miércoles, 24 de septiembre de 2014

New Order - Antes de lo que piensas

"sustancia"

  • elemento, constituyente, componente, principio, fundamento, materia
  • ser, esencia, naturaleza, entidad, espíritu, alma, fondo, médula, meollo, enjundia, importancia, trascendencia
  • alimento, jugo, caldo, extracto, concentrado
La música del final del siglo XX no se puede entender sin "New Order". Así de rotundo me veo obligado a afirmarlo. Un grupo capital, piedra angular, un grupo fronterizo, avanzado a su época. Unos músicos que sirven de puente entre el "punk"/"new vawe", la música electrónica, el hoy llamado "synth pop" (entonces le llamábamos "techno") y la música "dance". De hecho, nuevamente oso afirmar que gran parte de la música de discoteca (sin influencias afroamericana o étnica) de los noventa y principio del siglo XXI tienen su origen en la de esta banda.

Todo empezó con un single titulado "Blue Monday" en 1983, pero ya se veía venir en el primer "maxi" (entonces se llamaba así) aparecido tras su primer larga duración (Movement 1981), un disco que más que el primero de esta banda deberíamos considerar el último de Joy Division.
Los New Order explotaron la ausencia de imagen y de datos personales durante bastante tiempo. Poca información ofrecían sus discos sobre sus miembros, incluso a algunos había que darles unas vueltas para encontrar el título del disco y de sus canciones. Estaba claro que ellos no eran los importantes, que aparentemente pasaban de sus "egos" y solo había que estar pendiente de sus canciones.

Un buen día, mientras me dedicaba a ese entretenimiento clásico entre los melómanos que es mirar (ni siquiera hace falta escuchar) discos viejos, se cayó del interior del "Power, corruption and lies" mi entrada para su concierto el 7 de Julio de 1984 en Barcelona. Me costó 1.500 pesetas (9 euros) que entonces era todo un dineral. Han pasado sólo treinta años y todavía siguien ahí todos esos recuerdos.

Si me dan a elegir entre sus discos, sin tener en cuenta el sensacional recopilatorio "Substance" de 1987, me quedo con su tercer trabajo: "Low life" de 1985. Probablemente es su momento álgido de madurez en cuanto al hallazgo de su estilo y está lleno de buenas canciones.

Los golpes de batería electrificada y ese bajo tan característico de ellos utilizado como si fuera una guitarra rítmica dan la señal de salida en "Love vigilantes". La música es envolvente, repetitiva, no hay lugar a las acrobacias individuales, salvo algunas ráfagas guitarreras. Un clásico de su repertorio que incluso tiene una versión interesantísima en la voz de "Iron and Wine"

Sin pausa se meten de lleno en uno de sus grandes clásicos ¿Quién no ha bailado alguna vez "The perfect kiss"? Por cierto, mucho mejor esta versión corta del disco, que cualquiera de discoteca alargada hasta la saciedad.

"This time of night" no es de sus más conocidas, baja el ritmo frenético de la anterior, y de principio se acerca un poco a los territorios siniestros de Joy Division, luego suena extraordinariamente "tecno", perdón "synth pop", puede competir en la liga de las mejores canciones de ese estilo. La caja de ritmos va a tope. Ha resistido el paso del tiempo la fuerza de los monumentos.

"Sunrise" cierra la primera mitad del disco con teclados atmosféricos de inicio, luego se lanza a toda velocidad siguiendo el ritmo del bajo, las guitarras se empeñan en "riffs" cercanos al "punk", y así le dan forma a uno de los grandes temas que a veces vienen ocultos en los finales de las caras de los discos. ¡Tremenda! No sé porqué, pero siempre me imagino  una versión "heavy" de esta canción, creo que sería flipante. A ver si alguien recoge el guante.


Y viene la cara "B". Durante años empezaba siempre la escucha de este disco con esta cara, que me recuerda el inicio de un concierto empalmando las dos primeras, la instrumental (casi clásica y un punto sinfónica) "Elegia" y una de sus obras cumbre "Sooner than you think" (extraordinario el crescendo que le da inicio y el estribillo). De hecho buceando por la red he comprobado que ellos piensan igual y algunos conciertos los comenzaban con "Elegia" enlazada con alguno de sus éxitos.  Este dúo de canciones se come la primera mitad de esta segunda cara y resulta un resumen entre magnífico y perfecto de los estilos musicales que han influenciado a esta gente que finalmente se resuelven en el suyo propio.

