domingo, 7 de diciembre de 2014

Crosby, Still, Nash and Young - Por la calle de cuatro carriles

El aplauso es estruendoso, acaban de terminar los apenas treinta segundos de "Sweet Judy Blue Eyes" que abren el disco y le dan la bienvenida nada menos que a Neil Young con "On The Way Home" y no ha pasado ni un minuto y ya sabes que estás ante una obra maestra, porque entran los coros junto con las guitarras acústicas y te tiemblan las rodillas cuando dicen "Because I love you (I love you, I do) Can you feel it now?" y se enredan con punteos de guitarras para entretenerse, como pensando en como seguirán con la letra y no lo pueden decir nuevamente más claro cuando repiten insistentemente "Te quiero".

De nuevo los aplausos del público se desbordan y  parece como si ese fuera el orden del "setlist" del concierto y Graham Nash dice "This is from my second album" y predica como si fuera un sacerdote sobre el trato a dispensar a los niños. Y se marca un clásico por todo lo alto con "Teach your chlidren" y los que hacen los coros los recitan como si fuera flamenco de ese que eriza los vellos.

Siguen con una breve introducción y ahora es David Crosby el que se arranca con "Triad". La cosa más parece una "jam session" en casa de unos músicos que un concierto, sólo los masivos aplausos dicen lo contrario, charlan como si se contaran cosas íntimas de las canciones. La interpretación es tan sentida que parece que compitan uno con otro. De hecho lo hacen y por eso el disco es tan magnificente y por eso se pelearon tanto. Cada canción pretende superar a la anterior. Los que corean lo hacen con admiración y envidia y esperando su turno. En realidad no cantan para el público sino para ellos mismos.

David Crosby no cede el micrófono y enlaza con "The Lee Shore" una emocionante canción con esa metáfora sobre la vida y la navegación solitaria. Al fin y al cabo sólo somos barcos a la deriva.

Y ahora viene una reivindicativa: "Chicago". Nuevamente en la voz de Graham Nash. Clamando ahora al unísono para cambiar el mundo. Como hemos querido o soñado todos cambiarlo hasta que nos hemos desengañado. Hasta que nos hemos dado cuenta de que es el mundo el que nos cambia a nosotros sin remedio, ese día en que decidimos bajar al fin los brazos y entregarnos avergonzados.

Se inicia la cara B de este primer disco totalmente acústico con bromas y amagos en "Right between the eyes". Graham Nash de nuevo al mando, casi en solitario, solo con unos suaves tarareos de fondo.  Parece que esta canción es un intermedio, están descansando moviendo suavemente las cabezas mientras va sonando el tema.

Recuperan el pulso de inmediato con la re-entrada de Neil Young en escena con una arrebatadora versión de "Cowgirl in the sun", la guitarra incial es casi trágica, y cuando entra la voz los aplausos la interrumpen porque saben que vuelve el nivel más alto. Inicialmente sus compañeros callan, ahora sobrecogidos por la potencia que envuelve toda la interpretación cuyos versos van "in crescendo" hasta el lamento final.

Young se niega a abandonar el escenario y enlaza con "Don't let it bring you down", quizás para recomponerse de haberse desmembrado en la anterior. Sigue utilizando ese falsete tan característico y que ha influido tanto en el de algunos músicos actuales.

Al fin le dejan un hueco a Stephen Stills, arrinconado desde el primer tema, casi le piden perdón cuando lo presentan. Él se lo toma tan en serio que se marca un "medley" de tres canciones. Su arranque vocal acompañado por el piano es supremo, gira levemente el timón del estilo que parecía un poco anclado. Acelera al público haciéndoles aplaudir con denuedo, le da un toque casi de coro de iglesia. Da un auténtico mitin político/religioso.

El público se vuelve loco y él insiste con otra canción que anuncia un intermedio. "Love the one you need" reúne de nuevo las voces de todos en la interpretación de un clásico que perdurará cuando a ellos ya los hayan olvidado.

