jueves, 19 de febrero de 2015

Cómo dolía y cómo se mojaba





Canciones en que la pena se soporta en los bares, o todo lo contrario, en que uno no puede pasar por un bar para no tener que recordar. A mí me duele especialmente la canción de Nacha Pop. No es que hubiera ningún bar de por medio. Pero recuerdo COMO SI FUERA HOY la sensación de querer estar mejor y decirme muy por dentro, muy por dentro: Lo que yo quiero en realidad es estar peor. Vamos, que lo suyo era irse a un bar.


 Nacha Pop

 

 Los Planetas

 

 La mención especial es para este disco de abajo. Simple, hermoso, añejo. Maravilloso.

 Chencho Pernández

 

 El último de la fila

 

 Iván Ferreiro

 

domingo, 25 de enero de 2015

Keith Jarret - El hombre del piano en Colonia

Alguien me habló en la facultad de este genio del piano, alguien aficionado a la música progresiva (que se decía entonces) que se relamía de gusto con los bocados bien preparados. ¿Un tipo solo tocando entero un concierto de piano? El disco era doble, y por lo tanto más caro. Yo no lo veía claro, pero la recomendación era directísima. Me lo compré sin haber oido nada. Un acierto de pleno

Sólo son dos piezas, la segunda en tres partes, improvisadas sobre el mismo movimiento, de duración prolongada y progresivamente reducida. Música envolvente, llena de matices, en un directo en el que el silencio solo es roto a veces por los ruidos de esfuerzo del pianista legendario, que se jalea, que se acompaña con golpes de los pies, mientras ese piano lo llena todo y parece una auténtica orquesta y parecen oirse unos coros cantando. Y la música se hace enorme, tan inmensa que cuando rompe el aplauso del público te quedas extasiado, porque hay música hasta en ese silencio que hoy en día es tan raro en los escenarios.

Poco más queda por decir salvo escucharlo.




viernes, 16 de enero de 2015

The Monochrome Set. Discos que descubres por azar






Bueno, que no, que no fue absoluto, el azar, pero casi.

   

Creo que había escuchado en el recopilatorio de Cherry Red (el Pillows and Prayers) una canción. El caso es que recuerdo haber comprado (creo que fui yo) el disco Elegible Bachelors de The Monochrome Set con más fe que convicción, con más esperanza que seguridad. ¡Y vaya si la necesitaba! Un pop raro, raro, raro. Aires de western, proyección anfetamínica. ¿Me gustó desde el principio? Pues claro que no. Había algo que me atraía mucho, pero también cierto olorcillo extraño, como a una naftalina inesperada.

   

 ¡Qué felicidad, eran los tiempos en que un disco tenía que durar en el plato un tiempo prudencial para no pensar que habías tirado el dinero miserablemente!

   

 ¡Qué grandes eran los Monochrome Set! ¡Y qué desconocidos! ¡Y cuánto han llegado a gustarme! Sobre todo, cuando Lost Weekend apareció en casa de mi amigo Alberto. Fue como si la madurez de la fruta hubiera ido gestándose poco a poco y de repente todas las melodías, todos los efectos anticuados, toda la extrañeza, se volviera placer multiplicado por diez!

   

 Adquirí un recopilatorio de singles y rarezas extraordinario: Volume, Contrast, Brilliance...., el directo de horrible sonido: Fin, y a lo largo de los años intenté seguirlos. Lo último que compré fue un disco muy, muy bueno: Dante's Casino; creo que luego se separaron.

   

 ¿Cómo dio lugar a esta música el ambiente post-punk? No tengo ni idea, pero recuerdo con orgullo que aquellos fueron tiempos en los que ocurrían cosas y me resisto continuamente a identificar los años 80 con las producciones que vinieron con el éxito de Simple Minds, de Psychedelic Furs, The Cure... Grupos extraordinarios que perdieron algo y ganaron... mucho.

 

Y estos Monochrome Set eran tan diferentes a todo lo demás que merece mucho la pena conocerlos y disfrutarlos. Venga, sin más. Espero que haya gente que se lleve una sorpresa (no creo que les hicieran mucho caso en el Primavera Sound, ¿o sí?).