"Oh, you know what I mean, yes you do."

La siguiente canción es otro de sus clásicos de discoteca: "Sub-culture". Fue uno de sus singles y alcanzó posiciones altas. Para mi gusto algo repetitiva, y un poco por debajo del excelente nivel de las previas, pero ideal para mover el esqueleto si uno no tiene ganas de pensar. 


Finaliza el disco con "Face up" que insiste en la brecha discotequera de la anterior. De hecho las dos finales enlazadas suenan de maravilla.

Por cierto, que original la presentación de este vinilo, envuelto en papel vegetal semitransparente que difumina los rostros de las fotos de portada y contraportada.

martes, 16 de septiembre de 2014

Robyn Hitchcock and The Egyptians. A la luz del jeroglífico.






Me pregunto si esta portada es la original. En todo caso es mi portada, la de mi disco, la que mantienes en las manos durante mucho tiempo, le das la vuelta, lees los créditos, admiras los logos y anagramas, te aseguras de que entiendes el título de la canción e imaginas lo que convenga... En general, no me gusta que los discos cambien de portada cuando han pasado los años..., ah, no, que esta era la portada en tal país, censurada, alternativa, edición especial... ¡Que no, que esta es MI portada! Hombre, que cuando te encuentras a aquella novia de entonces no quieres que haya cambiado tanto. ¿Verdad que no?

Fue en los viejos tiempos, cuando los discos aparecían de sopetón para robar corazones, cuando esos amores se compartían con muy pocos amigos. Fue en un tiempo del que quedan pocas trazas en el recuerdo. Y sin embargo, entonces ocurrían cosas que habría que fijar en la memoria como los chicles debajo de la mesa. 

En casa acabamos con varios de Robyn Hitchcock, pero creo que todo empezó con Element of light y, poco después, con I often dream of trains

No conocía a los Soft Boys. No sabía nada de él. La primera impresión fue, sin prejuicios, que era un adorador de Syd Barret (lo cual me pareció de lo más respetable). La segunda impresión fue que no hacía canciones que entraran a la primera (lo cual me obligó a tenerle fe y poner el disco más veces). 

Es un artista absolutamente británico (aunque luego se haya mimetizado perfectamente entre las huestes del Paisley Park: The Venus 3. Mmm, no están nada mal, viejo). Me encantan sus versiones en directo de discos enteros de los Beatles y de Pink Floyd (Sgt. Peppers... y The piper at... estaban en descarga legal, gratuita, por internet).

Desde el principio, me sentí transportado por «Airscape» y por el uso del «órgano de cristal». Ese fue mi banderín de enganche, porque al principio siempre soy reacio a los músicos que son maestros en el humorismo (llamadme soso), cosa que no me sucede jamás con los escritores, qué curioso. Bueno, al final, los buenos siempre ganan: Todd Rundgren, Frank Zappa, The Kinks... Y Robyn Hitchcock está en esa liga de los maestros del sarcasmo. Pero, ojo, también en la liga de Edgar Allan Poe, de la ciencia-ficción, del metaforismo poético, de la psicodelia darko-luminosa. 

«Winchester», «Raymond Chandler evening», «Airscape»..., melancolías hermosas que llevan luego a terrenos más rockeros y a mantras hipnóticos. 

Altamente recomendable. Creador de obras maestras pop que hacen enrojecer a muchas pseudoestrellas del panorama. 

Para muestra, un botón. No están en el disco, pero qué más da.


 



Y ahora, Element of light. If you were a priest. Potente.






Winchester (y siguientes. Podéis escuchar la lista de reproducción hasta Bass, que no hace falta que oigáis en esta versión demasiado amateur).




Bass



Airscape

 

 Never stop bleeding

 

 Lady Waters and the Hooded One

 

domingo, 31 de agosto de 2014

Hue and Cry - Teloneros caidos de las estrellas

A estos hermanos escoceses no les hubiera prestado atención nunca si no hubieran teloneado a Joe Jackson en un concierto en Barcelona en el ya lejano Junio de 1991.