El intermedio sirve para que ahora vuelvan con todo electrificado. Por si alguien había gritado "marcha" en el anterior apartado. Abre Graham Nash (el menos eléctrico de todos) con "Pre-Road Downs". Corta pero efectiva como precalentamiento. Claramente pop.

Las canciones cada vez se van alargando más, David Crosby se encarga del espectacular de "Long Time Gone" en una onda claramente de "southern rock", ese mezcla de country, rock y blues hecha por blancos. Por momentos parecen los Allman Brothers. Trallazos guitarreros incluidos.

Todo ello no son más que preparativos para el más potente de todos ellos en esta vertiente. Neil Young interviene por todo lo alto con "Southern man", para mí el momento cumbre del concierto, con esas guitarras que van cogiendo carrerilla a medida que avanza el tema, que te teletransportan y te elevan, que obligan a cerrar los ojos para no quedarse cegado. Estas tres canciones completan la tercera cara, pero son suficientes.

El colofón final viene en la cuarta cara, con una del "tito Neil" y dos de Stephen Stills, los más rockeros del grupo de largo. "Ohio" una corta de Young para que no se enfade el resto y "Carry on" y "Find the cost of freedom" (acústica y cantada "a capella") de Stills cierran definitivamente y de un modo espectacular un álbum sencillamente histórico, que todo el mundo debería tener en su discoteca personal y seguir oyendo de vez en cuando.

Yo lo compré cuando apenas tenía 16 años y hoy al re-escucharlo he comprobado como sigue golpeando bien alto. Os lo dejo en la versión entera, "bonus tracks" incluidos. A disfrutarlo y no os olvidéis de seguir pregonando a los cuatro vientos que estos músicos que viajaban por cuatro carriles separados y que se peleaban en los vestuarios, dan aquí toda una lección que merecería ser interpretada en los grandes teatros como mínimo una vez al año.

domingo, 30 de noviembre de 2014

The Velvet Underground. Jesús, Luis y el bajonazo (1969)






Cuando compramos este disco, creo que no conocía mucho de la Velvet. ¿Lo he confesado ya en alguna otra ocasión? Mi ignorancia era casi modélica, y lo que a mí me ponía las pilas era el Rock and Roll Animal. Entonces era Navidad (en muchos de los mitos, entonces era Navidad; por ejemplo, cuando me dejó el primer disco de The Church mi amigo Víctor); entonces era Navidad y afuera brillaban las lucecitas y los escaparates de las tiendas. A lo mejor mezclo los tiempos..., pero no, para mí «Candy says» era «Sunday Morning» y «What goes on» era «Sister Ray». Había leído algo sobre la aventura ruidista y las letras sobre mundos barriobajeros, pero The Velvet Underground era el primer disco del grupo que escuchaba con atención. 

Mi hermano había pescado «That's the story of my life» en la radio y había decidido que era algo que valía la pena. El disco se acomodó en el plato y la aguja cayó en los surcos. 

Y sonaba raro. Sonaba a habitación cerrada. Sonaba a que la Navidad era para los demás. Feliz Navidad a todo el mundo, por cierto (pero no sé por qué, si eso es imposible hablando de este disco y cerrando con «After Hours»). Sonaba muy arriesgado, desnudo, como si un cantautor mostrara la paleta de colores con los que puede trabajar y decidiera acabar en blaco y negro y deprimido. 

Eso sí, no me pareció incendiario, ni adelantado a su tiempo, ni vanguardista (me empeñaba en escuchar «The Murder Mystery» y teñir el resto del disco con ese color, por si el blues, el rock anfetamínico y las baladas adquirían una pátina de prestigio suplementario). Pero me parecía un gran disco. Hipnótico. Casi conceptual. Y así ha seguido hasta hoy. Para mí, por encima de la banana, por encima del ruido blanco, está este tercer disco (que para mí era el primero), y no digamos sobre el cuarto, puesto que faltaban años para que lo escuchara, y encima jamás se repondrá de que «Sweet Jane» y «Rock and Roll» ya estuvieran antes (anacrónicamente) en el Animal de Lou Reed. 

