos. Me dormí en su concierto en el Estadi Olímpic de Montjuic. De hecho me fui antes de que acabara.

Lo volví a intentar con Manolo García en solitario. Su primer disco tiene un título premonitorio para los siguientes: "Arena en los bolsillos"... Bolsillos vacios de ideas y de originalidad. Éste primero es el único de él que ha sobrevivido en mi discografía. Letras bonitas sin contenido más que en algunas frases aisladas, el resto es relleno de palabras bellas que no dicen nada especial salvo para el imaginario individual. La demostración es tan simple como que yo mismo puedo hacer una letra basándome en una. Cuando querais lo demuestro.

Que no se enfaden sus seguidores, ni él. He sido fan (lo sigo siendo aunque no lo parezca) y lo que afirmo es fruto de la meditación después de largos años de seguimiento de una carrera musical.

¡Por favor, que no vuelvan! Si tienen ganas de tocar que lo hagan con un nombre nuevo y sin anunciarse, en locales pequeños, sin propaganda ni ruido. ¡Que se lo curren! ¡Que no abusen de eso que ahora llaman postureo y que yo apelo fuegos artificiales! Entonces igual me vuelven a ganar para esa causa tan bella, como es ser el que está siempre en la parte final de la cola, que representaba su nombre. Igual me pongo detrás de ellos y les pido la vez: "¿Quién es el último?"

Porque esta canción no es más que marketing para preparar la gira y la venta de esos discos que dicen que han hecho. Porque algunos trovadores están pasando de contadores de historias del pueblo a rimadores de cuentos. Uno incluso ha anunciado gira de presentación de nuevo disco y todavía nadie lo ha escuchado, pese a ello la gente va y compra las entradas... Bueno, cada cual se gasta el dinero como quiere. Yo llevo años calvo y hace mucho que he donado todo mi pelo para buenas causas. Los de mi pueblo dicen que no se paga antes de ver el género, pero eso era en otros tiempos.

Aún así y aunque parezca increíble hoy he escuchado entero el disco y me sigue gustando. Y ese "Llanto de pasión" todavía más, especialmente en su versión original.



"Si el pelo fuera importante estaría dentro de la cabeza y no fuera
Eduardo Galeano.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Blow Monkeys - Un animal mágico buscando cambiar el color de la piel


Me gustan los olvidados, me gusta rescatarlos de vez en cuando. Estos siguen en activo, la verdad es que uno se sonroja cuando ve fotos recientes de Dr. Robert (el líder y alma de este grupo), siguen en activo pero no lo saben más que algunos pocos incondicionales, casi nadie los recuerda explicitamente.

No pasa lo mismo con algunas de sus canciones que han quedado como emblemáticas de los 80. Suenan los primeros acordes de "It doesn't have to be this way" y se llenan las pistas y a todos les suena, pero es probable que pocos se acuerden del nombre del grupo (salvo si lo buscan con Shazam...¡Que atraso supone el no usar la memoria!).

Porque este grupo nunca fue un grupo totalmente redondo, no tiene ningún disco sobresaliente, pero tiene unas cuantas canciones que, como un amigo mío diría, son tremendas. Así que me he puesto a rebuscar entre mis vinilos (creía que tenía tres... ¡uno me ha desaparecido!... ¡Seguro que ha sido mi hermano!) y me he decidido por "Animal magic" de 1986.

Este disco los puso en órbita como grupo puntero hace treinta años. En el mismo momento en que destacaban sonidos más siniestros y poperos, esta gente le dio una vuelta de tuerca a su estilo. El líder con una imagen de los 50 (tupé descarado) y unas canciones que (en mi opinión) buscaban un sonido más sofisticado, bailable y con pinceladas evidentes de soul. Música de color interpretada por blancos. Quizás por eso se quedaron a medias, diría que eso está al alcance de muy pocos (quizás sólo de Van Morrison).Pero ahí quedaron esos discos o mejor dicho esas canciones.

El disco comienza utilizando la mayor parte de la munición posible en "Digging your scene". Miente descaradamente cualquiera que niegue haberla bailado y/o coreado. Una canción que justifica por sí sola la compra del disco (de hecho así lo hice en su día).

"Animal magic" comienza con unas guitarras acústicas que rápidamente dan entrada a instrumentos de viento y a la voz cadenciosa de Dr. Robert abordando una canción en constante sube y baja, que también brilla a alto nivel y en la que destacan los coros femeninos de fondo.

"Wicket ways" es claramente negroide en su planteamiento, en la linea marcada por las dos primeras. Las partes instrumentales son muy destacadas, parece descaradamente planteada para la pista de baile.

La fiesta está lanzada y por eso la continuación lógica son "Sweet murder" y "Aeroplane city lovesong". Queda claro que este disco lo puedes poner entero en una fiesta y seguro que triunfas.


En la cara B intentan empezar dándolo todo con "I nearly died laughing" una muy buena canción que si no fuera por el nivelazo de alguna de las anteriores destacaría mucho más.