El marco era de esos que habitualmente se llaman incomparables: el Palau de la Música (desgraciadamente más famoso ahora por otros motivos). Llegamos con tiempo de sobra y con muchas ganas de ver a nuestro ídolo y el aperitivo resultó de una calidad de gourmet. De hecho yo salí de allí con la clara intención de hacerme rápidamente con la discografía de ese dúo que dio un concierto sobresaliente. Voces potentes de las que se te pegan al pericardio, estribillos pegadizos que invitan a mover brazos y piernas y, sobre todo: entrega. Para ser unos teloneros hasta les pedimos el bis.

Es sorprendente que del concierto de Joe Jackson apenas recuerdo nada. Era la gira del "Laughter an Lust", que para mí no es de sus mejores trabajos. No fue malo en absoluto. Repasó todos sus grandes éxitos, estuvo profesional y con una estupenda banda que sonaba de lujo, pero de ese día sólo recuerdo a quienes me acompañaban y a los "Hue and Cry".

El nombre del dúo significa: "Alboroto" "Clamor" "Protesta ruidosa" "Vocerío". Pero también hace referencia a algo tan curioso como al procedimiento legal que, en el Reino Unido, obliga a los transeuntes a colaborar en la detención de un delincuente pillado "in fraganti" y al sobrenombre de la "Police Gazette" que se edita allí desde el siglo XVI.

El único disco que encontré en esa época fue este "Stars Crash Down". Un vinilo que contiene diez canciones sin prácticamente fisuras de un género que es una mixtura entre pop, soul y folk con un "twist" de disco. Un cóctel delicioso para estas fechas finales del verano en el que destacan grandes voces con arreglos precisos y elegantes.

El disco se inicia con un auténtico "pepinazo": "My salt heart". Una canción que de forma inexplicable no tuvo apenas repercusión en las listas y no sonó nada en las emisoras (por lo menos en las de aquí).

El nivel sigue alto con "Life as Text" que se inicia con piano, saxo y redobles de tambor. Se adentra en la música bailable con una voz extraordinaria. Recuerda un poco a Rick Astley, un hombrecito con un vozarrón superlativo dedicado a facturar éxitos de música bailable a finales de los 80. El final es sencillamente grandioso. Le ponemos la voz de uno de los grandes del soul y esto es un clásico de tamaño heroico.
"Read the book of love, my friends"

En la tercera de esta cara se confirma que estos hombres no van de farol. Sin salirse de la linea marcada pero ofreciendo variedad en las melodías y los arreglos, se marcan lo que debería ser otro de esos éxitos que suenan en las radiofórmulas nostálgicas actuales y que no sabemos de quien son pero las hemos oído millones de veces. Inexplicablemente a "She makes a sound" no le ha pasado. A mí ya me gusta tener estas joyas guardadas en el cofre solo para mí, pero me imagino que a ellos les decepciona nuestra falta de conocimiento. Otra exhibición vocal de Pat Kane. Sencillamente impresionante.

"She makes a sound like I've never heard. It's a cry that says. "You better watch out world""
"Making strange" recuerda en sus inicios a los China Crisis o a algun grupo similar de principios de los ochenta, supongo que por los sonidos programados que adornan la canción, pero luego se meten los instrumentos de viento dandole un toque soul muy interesante. La canción viene introducida en los créditos del disco por un texto del libro "Libra" de Don DeLillo. Pegadiza a más no poder y con la propina de la segunda voz femenina dando una réplica excelente.

Llegamos al final de la cara A y no hay ninguna canción con menor nota que Sobresaliente. Así que con el subtítulo de "For Love and Understanding Between Sexualities", finalizan con "Remembrance and gold". Se mueven hacia el terreno folk y disminuyen las revoluciones de las canciones anteriores. Se meten en una balada y nos dejan con la mandíbula abierta y una gotita de baba en la comisura labial. Otra vez una voz femenina acompañando y una instrumentación cercana al "country", violín y acordeón.

La segunda cara comienza con "Long Term Lovers Of Pain". Siguen los ritmos camperos, pero con mayor soltura y alegría.