¡Qué dices, chalao! 

Pues lo reitero. No puedo debatirme durante años en decidir si «Candy» es Doug Yule o Lou Reed, o si me debo arrepentir por pensar que era una canción de soledad femenina (cuando resulta que habla de Candy Darling) y luego, como si nada, decidir que es un disco menor. Y ya no me importa que John Cale no esté, pues también me he cansado de forzar la felicidad de las parejas felices. 

Sí, la emoción es superior a la inteligencia en materia de música. Yo no entiendo muy bien (ni medio bien) lo que dicen las canciones. Lo que tengo son relaciones con los discos. Y mi relación con el primer disco de la Velvet es nula. Es un disco que jamás he tenido. Lo he grabado, lo he vuelto a grabar, y me lo he comprado en caja de lujo con banana lentamente peladiza; pero jamás me he enamorado de él como de éste. (Ojo, de sus canciones sí. Perdidamente.) 

Es lo que hay. Si queréis, puedo rezar: «Jesus, ayúdame a encontrar mi sitio..., porque estoy cayendo en la desesperación»; o si queréis, puedo ya despedirme: «Si cierras la puerta, la noche podrá durar para siempre... y nunca volveré a ver la luz de nuevo.». ¡Vaya, desde luego es un disco de habitación cerrada! Un disco como para meterse en un armario y mezclarse con los abrigos. Meterse en el armario y ocultar que uno es incondicional de esta gran obra maestra.









Para quien guste de poner la aguja y que se deslice unitariamente hasta el final, aquí el disco entero.

 

 Para quien quiera hacer la degustación canción a canción a canción a canción.

 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Counting Crows - Un largo diciembre en ciernes

"The smells of hospitals in winter. And the feeling that it's all a lot of oyster's but no pearls"

Los "Counting Crows" podrían haber pasado a la historia tranquilamente como un grupo "one hit wonder" después de su primer disco y la canción "Mr. Jones". Un éxito de esos que dan para retirarse a vivir tranquilamente para siempre, de los que dejan el listón tan alto que te puedes pasar la vida imitándolo. No sólo pasa en la música, también en la literatura, en el cine y en cualquiera de las artes e incluso en muchas otras profesiones. Les pasa hasta a los deportistas.

Este tipo de "pelotazos" tienen su lado oscuro. Muchos de estos artistas se diluyen con los años, sólo aparecen en las fotografías de las fiestas y poco en los escenarios, algunos se ahogan en los charcos mientras siguen lloviendo dividendos de los "royalties" por todos lados.

El primer disco de los "cuervos" era de los de empaque, el puñado de canciones construidas alrededor de la de gran éxito era sólido, variado, prometedor. El grupo se desempeñaba como si se trataran de auténticos expertos y arropaba y contenía a un cantante siempre a punto de los desmanes, aunque destacado y personalísimo en su voz.

Los ví en directo en esa época y me decepcionaron, un ejercicio desbocado de su cantante con unos músicos esperando y un público poco exigente dispuesto a aplaudir hasta los pedos. No obstante, decidí darles una segunda oportunidad con este segundo disco. Yo no me sentí nada decepcionado, pero los críticos lo pusieron de vuelta y media resaltando todos aquellos defectos que ya aparecían en el primero: el egocentrismo del cantante, las influencias descaradas de otros músicos. Estoy seguro que las mismas canciones las canta, por ejemplo, Van Morrison y el recibimiento hubiera sido muy diferente. Pese a las opiniones de otros, como me gusta llevar la contraria, lo tengo muy bien considerado y vuelvo a él todos los años por estas fechas, cuando se avecina Diciembre lleno de fiestas, días cortos, esperanzas y penas.