 

viernes, 2 de enero de 2015

Til Tuesday - Cuando las cosas cambian de repente

Este es un grupo que en realidad siempre representó la inquietud de una cantante: Aimee Mann. Un grupo que empezó claramente situado dentro de las estrategias comerciales de la época, con un primer trabajo superventas:"Voices Carry" de 1985, que fue su tarjeta de visita y que los posicionaba claramente alineados con ondas pop casi adolescentes.

Ese disco me hubiera pasado totalmente desapercibido pensando que sólo se trataba de otro más de esos que estaban de moda en eso tiempos en América, con mujeres guapas con el pelo alborotado por un peinado de diseño y bonitas voces al frente, ideales para banda sonora de alguna película y poco más que una competidora para "The Motels" o "The Bangles". Pero en ese disco destacaba la personalidad de la cantante por encima del resto. Se veía claramente que todo estaba armado a su alrededor, que era la responsable emergente y que había una voz personal en maduración, que era algo más que una mujer vestida y peinada de forma prefabricada.

Duraron poco, apenas tres discos y a partir del tercero: "Everything is different now". Liberada de la influencia del que fue su novio Jules Shrear (compositor de canciones para The Bangles y Cindy Lauper) que interviene componiendo, al alimón con Matthew Sweet, la canción que da título e inicio al álbum, se embarca claramente en su carrera en solitario. Y eso que se empieza a barruntar en la portada al ver su aspecto físico, se confirma a partir de la segunda canción, la acariciadora y elegante: "Rip in heaven".

Le sigue "Why must I?" en la que canta sencillamente precioso y si no fuera por unos arreglos quizás demasiado épicos en los teclados, si solo se acompañara de guitarras, sería una de esas baladas preciosas que todos deberíamos tener guardadas con candado.

Ella siempre negó que ese disco fuera una despedida de su antiguo novio, pero todo el trabajo tiene un tono nostálgico (y esperanzado a la vez) que le dan un barniz precioso, de esos brillantes y claros. La canción en la que queda más claro es "J for Jules". Aquí Aimee Mann acaba de convertirse en esa cantautora que puede pasar a la historia con las bellas canciones de la película Magnolia (Son tan buenas que mejoran las escenas). Otra vez los arreglos en el estribillo queriendo dar importancia al fraseado, podrían haber sido un poco más discretos y así sonaría más personal, más directa y descarnada.

"(Believed You Were) Lucky" la compone a medias con su ex. Nuevamente la voz de la cantante se sobrepone a unos arreglos desmedidos, muy a lo "Bangles".

Los arreglos (para mi gusto) mejoran en "Limits to Love" en la que toma claramente la batuta la voz cantante y la música es más de fondo, como le corresponde a este tipo de baladas. El disco entra en una linea claramente ascendente.

"Lone Gone (Buddy)" podría haber estado en los primeros lugares de las listas de entonces sin ningún problema. Como todas las del disco, se beneficiaría mucho de una actualización, pero contiene pasajes vocales y musicales extraordinariamente agradables y evocadores de esos tiempos en los que fuimos jóvenes e inocentes.

Para la siguiente canción cuenta con una colaboración de lujo: Declan McManus, el alter ego de Elvis Costello que interviene en la composición y en las voces. Dejando un tema ("The other side of the telescope"), quizás el tema, más orientado al futuro de la cantante. Mucho más folk, comedida en los arreglos, bella y envuelta en siete velos. Vean a Costello interpretándola en directo sólo con una guitarra, ahí alcanza de verdad una gran dimensión esa canción, o la versión acústica de Aimee Mann, ambas mejores que la del disco. Pongo dos para que podáis comparar.


"Crash and Burn" es otra canción que de modo inexplicable no estuvo en las primeras listas de éxitos. En colaboración con Kit Hain, nos propina una canción pop de medio tiempo de gran nivel, comparable a algunas históricas de, por ejemplo, Cindy Lauper. Otra que en acústico podría estar tranquilamente en el podio de las mejores.

"How Can You Give Up?" es muy pop y bastante comercial, finaliza el disco  mirando hacia lo lejos con inquietud y también como esperanza. Lo que queda atrás está acabado y está claro que va a seguir en solitario.