Se meten en la balada de nuevo con la canción que da título al álbum. "Stars crash and down" ahora con un sonido más de jazz. La voz de Pat recuerda a los más clásicos "crooners". El resultado alcanza la Matrícula de Honor.

"But my axis is spinning out of line. My emotions are like meteors on fire."

Y ahora viene de nuevo una que podría ser un éxito de los sesenta en la voz de cualquier cantante de color de la Motown. "Vera Drives".

Se vuelven al club de jazz con "Woman in Time". Lenta, aterciopelada, elegante.

Y dan el toque final con "Late in the day" caminando lentamente por la noche en las calles vacías y apenas iluminadas. No la tenía catalogada como de las mejores porque siempre llegaba a estas dos últimas agotado y con ganas de volver a escuchar las previas. Ahora me doy cuenta de que estaba equivocado. Un broche de oro para una joya repleta de diamantes.

Me he dado cuenta en sus videos actuales que están como "bolas de billar" y es que el tiempo no pasa en balde, por suerte las canciones no desaparecen como el pelo.

jueves, 21 de agosto de 2014

del Amitri. Antes Del cambio a mayúsculas, ya eran mayúsculos





Tanto en el terreno de la afición musical como en el terreno económico, la frontera de 1988 marcó para mí un nuevo comienzo. Sobre todo a partir de 1990. Se abrió la posibilidad de crear una nueva discoteca, propia, que recuperase asignaturas pendientes y explorara nuevos caminos. El cambio de década me había dejado descolocado. De flipar con el sonido ampuloso post-punk apopado, a darme cuenta de que no me enteraba de nada de lo que estaba pasando: los nombres de Dinosaur jr. o Sonic Youth me parecían un misterio por resolver. De reconocer las cimas de The Church o de El Último de la Fila, a darme cuenta de que ese camino apenas tenía más recorrido. Me puse más en el jazz, en la clásica, en los libros... 

Fueron años, el ochenta y nueve, y los primeros noventas, de repetidas visitas a las tiendas de discos, porque los vicios son vicios; de tímida exploración del cedé (luego convertida en obligación por el mercado). Y en ese contexto, compraba discos por leves intuiciones, nombres que suenan, portadas irresistibles. No me daba cuenta de que estaba en un proceso de cambio, y buscaba razones para seguir adelante. 

Bien, Waking Hours, de los del Amitri, no destaca por la portada: era y es horrible. 





Pero me sonaban como un grupo prometedor que alguien había dicho que se debía probar..., que facturaban un pop mucho más sustancioso de lo habitual. Posteriormente he descubierto que la portada que tengo (edición de Alemania Occidental: ellos cuatro en plano americano mirándote a los ojos, un poco desde arriba, de sobrados, y ante un fondo de cielo azul, con una luz desastrosa que viene desde la izquierda y les disimula los rasgos), esa portada, digo, es alternativa, y existe otra, muy parecida en el concepto pero definitivamente distinta en la factura, los colores, el gusto. 





 El sonido es muy de final de los ochenta: como si los productores desearan reproducir a otros Commotions, como si los Midnight Oil cambiaran de vocalista y perdieran épica. En lo primero, habían acertado: la vocación de escritura pop de carácter estaba ahí; en lo segundo, me tocaron la moral, puesto que (aunque nunca llegara a la grandilocuencia) a este grupo no le sienta bien la producción de «vamos a conseguir el éxito». A lo mejor no les sienta bien la mezcla: tres productores distintos, varios músicos alquilados (dos de los Commotions, por cierto), impulso creativo original suavizado por un sonido dirigido a un público más amplio... 

Las primeras escuchas fueron de hombre con fe. Deseaba que me gustaran, porque en ese proceso de cambio, quería agarrarme a valores seguros. Pero no les encontraba mordiente. ¿Por qué? Hoy creo que eran las dos primeras canciones. Son buenas, no es que apesten. Pero suenan a cualquier cosa. Y para la tercera yo creo que ya estaba distraído. Pero la fe me hizo poner el disco las suficientes veces. Uf, cómo puedo explicarlo. «Move away Jimmy Blue» es de verdad.

 

 Y «Stone cold sober» una canción como la copa de un pino, tan buena que podría ser favorita de todas las generaciones y, aunque odie los himnos, podría convertirse en uno. Puede ser ese el problema de la primera cara. Desde ya digo que no me hubiera pasado nada de eso si hubiera empezado por la segunda cara.