Le sigue una de las más pop del disco: "Don't be scared of me", probablemente una de las mejores del disco porque parece tener un estilo más propio, sin intentar parecerse a nadie, sin querer estar artificialmente coloreados.
"Burn the rich" abunda en ese pequeño giro de argumentos, probablemente por eso estas canciones son de las menos conocidas y por eso seguramente yo más las aprecio. Una interesantísima canción que está escondida en el interior de la baraja.

"I backed a winner (In you)" se inicia con unos coros casi gospel, sólo guitarra acústica y la voz solista. Divertida, pero para mí no destaca.
La siguiente es sin duda la mejor del disco. "Forbidden fruit" ha aparecido recurrentemente en mis compilaciones de canciones de los ochenta. La he escuchado miles de veces. Seguramente no es de las más conocidas por el gran público, pero debería serlo.
El disco finaliza con la más relajada del disco "Heaven is a place I'm moving to" que no está nada mal aunque sólo sea por el mensaje que envía el título. En el cielo he estado un rato esta mañana mientras rememoraba completo este disco.

Espero que lo disfrutéis.

PD: Upsssssss!!! Acabo de encontrar el disco que me faltaba. Juan quedas absuelto de toda culpa, un claro caso de error alfabético.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Fabián - Luces remotas que aumentan la fe

Ahora ya puedo confesar mi delito. Hay que ver como corroe por dentro la culpa. Llevo un tiempo disfrutando de este disco y como loco por hablar de él, pero no podía. Un buen amigo sabiendo de mi adicción a este artista, de mi reconocido síndrome de abstinencia en las redes sociales y blogueras me facilitó su subrepticia escucha.

Ahora ya lo he comprado. Ya es mio, todavía no ha llegado a mi casa, pero como he hecho el pago, me considero apto para contaros mi secreto, para deciros que estamos ante una obra grande de este artista. Se le ve crecido en la portada, es la primera ve que aparece en la fotografía principal en uno de sus discos, señal de que ha perdido bastante esa timidez suya. Aparece con pinta de elegante hombre hecho y derecho, de tipo sino seguro de sí mismo, por lo menos desinhibido, ya no precisa de fondos difuminados, de sombras ni de caricaturas. Y a todo eso suena este disco, a hago esto porque me gusta y he querido hacerlo así. No intento parecerme a nadie sino simplemente ser reconocido. Es una bonita obra de fina artesanía y como todo lo artesano le ha llevado tiempo y paciencia.

El título está en consonancia con la originalidad de todos los de su obra. Todos ellos combinables, cada uno parece la continuación lógica del siguiente, incluso podría construirse alguna preciosa frase encadenada o una canción. Ahí queda esa sugerencia.

Y comienza el disco como paseándose, calificándose de "Turista", pero sin guardarse nada para más adelante. Se estrena con una canción por todo lo alto, bellísima desde los acordes iniciales y emocionante por su letra y grandioso estribillo: "Sabes que no me equivoco si digo que puede estar bien que el mundo se vuelva tan loco que nadie recuerde quien fue y nos volvamos mágicos en cada amanecer". Y reconozco que es el mismo pero diferente, su voz es mucho más madura, se ha deshecho de ese timbre atiplado característico (y a veces algo difícil), luce más optimista, quizás resignado, pero seguro que mucho más sabio. No miento si digo que la he escuchado cientos de veces. Precioso el fraseo de guitarra del final y su punto coma final.

"Herida y cicatriz" y yo pienso en los millones de veces que he escrito sobre bálsamos y venenos pensando en amores difíciles o conflictivos. Y mientras, se va desgranando la canción con pares de palabras como cuentas de rosario. "Yo soy mucho más feliz pensando que las páginas se escriben solas". Fabián en estado puro en un tema para incondicionales y para los que no lo son. Toque campero leonés incluido.

Una guitarra pop-rock da inicio a otra pareja de palabras como título: "Premio y castigo". Mantiene el tono firme y serio del inicio, podría incluso bailarse. De hecho él incluso lo propone: "Sé que voy a seguir bailando contigo en algún lugar que sirva por fin de premio y castigo por todo lo que hiciste mal". El final más parece una canción de grupo que de cantautor. Parece de gran escenario en lugar de sitio recóndito e íntimo.

"Sálvalo" es una de las estrellas del disco, retoma de nuevo su senda característica pero con unos arreglos excelentes y una letra descomunal, de gran poeta: "Sangra por la herida el recuerdo que busca volver y volver y se rompe el silencio cada vez que lo nombras." Soy incapaz de explicar porqué, pero pienso de inmediato en Peter Hammill al oírla.

En "He quedado con los chicos" sigue ese paseo anunciado en la primera. Se suelta del todo y con un ritmo alegre y algo "naif", pero nada ñoño, se retrotrae a esa época tan bella en la que parece que todo puede pasar y hay grupos de niños jugando, tomando helados y huyendo riendo después de tocar los timbres de las casas. "Yo no sé como será el dolor que ya me viene amenazando como un demonio gigante." Por decir algo: Mi favorita del disco. (Uffff. No estoy seguro del todo)

Y no estoy seguro porque enlazada perfectamente, sigue andando en "Camina conmigo" se estira con un inicio de balada de las de hierro y fuego que cobra vida con el estribillo cada vez que "rozándo la piel" se aproxima con su hierro candente.