Este trabajo tiene catorce canciones presentadas exclusivamente para el lucimiento del cantante Adam Duritz, que repasa todos sus registros de voz, se exhibe sin recato, modula, chilla, recita, ruge  y acaricia. Está sencillamente de sobresaliente dentro del exceso, rozando el filo del precipicio, inclinándose hacia la caida pero finalmente sostenido por la fuerza de las composiciones y la música de la banda. Finalmente se imponen las sensaciones positivas a las negativas. 

Ellos siguen ahí, intentando demostrar que son algo más que un producto mediático. Este año tienen un nuevo disco que parece muy interesante. Ahora ya son unos clásicos. Llevan veinte años en el negocio. Por eso casi pasan desapercibidos, el cantante ha recibido la lección de humildad que merecía para su soberbia, y hasta los críticos les han perdonado. Diría que es el momento de disfrutarlos al máximo.

La primera del disco "Catapult. Pisando el acelerador y subiendo de marchas para llegar a "Angels of the silences, sin duda los más rockero de todo el disco, Duritz está más contenido porque tiene que tomar aliento: "Waiting for you, All my sins... I said that i would pay for them ... All my innocence is wasted on the dead and dreaming".


"Daylight fading". Un clásico single muy en la onda de "Mr Jones" con toques de guitarra country característicos y con intenciones de himno en el estribillo. El cantante empieza a soltarse en algunos "lalala" característicos.
"Moonlight creeping around the corners of our lawn"
"I'm not sleepping". Diseñada desde el principio para la exhibición vocal. La música sólo es un lamento de fondo entre sus frases con ascensos ocasionales en los momentos álgidos. Creo que quedaría mejor más corta y los arreglos orquestales.
"Goodnight Elisabeth". Una de las mejores del disco. La voz está refrenada y acompasada durante toda la canción. Se te mete poco a poco. Un auténtico clásico. Gran versión ésta en directo.
"Children in bloom" reincide en parámetros bien conocidos en el repertorio de estos músicos, perfectamente delineados en su primer disco. Inicio acelerado para irse templando poco a poco. Como siempre la música al servicio de la voz. Bellísimos los pasajes más lentos. Seguro que a los críticos no les gustaron nada los tarareos.

"I gotta get out of my own. I gotta get up from this waiting at home"
"Have you seen me lately". Acelerada y marchosa. Esta versión en directo demuestra lo bien que ha envejecido con los años.
"Miller's Angels". Una muy buena canción pese al empeño del cantante en desajustarla empleándose demasiado a fondo. Me gustaría escucharla con otro tono de voz algo más grave. Excesivo el final intentando parecerse más a un "bluesman" que a un rockero.

"Another horsedreamer's blues". Tarareada ya en el inicio, elegante en la instrumentación cercana al rock sureño más auténtico.


"Recovering the satellites". Da título al disco y evidentemente es una de las destacadas. De nuevo el cantante da rienda suelta a sus lamentos en el final.

"But we only stay in orbit for a moment of time. An then you're everybody's satellite. I wish that you were mine"
"Monkey" me encanta. Creo que en esta composición dan perfectamente en el clavo tanto en la extensión como en el tratamiento de la voz que se echa un poco para atrás cuando toca y así deja espacio a que la canción crezca. Elegantísima, redonda.
"Mercury". Prácticamente acústica. Explorando los caminos de la música tradicional y de campo. Una muestra de lo grandes que pueden ser en este terreno.
"A long december" y "Walkaways" son un final épico y mayestático. En la primera Duritz utiliza menos los agudos, templa de forma extraordinaria la voz, incluso cuando se hace a si mismo los coros. Es sin duda el "himno" de este disco. La canción que es el centro que me hace siempre girar los pies hasta completar perfectamente el círculo.