 

«When I want you» es igual de potente y «comercial» que las dos primeras de la cara A, pero, por contra, es definitiva, es de verdad, es inapelable.

 

 «This side of the morning» demuestra que hay composición madura, y matices (te recuerda a un folk que luego, con las escuchas, resulta que está diseminado por todo el disco con muy buen tino).

 

 «Empty»...


 

 No sigo. La segunda cara es de traca, una detrás de la otra.

 

 Bueno, volvamos a la primera cara... No, no, que aparte de las dos buenas, las otras no están nada mal. Mmm. No están nada mal. Venga hombre. ¡Pero si «Kiss this thing goodbye» lo parte! Jopé, pues va a ser que este disco es tremendo... ¡Oyessssss! Me lo vuelvo a poner.

 

Sí, puede que Twisted (su cuarto disco) sea más redondo. Pero Waking Hours (1989), su segundo, es el que me compré en plástico, allá por el noventa y dos, cuando todos los caminos se abrían y no tenía ni idea de por dónde tirar. Y Del Amitri, en Twisted, ya eran, ya con mayúscula, un grupo madurado. La gracia de éste es el descubrimiento de un sonido, aún tentativo; la frescura del querer llegar a algún lado; y el cariño. Además..., «Stone cold sober»... ¡Uf! Suscribo.

jueves, 31 de julio de 2014

Crowded House - Máscara de madera oceánica


El otro día alguien me espetó: "¡Dí una obra maestra de la música pop!" y sin dudar me salió de forma espontánea el "Woodface" de "Crowded House". "Un disco que tranquilamente podrían haber firmado los Beatles en los noventa". Y es que los hermanos Finn manufacturaron un extraordinario puñado de canciones. Una de esas obras que se van conociendo poco a poco, que van creciendo con el tiempo y las escuchas, que nunca se agotan y puedes volver cuando quieras a ellas como referencia.

Estos músicos neozelandeses no eran unos novatos. Encabezaban la nueva ola de música kiwi a finales de los setenta con "Split Enz" y a finales de los ochenta se hicieron presentes con un par de preciosos discos que pasaron casi desapercibidos en nuestro país hasta que se hicieron notar con esta grabación.

Yo los conocía sin conocerlos. Había oído muchas veces en la radio su éxito "Don't dream it's over" y durante tiempo la atribuí al primer disco de "The Dream Academy". Uno de esos cruces estilísticos que a veces se instalan en la mente de uno y son difíciles de deshacer.

El vinilo lo compré sin haber oído nada ni tener ningún disco previo (creo que ni salieron en España). Me gustó la portada y la crítica que hicieron de él en la revista "Rockdelux" que en aquella época compraba de forma asidua. Entonces no había internet y era difícil informarse más allá del boca a boca o con alguna revista de confianza. Tras la primera escucha pasó a ocupar un sitio destacado en mi discografía como obra antológica, como ejemplo para desasnar y evangelizar a los no iniciados. Lo grabé en un cassette y lo llevaba a todos lados en el coche y en el "walkman". No paraba de ponerlo. Todavía hoy lo hago de vez en cuando.

Es un disco absolutamente compacto, sin ningún tema de relleno, todos ellos envueltos en celofán y con sello de lacre, con marca de agua estilística indeleble. Después de este disco, nadie podrá (como yo) volver a confundirlos con otros. Las armonías vocales y musicales son simplemente celestiales. La comunión entre los dos hermanos Finn que se produce en este álbum es irreproducible. Tim actúa como catalizador de Neil y la reacción química producida es un auténtico Krakatoa musical estallando desde la lejana Oceanía.

Os dejo un buen puñado de canciones que no precisan comentario alguno. Se defienden por si solas. Aire fresco para estas calurosas tardes veraniegas. Para rellenar ese hueco temporal que empieza mañana, porque los años (para la gente como yo) no acaban en Diciembre sino en Julio y no empiezan en Enero sino en Septiembre. Agosto no existe, es sólo un sueño, pero a veces... ¡menudo sueño! Como este disco.