Un bonito disco para una soleada e invernal mañana, la luz del sol deja abierta la esperanza a que se termine el frio mientras vaya avanzando el año.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Nick Cave y sus Malas Semillas. Qué necesario




¿Qué le lleva a uno a querer escuchar a Nick Cave y a las Malas Semillas? La mala baba, sin duda alguna. Y el magnetismo que alberga la desesperanza y el dolor. 

Bueno, bueno, no nos pongamos así. 

Creo recordar que la primera vez fue en La Edad de Oro. Era la época en que comenzaba con los Bad Seeds (Barry Adamson, amigos, el de Magazine. Ni idea, entonces, de quiénes eran los demás.) Y creo que fue el verlo en directo lo que me enganchó a aquella convulsión punk de blues arrastrado. «Well of misery» me dejó roto. 

      

Es posible que luego no le hiciera caso en años. No sé si lo que luego ocurrió fue que en 1988, en la mili, mi amigo Bruno me habló de Birthday Party. El caso es que mi primer disco de Cave fue The firstborn is dead. Una cosa viscosa, violenta y volcánica, que podría hacer que resucitara el mismísimo Elvis Presley (seguramente, de mal humor). Sé que no es una delicia, sino un licor amargo. Bien, en mi opinión, nada humilde, nadie que no sepa soportar hasta cierto punto este tipo de arte conoce en verdad las múltiples aristas de la belleza.

   

Y ahora viene lo increíble. Pasan los años. Claro, el tipo, es decir, Nick Cave, probablemente ya se ha drogado suficientemente, se ha enamorado y roto unas cuantas veces, se ha mirado en el espejo, y resulta que los cabellos se han ido inclinando hacia el suelo, fláccidos, y encima tiene cada vez menos. 

Resultado: Se vuelve cristiano, o algo parecido, escribe novelas sobre asnos y ángeles, se atreve con el portugués. The good son fue mi segundo vinilo (pero para entonces ya tenía unos cuantos cassettes grabados). Pianos, melodías que no se avergüenzan de ser bonitas. ¿Qué ha ocurrido? La violencia se trasviste de hermosura. ¿Qué pasa, que sólo Tom Waits puede hacer estas baladas sin que le acusen de blando? (Creo recordar que fue la época en que lo vi en directo en el nuevo Zeleste, ahora Razzmatazz, en Barcelona, seguramente en 1993. ¿Por qué soy tan poco fetichista? ¿Dónde está la entrada?).

   

Y eso se hace ya sangrante en The boatman's call. Mucho cuidado con este disco. A mí me convenció de que Cave se merecía atención por muchos más lados que por venir del punk. Y eso ya en la era de los cedés.

 

¿Y el doble Abattoir blues/The lyre of Orpheus? Impresionante. Sólo hace falta ver los conciertos del Abattoir blues tour (maravillosa edición por cuatro duros que me compré, dos deuvedés y dos cedés).

   

Incontestable. Esa energía. Brrrrrr. El grupazo que lleva desde el principio (permitiéndose dejar marchar a Barry Adamson para fichar a Martyn P. Casey, de los Triffids; permitiéndose la ausencia de Blixa Bargeld, pero acogiendo a Warren Ellis, de los Blackeyed Susans; permitiéndose no ser el próximo muerto en el vicioso martirio de la música pop). 

Es un grande. No hay ninguna duda.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Crosby, Still, Nash and Young - Por la calle de cuatro carriles

El aplauso es estruendoso, acaban de terminar los apenas treinta segundos de "Sweet Judy Blue Eyes" que abren el disco y le dan la bienvenida nada menos que a Neil Young con "On The Way Home" y no ha pasado ni un minuto y ya sabes que estás ante una obra maestra, porque entran los coros junto con las guitarras acústicas y te tiemblan las rodillas cuando dicen "Because I love you (I love you, I do) Can you feel it now?" y se enredan con punteos de guitarras para entretenerse, como pensando en como seguirán con la letra y no lo pueden decir nuevamente más claro cuando repiten insistentemente "Te quiero".

De nuevo los aplausos del público se desbordan y  parece como si ese fuera el orden del "setlist" del concierto y Graham Nash dice "This is from my second album" y predica como si fuera un sacerdote sobre el trato a dispensar a los niños. Y se marca un clásico por todo lo alto con "Teach your chlidren" y los que hacen los coros los recitan como si fuera flamenco de ese que eriza los vellos.