"I can't remember all the times I tried to tell myself to hold on to these moments as they pass"

La corta y acústica "Walkaways" que cierra el disco de forma magistral es una excelente rúbrica para un irregular conjunto. Deja la puerta abierta a la mejora en futuros discos.

"No big differences these days, just the same old walkaways, and someday I'm gonna stay but not today"

Finaliza así por si no lo teníamos claro.



sábado, 25 de octubre de 2014

Echo and the Bunnymen - Perseguidos por los cocodrilos

La soberbia siempre tiene su castigo y este grupo fue ampliamente penalizado por ello. Durante mucho tiempo han estado en mi armario de los descartados, de los que fueron encumbrados y luego despreciados. Poco crédito se gana hoy en día declarándose "fan" de estos ingleses y mucho menos de este disco del que reniegan hasta ellos. Dicen que no les gusta la producción. Probablemente tienen razón porque este disco es el que menos suena a ellos. A mí hoy me ha dado por recuperarlo siendo consciente de ello.

Los "Echo and The Bunnymen" tuvieron un arranque de carrera brillante con dos magníficos y originales discos: "Crocodiles" y "Heaven up there", incluso "Porcupine", para (en mi opinión) en los siguientes ir perdiendo poco a poco su personalidad dejandose arrastrar por las discográficas y por el éxito. A mi siempre me pareció que se empeñaron demasiado en no ser semejantes a "The Cure" o "Simple minds" y eso les perjudicó.

Este disco les costó mucho hacerlo. Después del gran éxito de "Ocean Rain" y de la canción "The Killing moon" (que pincharon a diestro y siniestro hasta hacerme aborrecerla) se tomaron un largo sabático. Probablemente volvieron a los estudios a regañadientes, sólo por dinero. Por eso el resultado no es extraordinario, no es una obra maestra, pero hoy oyéndolo he decidido ser magnánimo y concederle el indulto y decidir que no pasa nada porque dejaran de ser "siniestros". Más de un grupo moderno se daría con un canto en los dientes disponiendo de cuatro o cinco de las canciones de ellos.

El disco comienza con claras pretensiones de éxito. "The Game" está compuesta para ello. La batería marcando un ritmo veloz y optimista adornado por guitarras cristalinas con el contrapunto ocasional de teclados de fondo. Una buena canción para empezar.

"Over you" sigue en ese ritmo acelerado y alegre marcado por la primera. Estribillo pegadizo a la búsqueda de quien la tararee. Mantiene dignamente el tipo.

En la tercera canción "Bedbugs and Ballyboo" los super fans del grupo que ya torcían el morro con las dos primeras, se reconcilian un poco con ellos, aunque cuando va progresando (con excepción de la guitarra rítmica) siguen en esa onda más pop que marca todo el disco.

En "All in your mind" se parecen a cualquiera menos a ellos. Aceleradísima, dispuesta claramente para el baile desmadrado. Pese a todo una muy buena canción.

"Bombers Bay" es para mí una de las mejores del disco, aunque recae en la senda de sus grandes éxitos, se inicia a medio tiempo, evoluciona entre riffs de guitarra y una contundente batería "Travelling dark on the road to Mandalay". Excelente.

Al darle la vuelta al disco parece que con "Lips like sugar" y su batería inicial volvemos a los viejos tiempos. Suenan con extraordinaria contundencia. La voz de McCulloch está más reposada, aunque cuando se eleva en los estribillos tiene un toque a lo Jim Kerr y aquí supongo que es cuando a ellos les entró más mosqueo. Pero todo esto lo digo por poner pegas porque el tema es de una de las mejores composiciones del disco.

"Lost and found" sigue siendo más relajada que las de la primera cara. Dignísima aunque un poco repetitiva.

"New direction" marchosa, no desentona en absoluto. Nada compleja


"Blue blue ocean" supongo que el título no le hace ningún favor y menos ese empeño en repetir ese repiqueteo del teclado que ya hemos oído mucho en este grupo. Hoy escuchada de forma aislada me parece una muy buena canción.