"Chocolate Cake"
"It's only natural"
"Fall at your feet"
"Weather with you". Atención a esta versión en directo.
"Whispers and moans"
"Four seasons in one day"
"There goes God"
"As sure as I am"
"She goes on"
"How will you go"



domingo, 20 de julio de 2014

Lou Reed. Podría ser Nueva York.




No. No puedo escribir un artículo sobre ese disco y no sentir que me dejo mil cosas. Excepto por la hemorragia juvenil de Rock and roll animal, no me dejo convencer; no puedo identificarle sólo con un disco. Por eso traigo aquí a colación una lista de «esas que me gustan a mí», pero que no son las canciones más conocidas del «nyc man». 

Al menos tendrá, eso sí, una de las mejores canciones del disco de 1989 (que pudimos escuchar enterito en directo en el Velódromo de Horta). De aquel concierto no me acuerdo absolutamente de nada. Era feliz. 

«Make up.» De Transformer. Me gana el inicio elegantísimo del bajo. Cuánta delicadeza en las guitarras. Y entonces te percatas de que el trombón y las letra sobre maquillaje le meten un humor zumbón que te parte. A mí me gana el corazón cuando dice «yeah, we're coming out», y lo repite, y lo repite, y la guitarra y el trombón crean un ritmo que tiene toda la nostalgia del mundo (y eso que, vamos, hasta hace poco, yo, ni enterarme de que se trataba de salir del armario).
   
«A gift.» De Coney Island Baby. Es que a mí me gusta mucho ese susurrador de imágenes. Y qué grandes guitarristas escogía siempre el muy cabrón. Esto sí que lo entiendo muy bien. Ojalá pudiera ser un regalo para las mujeres de este mundo. Vocación de don juan que tiene uno.
   
«Baby face.» De Sally can't dance. Esta es peligrosa. Se nota una mala leche importante. Hay un momento en que acojona como si un asesino amenazara con acabar contigo. Y sin embargo, trata de una pelea de pareja. (Uf, de hecho, eso puede acojonar mucho, je, je.)
   
 «You wear it so well.» De Rock & Roll Heart. Qué bien lo llevas. Ese saxo molón. La cadencia que lleva al hipnotismo del título. El piano, que suena un poco a Aladdin Sane. Qué bien lo llevas y qué bien lo escondes. Todo el dolor.

   
 «Think it over.» De Growing up in public. Vale, ¿y si me gustan las nostálgicas y las tristes, qué? Esta es una canción de amor como la copa de un pino. Pero parece que no acaba bien. Es lo que hay.
  «Women.» De Blue Mask. Guitarras hacia el cielo. A mí también me gustan las mujeres. Es un hecho. Esta tiene, además, bastante humor. Se pone hasta cursi. Pero las guitarras hacen que todo sea para bien. No sabéis cuántas veces he sido capaz de repetir esta canción esperando que llegara el éxtasis instrumental.
   
«The last great american whale.» De New York. Canción protesta. Un relato moderno de esos que se saca de la mano el literato discípulo de Delmore Schwartz y de William Borroughs y de... ¿Por qué me gusta tanto una canción que parece tan simple, tan poco cantada, con un fraseo de guitarra aparentemente tan básico? En fin, para mí esto es una obra maestra. El bajo se mete sin que te des cuenta; los tambores vienen desde abajo, del estómago; los efectos de sonido crean el ambiente de una película. 
   
 «What's good.» De Magic and Loss. Pues sí. La vida mola, pero no es justa. ¿Cómo lo va a ser si es una historia que siempre acaba mal? (Faulkner dixit.)
   
 «NYC man.» De Set the twilight reeling. Más claro el agua. Soy un tipo de Nueva York. Tú di: Pírate. Y yo me voy. Un parpadeo y me habré ido. El crescendo final es tan bueno que lo puedo oír una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.
   
 Talking book. Para terminar. Del Perfect Night in London. ¿Puede nuestro amor ser reemplazado por un libro que hable? Pensad, amigos. Las redes sociales, el móvil...
 