Siguen con una breve introducción y ahora es David Crosby el que se arranca con "Triad". La cosa más parece una "jam session" en casa de unos músicos que un concierto, sólo los masivos aplausos dicen lo contrario, charlan como si se contaran cosas íntimas de las canciones. La interpretación es tan sentida que parece que compitan uno con otro. De hecho lo hacen y por eso el disco es tan magnificente y por eso se pelearon tanto. Cada canción pretende superar a la anterior. Los que corean lo hacen con admiración y envidia y esperando su turno. En realidad no cantan para el público sino para ellos mismos.

David Crosby no cede el micrófono y enlaza con "The Lee Shore" una emocionante canción con esa metáfora sobre la vida y la navegación solitaria. Al fin y al cabo sólo somos barcos a la deriva.

Y ahora viene una reivindicativa: "Chicago". Nuevamente en la voz de Graham Nash. Clamando ahora al unísono para cambiar el mundo. Como hemos querido o soñado todos cambiarlo hasta que nos hemos desengañado. Hasta que nos hemos dado cuenta de que es el mundo el que nos cambia a nosotros sin remedio, ese día en que decidimos bajar al fin los brazos y entregarnos avergonzados.

Se inicia la cara B de este primer disco totalmente acústico con bromas y amagos en "Right between the eyes". Graham Nash de nuevo al mando, casi en solitario, solo con unos suaves tarareos de fondo.  Parece que esta canción es un intermedio, están descansando moviendo suavemente las cabezas mientras va sonando el tema.

Recuperan el pulso de inmediato con la re-entrada de Neil Young en escena con una arrebatadora versión de "Cowgirl in the sun", la guitarra incial es casi trágica, y cuando entra la voz los aplausos la interrumpen porque saben que vuelve el nivel más alto. Inicialmente sus compañeros callan, ahora sobrecogidos por la potencia que envuelve toda la interpretación cuyos versos van "in crescendo" hasta el lamento final.

Young se niega a abandonar el escenario y enlaza con "Don't let it bring you down", quizás para recomponerse de haberse desmembrado en la anterior. Sigue utilizando ese falsete tan característico y que ha influido tanto en el de algunos músicos actuales.

Al fin le dejan un hueco a Stephen Stills, arrinconado desde el primer tema, casi le piden perdón cuando lo presentan. Él se lo toma tan en serio que se marca un "medley" de tres canciones. Su arranque vocal acompañado por el piano es supremo, gira levemente el timón del estilo que parecía un poco anclado. Acelera al público haciéndoles aplaudir con denuedo, le da un toque casi de coro de iglesia. Da un auténtico mitin político/religioso.

El público se vuelve loco y él insiste con otra canción que anuncia un intermedio. "Love the one you need" reúne de nuevo las voces de todos en la interpretación de un clásico que perdurará cuando a ellos ya los hayan olvidado.

El intermedio sirve para que ahora vuelvan con todo electrificado. Por si alguien había gritado "marcha" en el anterior apartado. Abre Graham Nash (el menos eléctrico de todos) con "Pre-Road Downs". Corta pero efectiva como precalentamiento. Claramente pop.

Las canciones cada vez se van alargando más, David Crosby se encarga del espectacular de "Long Time Gone" en una onda claramente de "southern rock", ese mezcla de country, rock y blues hecha por blancos. Por momentos parecen los Allman Brothers. Trallazos guitarreros incluidos.

Todo ello no son más que preparativos para el más potente de todos ellos en esta vertiente. Neil Young interviene por todo lo alto con "Southern man", para mí el momento cumbre del concierto, con esas guitarras que van cogiendo carrerilla a medida que avanza el tema, que te teletransportan y te elevan, que obligan a cerrar los ojos para no quedarse cegado. Estas tres canciones completan la tercera cara, pero son suficientes.

El colofón final viene en la cuarta cara, con una del "tito Neil" y dos de Stephen Stills, los más rockeros del grupo de largo. "Ohio" una corta de Young para que no se enfade el resto y "Carry on" y "Find the cost of freedom" (acústica y cantada "a capella") de Stills cierran definitivamente y de un modo espectacular un álbum sencillamente histórico, que todo el mundo debería tener en su discoteca personal y seguir oyendo de vez en cuando.