"Sattelite" es otra con pretensiones de "single" bastante calcada a las del resto del inicio del disco.

"All my life" es nada menos que... una balada que, cualquiera diría, que no le pega a este grupo, ni a este disco. Para mí es una de las mejores, sino la mejor de todo el disco. Esta canción nos la podría propinar hoy en día cualquier grupillo de esos de "indie folk" y a algunos les dejaría boquiabiertos. Sólo le faltan unos violines e instrumentos de viento y ahí queda eso. Este final deja bien claro que estos chicos nada tienen que ver con los que fueron, seguramente no supieron navegar en esas cuevas oscuras y buscaron rumbos en mar abierto y en esas zonas hay que tener muy buenos barcos y tener como mínimo el carnet de patrón de velero.

No es una obra maestra. De hecho, no tienen ninguna en su poco rotunda carrera salpicada de algunas canciones excelentes, como la emblemática "Bring on the dancing horses" que apareció como "single" entre álbumes en 1985. Así que como muestra este botón ya nos sirve suficiente.


domingo, 19 de octubre de 2014

David Sylvian. Jamás una nostalgia fue tan bella






1981-1982. Japan se habían sofisticado de una forma original hasta superar a sus referentes: The New York Dolls, Roxy Music... Tin Drum era al tecno, lo que los primeros Roxy eran a la Velvet. Y entonces, cuando parecía que podían llegar a algo, David Sylvian rompió el grupo y se puso a buscar un camino aún más oscuro, mitad pop y mitad ambiental. Brilliant Trees (1984) es su primer y maravilloso disco en solitario (con su hermano Steve Jansen y con Richard Barbieri, de todos modos). 

Digamos la obviedad más vulgar: Es una auténtica obra maestra. (Lo peor de todo es asistir a la posterior publicación de sus siguientes discos y tener que abundar en el mismo tópico. Estamos ante un artista mayor, de una juventud insultante entonces, creo que 26 años.) 

No me importa confesar que la paulatina elegancia de Sylvian conseguía mi admiración. Estéticamente, nunca he sido partidario del glam, pero el dandismo al que definitivamente se entregaba el hombre de la voz profunda me parecía un fiel reflejo de ciertas ambiciones de un arte elegante e intelectual. Admirable. 

Cualquiera que contemple la portada de Yuka Fujii para Brilliant Trees puede ver la belleza de la naturaleza unida a la sofisticación de un elegante dandi urbano. Esa paradoja se da igualmente en la música. Extremadamente delicada y bella; extremadamente exigente con el público (sobre todo la segunda cara). 

«The ink in the well.» ¿Quién no vibra con el contrabajo de Danny Thompson, en una onda gemela de la hermosura de «Shipbuilding», de Costello-Wyatt? 

«Nostalgia.» Fantasmas marcados por guitarras eléctricas de arpegios soñadores. 

«Brilliant trees.» Steve Jansen, Riuchi Sakamoto, Holger Czukay y la trompeta de Jon Hassell crean una selva electrizante que emociona. Me la ponía en la cama, con auriculares, a todo volumen, para escuchar cada matiz. Hay dos resoluciones melódicas que me ponen los pelos de punta, como si pudiera sentir lo que es el alivio de la expiración.









Es un disco para escuchar. Por eso ahí van un par de listas de reproducción con el disco entero y algunos extras.