Vuelve a las guitarras rockeras en "Gorriones". Avisa que es hora de "dar la vuelta", pero el sigue hacia adelante con su "bandada de gorriones anidada en el pecho". El disco ha alcanzado un crescendo increíble y no va a parar hasta el final.

La siguiente retoma la voz más aflautada de Fabián con una balada flotante en "La inmensidad". No se ha decidido todavía a volver porque insiste en "Voy a tener que cruzar la ciudad y salir a buscar lo que es mío". Y lo que es suyo, me parece a mí, es ocupar el lugar que merece en el panorama musical español. En los momentos álgidos la voz es increíblemente firme.

En "Las musas" ya hace rato que le asoma el uniforme de superhéroe bajo el traje, está absolutamente convencido de lo que hace. Ahora ya sentado en su habitación mirando el campo y buscando la inspiración entre xanas y anjanas. Soberbia, superlativa, magistral. ¿He de decir algo más?

Y viene la traca final, porque para acabar se ha guardado dos canciones que son las conclusiones de una brillante tesis doctoral, en las que se recrea en la suerte envuelto en traje de luces, dando trincherillas y manoletinas.

La primera tiene un tono campero extraordinario, muy americano y al mismo tiempo muy castellano, y aunque "Los relámpagos" anuncian una tempestad, se ven bellísimos desde la distancia y bien refugiado en un cobertizo. Gran mérito una vez más a la exquisita producción de todo el disco. Para tomar buena nota.

La última: "Tiempos de antes" es la más corta del disco. Suena muy americana, pero también es la más afilada. Es una auténtica canción protesta, crítica e incluso política. "Olvídate de toda la verdad" sentencia para finalizar el disco.

Ya no digo más. Si no te lo pones tú te lo pierdes. Me atrevo a decir que deberías comprarlo. Yo no lo presto. Lo tengo claro.

https://fabiandc.bandcamp.com/album/la-fe-remota

PD: Este disco lo ha hecho sin mecenazgo, me sabe mal no haber podido participar, esta vez me he quedado sin disco dedicado. Esto lo voy a tener que solucionar...


domingo, 6 de septiembre de 2015

Deacon Blue - ¿Amores inconfesables en la ciudad de la lluvia?



Los aficionados o mejor dicho, los trastornados (como yo) por la música moderna, siempre tenemos amores inconfesables: Una canción de Rocío Jurado, un aria de ópera, un bolero por el que tenemos debilidad y que nos avergüenza reconocer, especialmente en público. Es algo parecido a lo que sucede con los literatos que han leído a Corín Tellado o a Marcial Lafuente Estefanía. Tarde o temprano se descubre y parece que te quedes con el "culo de erudito al aire".

Yo creo que muchos de los que por aquí rondamos tenemos pasión oculta por los "Deacon Blue" aunque (casi) nadie lo reconoce. En estos últimos años no los he visto aparecer en las páginas de  los blogueros conocidos. Y es que no son rockeros, no son cantautores, no son indies, ni tienen otra etiqueta diferente que la de "comercial" (¿?),  simplemente porque han sonado mucho y gustan a todos con facilidad. Para postre, este primer disco los hizo salir lanzados a la fama aunque nunca volvieron del todo por sus fueros, como unos vulgares "one hit wonder". (Esto sería discutible por los que tenemos todos sus discos, pero hay quien lo piensa.

En definitiva, tienen un poco pinta de "prefabricados". Como si alguien sentado en un despacho hubiera querido hacer unos Prefab Sprout con más ritmo, menos tristes y con una mujer cantante, bailona y con más glamour.

Supongo que yo por eso los pongo poco (o no lo reconozco) aunque tengo todos sus discos y éste especialmente me gusta por muchas cosas: cintas de cassette y conversaciones íntimas en un coche, paseos arriba y abajo por una ciudad vacía, por un uniforme de militar y, porque en esa época (y ahora) lo decía todo con canciones. Y de eso han pasado casi treinta años y mientras rebuscaba en el interior de la funda sabía, que tenía algo guardado y, esta vez, no es una entrada sino una tarjeta de 1988.

Y siguen ahí dentro, frescos como una lechuga, porque tanta humedad escocesa los mantiene y, aunque vengan de la "Ciudad de la lluvia" suenan luminosos en este día en el que el sol se ha puesto algo esquivo y solo asoma intermitente. ¡Menudo listado de canciones!

Pues eso amigos, quizás sean prefabricados... como los "Donut" que ,como los "Deacon Blue", nos gustan muchísimo pero nos cuesta reconocerlo porque hacemos ver que sólo comemos productos sanos. Pues yo hoy voy a comerme uno que me lo merezco. Igual vosotros también. Llamadme flojo si queréis pero... son buenos (probablemente muy buenos) y no deberíamos olvidarlo.

Gracias Joserra por recordármelo al ponerlos al nivel de otros mucho mejor aceptados.