Yo lo compré cuando apenas tenía 16 años y hoy al re-escucharlo he comprobado como sigue golpeando bien alto. Os lo dejo en la versión entera, "bonus tracks" incluidos. A disfrutarlo y no os olvidéis de seguir pregonando a los cuatro vientos que estos músicos que viajaban por cuatro carriles separados y que se peleaban en los vestuarios, dan aquí toda una lección que merecería ser interpretada en los grandes teatros como mínimo una vez al año.

domingo, 30 de noviembre de 2014

The Velvet Underground. Jesús, Luis y el bajonazo (1969)






Cuando compramos este disco, creo que no conocía mucho de la Velvet. ¿Lo he confesado ya en alguna otra ocasión? Mi ignorancia era casi modélica, y lo que a mí me ponía las pilas era el Rock and Roll Animal. Entonces era Navidad (en muchos de los mitos, entonces era Navidad; por ejemplo, cuando me dejó el primer disco de The Church mi amigo Víctor); entonces era Navidad y afuera brillaban las lucecitas y los escaparates de las tiendas. A lo mejor mezclo los tiempos..., pero no, para mí «Candy says» era «Sunday Morning» y «What goes on» era «Sister Ray». Había leído algo sobre la aventura ruidista y las letras sobre mundos barriobajeros, pero The Velvet Underground era el primer disco del grupo que escuchaba con atención. 

Mi hermano había pescado «That's the story of my life» en la radio y había decidido que era algo que valía la pena. El disco se acomodó en el plato y la aguja cayó en los surcos. 

Y sonaba raro. Sonaba a habitación cerrada. Sonaba a que la Navidad era para los demás. Feliz Navidad a todo el mundo, por cierto (pero no sé por qué, si eso es imposible hablando de este disco y cerrando con «After Hours»). Sonaba muy arriesgado, desnudo, como si un cantautor mostrara la paleta de colores con los que puede trabajar y decidiera acabar en blaco y negro y deprimido. 

Eso sí, no me pareció incendiario, ni adelantado a su tiempo, ni vanguardista (me empeñaba en escuchar «The Murder Mystery» y teñir el resto del disco con ese color, por si el blues, el rock anfetamínico y las baladas adquirían una pátina de prestigio suplementario). Pero me parecía un gran disco. Hipnótico. Casi conceptual. Y así ha seguido hasta hoy. Para mí, por encima de la banana, por encima del ruido blanco, está este tercer disco (que para mí era el primero), y no digamos sobre el cuarto, puesto que faltaban años para que lo escuchara, y encima jamás se repondrá de que «Sweet Jane» y «Rock and Roll» ya estuvieran antes (anacrónicamente) en el Animal de Lou Reed. 

¡Qué dices, chalao! 

Pues lo reitero. No puedo debatirme durante años en decidir si «Candy» es Doug Yule o Lou Reed, o si me debo arrepentir por pensar que era una canción de soledad femenina (cuando resulta que habla de Candy Darling) y luego, como si nada, decidir que es un disco menor. Y ya no me importa que John Cale no esté, pues también me he cansado de forzar la felicidad de las parejas felices. 

Sí, la emoción es superior a la inteligencia en materia de música. Yo no entiendo muy bien (ni medio bien) lo que dicen las canciones. Lo que tengo son relaciones con los discos. Y mi relación con el primer disco de la Velvet es nula. Es un disco que jamás he tenido. Lo he grabado, lo he vuelto a grabar, y me lo he comprado en caja de lujo con banana lentamente peladiza; pero jamás me he enamorado de él como de éste. (Ojo, de sus canciones sí. Perdidamente.) 

Es lo que hay. Si queréis, puedo rezar: «Jesus, ayúdame a encontrar mi sitio..., porque estoy cayendo en la desesperación»; o si queréis, puedo ya despedirme: «Si cierras la puerta, la noche podrá durar para siempre... y nunca volveré a ver la luz de nuevo.». ¡Vaya, desde luego es un disco de habitación cerrada! Un disco como para meterse en un armario y mezclarse con los abrigos. Meterse en el armario y ocultar que uno es incondicional de esta gran obra maestra.









Para quien guste de poner la aguja y que se deslice unitariamente hasta el final, aquí el disco entero.

 

 Para quien quiera hacer la degustación canción a canción a canción a canción.