 


miércoles, 24 de septiembre de 2014

New Order - Antes de lo que piensas

"sustancia"

  • elemento, constituyente, componente, principio, fundamento, materia
  • ser, esencia, naturaleza, entidad, espíritu, alma, fondo, médula, meollo, enjundia, importancia, trascendencia
  • alimento, jugo, caldo, extracto, concentrado
La música del final del siglo XX no se puede entender sin "New Order". Así de rotundo me veo obligado a afirmarlo. Un grupo capital, piedra angular, un grupo fronterizo, avanzado a su época. Unos músicos que sirven de puente entre el "punk"/"new vawe", la música electrónica, el hoy llamado "synth pop" (entonces le llamábamos "techno") y la música "dance". De hecho, nuevamente oso afirmar que gran parte de la música de discoteca (sin influencias afroamericana o étnica) de los noventa y principio del siglo XXI tienen su origen en la de esta banda.

Todo empezó con un single titulado "Blue Monday" en 1983, pero ya se veía venir en el primer "maxi" (entonces se llamaba así) aparecido tras su primer larga duración (Movement 1981), un disco que más que el primero de esta banda deberíamos considerar el último de Joy Division.
Los New Order explotaron la ausencia de imagen y de datos personales durante bastante tiempo. Poca información ofrecían sus discos sobre sus miembros, incluso a algunos había que darles unas vueltas para encontrar el título del disco y de sus canciones. Estaba claro que ellos no eran los importantes, que aparentemente pasaban de sus "egos" y solo había que estar pendiente de sus canciones.

Un buen día, mientras me dedicaba a ese entretenimiento clásico entre los melómanos que es mirar (ni siquiera hace falta escuchar) discos viejos, se cayó del interior del "Power, corruption and lies" mi entrada para su concierto el 7 de Julio de 1984 en Barcelona. Me costó 1.500 pesetas (9 euros) que entonces era todo un dineral. Han pasado sólo treinta años y todavía siguien ahí todos esos recuerdos.

Si me dan a elegir entre sus discos, sin tener en cuenta el sensacional recopilatorio "Substance" de 1987, me quedo con su tercer trabajo: "Low life" de 1985. Probablemente es su momento álgido de madurez en cuanto al hallazgo de su estilo y está lleno de buenas canciones.

Los golpes de batería electrificada y ese bajo tan característico de ellos utilizado como si fuera una guitarra rítmica dan la señal de salida en "Love vigilantes". La música es envolvente, repetitiva, no hay lugar a las acrobacias individuales, salvo algunas ráfagas guitarreras. Un clásico de su repertorio que incluso tiene una versión interesantísima en la voz de "Iron and Wine"

Sin pausa se meten de lleno en uno de sus grandes clásicos ¿Quién no ha bailado alguna vez "The perfect kiss"? Por cierto, mucho mejor esta versión corta del disco, que cualquiera de discoteca alargada hasta la saciedad.

"This time of night" no es de sus más conocidas, baja el ritmo frenético de la anterior, y de principio se acerca un poco a los territorios siniestros de Joy Division, luego suena extraordinariamente "tecno", perdón "synth pop", puede competir en la liga de las mejores canciones de ese estilo. La caja de ritmos va a tope. Ha resistido el paso del tiempo la fuerza de los monumentos.

"Sunrise" cierra la primera mitad del disco con teclados atmosféricos de inicio, luego se lanza a toda velocidad siguiendo el ritmo del bajo, las guitarras se empeñan en "riffs" cercanos al "punk", y así le dan forma a uno de los grandes temas que a veces vienen ocultos en los finales de las caras de los discos. ¡Tremenda! No sé porqué, pero siempre me imagino  una versión "heavy" de esta canción, creo que sería flipante. A ver si alguien recoge el guante.


Y viene la cara "B". Durante años empezaba siempre la escucha de este disco con esta cara, que me recuerda el inicio de un concierto empalmando las dos primeras, la instrumental (casi clásica y un punto sinfónica) "Elegia" y una de sus obras cumbre "Sooner than you think" (extraordinario el crescendo que le da inicio y el estribillo). De hecho buceando por la red he comprobado que ellos piensan igual y algunos conciertos los comenzaban con "Elegia" enlazada con alguno de sus éxitos.  Este dúo de canciones se come la primera mitad de esta segunda cara y resulta un resumen entre magnífico y perfecto de los estilos musicales que han influenciado a esta gente que finalmente se resuelven en el suyo propio.