The Silencers - Devotos de Buda desde Escocia


Lo que son los aniversarios. Este mes hace 25 años de un par de conciertos memorables en el Velódromo del Valle Hebrón de Barcelona: Lou Reed dentro de la programación del "Grec" y presentando el álbum de su resurrección musical: "New York" (que bien merece una entrada en nuestro blog) y  los Simple Minds en su momento más álgido girando para presentar un doble en directo antológico, precioso de portada, presentación y título ("In the city of lights"). Traían unos teloneros de lujo. Unos escoceses con ganas de fiesta, con tejanos en lugar de "kilts" y un disco con referencias orientales bajo el brazo ("A blues for Buddha).

Es interesante como se deforman los hechos con el paso del tiempo. Buscando el "setlist" de esa noche he encontrado que el concierto fue en el Pabellón del Valle Hebrón. Por un momento he dudado de mi capacidad de memoria, porque parece que cualquier cosa que salga en internet o impresa tiene que ser por fuerza cierta. Y es que para escribir hay que documentarse y tener buena memoria. Por suerte, esta vez yo no estaba equivocado.

Así, documentándome, he descubierto que "The silencers" es el título de una novela en la que se basó la primera película del agente secreto Matt Helm protagonizada por Dean Martin. Este comentario no quiere decir que el nombre del grupo se deba a esa película, habría que preguntárselo a ellos, pero me gustan las coincidencias.

Este es su tercer disco y es el que les comenzó a aproximar a la fama, ésto y el haber teloneado por media Europa a los "Mentes simples", labor desempeñada con eficacia, maestría y haciendo olvidar de entrada que uno ha ido a ver a otro artista... hasta que salen al escenario ¡Claro! Pero es que de este concierto paradójicamente sólo recuerdo a los teloneros, un encuentro casual, dos "cubatas" demasiado cargados que impidieron acudir a una cita frenta a un edificio emblemático y un viaje en moto hasta mi casa.

Igual nada es cierto, igual todo lo he soñado o me he equivocado de local, de concierto y de grupos.

"Answer me" da inicio al repertorio del disco, una curiosa mezcla de folk escocés y pop con tendencia a la épica. La voz tiene una gran presencia, entonada y con personalidad.


"Scottish rain" es un himno ecologista, esa lluvia escocesa que no siempre procede sólo de la naturaleza y de eso se quejan. La larga introducción instrumental produce la sensación de que hayamos cambiado de grupo y de disco hasta que reconocemos la voz y llega el estribillo. Excelente el solo de guitarra y los coros. Se empieza a notar la buena calidad de la producción y la grabación.


"The Real Mc Coy" es una de esas canciones que parece que hagan salir el sol, tiene unos coros contagiosos que dan ganas de salir a gritar al balcón. "Be Do Do, Be Do Do, Be Do Do." Para bailar cogidos por los codos todos los amigos.

"A blues for Buddha" es acústica y dominada por las voces. Bonita y crítica. "The dollar is our king"


"Walk with the night" cierra suavemente la cara A. Una de las mejores del disco. Con cierta tendencia a empinarse como una epopeya en el final para luego bajar lentamente hasta diluirse a lo lejos. Si no te dicen quienes son podrían pasar perfectamente por unos Simple Minds con nuevo cantante.


La cara B da comienzo con "Razor blades of love". En mi opinión la mejor del disco. Resume todas las cualidades de este grupo. Tiene todo: estribillo, ritmo y guitarras. ¿Necesitamos algo más? Si parecía que iban a descafeinarse o dirigirse a territorios plenos de suavidad y terciopelo, demuestran lo contrario.

"Skin game" mantiene la línea de calidad de la anterior. Intentan demostrar que tocan otros terrenos musicales, que no les basta con la periferia y son capaces de acercarse a los medios y nos propinan este "blues" blanco y lleno de sentimiento. "Don't let your deal go down".

"Wayfaring stranger" se mete en la música americana de raíces. Una corta oración en lo más hondo de la ceremonia de los domingos en la iglesia de un pequeño pueblo.

En "Sacred child" vuelven a acelerarse, ahora es ritmo de fiesta, se mantienen en las tierras más allá del charco. Aparece la armónica para demostrar que siguen en la vertiente rural del disco. Se atreven con el castellano y gritan por todo lo alto que "La tierra es nuestra".


"Sand and stars" Es el corto epílogo del vinilo. No hay como tenerlo, porque según el listado de la "red" hay una canción más.