"Oh, you know what I mean, yes you do."

La siguiente canción es otro de sus clásicos de discoteca: "Sub-culture". Fue uno de sus singles y alcanzó posiciones altas. Para mi gusto algo repetitiva, y un poco por debajo del excelente nivel de las previas, pero ideal para mover el esqueleto si uno no tiene ganas de pensar. 


Finaliza el disco con "Face up" que insiste en la brecha discotequera de la anterior. De hecho las dos finales enlazadas suenan de maravilla.

Por cierto, que original la presentación de este vinilo, envuelto en papel vegetal semitransparente que difumina los rostros de las fotos de portada y contraportada.

martes, 16 de septiembre de 2014

Robyn Hitchcock and The Egyptians. A la luz del jeroglífico.






Me pregunto si esta portada es la original. En todo caso es mi portada, la de mi disco, la que mantienes en las manos durante mucho tiempo, le das la vuelta, lees los créditos, admiras los logos y anagramas, te aseguras de que entiendes el título de la canción e imaginas lo que convenga... En general, no me gusta que los discos cambien de portada cuando han pasado los años..., ah, no, que esta era la portada en tal país, censurada, alternativa, edición especial... ¡Que no, que esta es MI portada! Hombre, que cuando te encuentras a aquella novia de entonces no quieres que haya cambiado tanto. ¿Verdad que no?

Fue en los viejos tiempos, cuando los discos aparecían de sopetón para robar corazones, cuando esos amores se compartían con muy pocos amigos. Fue en un tiempo del que quedan pocas trazas en el recuerdo. Y sin embargo, entonces ocurrían cosas que habría que fijar en la memoria como los chicles debajo de la mesa. 

En casa acabamos con varios de Robyn Hitchcock, pero creo que todo empezó con Element of light y, poco después, con I often dream of trains

No conocía a los Soft Boys. No sabía nada de él. La primera impresión fue, sin prejuicios, que era un adorador de Syd Barret (lo cual me pareció de lo más respetable). La segunda impresión fue que no hacía canciones que entraran a la primera (lo cual me obligó a tenerle fe y poner el disco más veces). 

Es un artista absolutamente británico (aunque luego se haya mimetizado perfectamente entre las huestes del Paisley Park: The Venus 3. Mmm, no están nada mal, viejo). Me encantan sus versiones en directo de discos enteros de los Beatles y de Pink Floyd (Sgt. Peppers... y The piper at... estaban en descarga legal, gratuita, por internet).

Desde el principio, me sentí transportado por «Airscape» y por el uso del «órgano de cristal». Ese fue mi banderín de enganche, porque al principio siempre soy reacio a los músicos que son maestros en el humorismo (llamadme soso), cosa que no me sucede jamás con los escritores, qué curioso. Bueno, al final, los buenos siempre ganan: Todd Rundgren, Frank Zappa, The Kinks... Y Robyn Hitchcock está en esa liga de los maestros del sarcasmo. Pero, ojo, también en la liga de Edgar Allan Poe, de la ciencia-ficción, del metaforismo poético, de la psicodelia darko-luminosa. 

«Winchester», «Raymond Chandler evening», «Airscape»..., melancolías hermosas que llevan luego a terrenos más rockeros y a mantras hipnóticos. 

Altamente recomendable. Creador de obras maestras pop que hacen enrojecer a muchas pseudoestrellas del panorama. 

Para muestra, un botón. No están en el disco, pero qué más da.


 



Y ahora, Element of light. If you were a priest. Potente.






Winchester (y siguientes. Podéis escuchar la lista de reproducción hasta Bass, que no hace falta que oigáis en esta versión demasiado amateur).




Bass



Airscape

 

 Never stop bleeding

 

 Lady Waters and the Hooded One