sábado, 27 de octubre de 2018

Dire Straits - Haciendo películas

Una cena de viejos amigos, casi todos ellos rozando los sesenta, algunos ya los han cumplido. Una cena rejuvenecedora, cientos, miles de risas y complicidades antiguas. Ni una palabra sobre trabajo o sólo dichas en voz baja maldiciendo. No hizo falta nada más, ni siquiera las copas para irnos llenos de contento. Prometimos volver a hacerlo, igual no pasa nunca más, pero no importa, ahí queda eso.

No tengo ni idea de porqué he acabado yendo a mi discoteca a sacar este vinilio. Es el último que compré de ellos, los siguientes no me convencieron, me parecieron productos manufacturados para el gran público, para vender a diestro y siniestro. Pasaron cerca de mí, llenaron estadios y velódromos, y nunca más fui a verlos. A veces pasa eso con los buenos amores, muy buenos sabores y algún amargo recuerdo muy lejano en el paladeo.

El disco sigue sonando de maravilla, algún zumbido de fondo que resulta hasta agradable. Está grabado con intenciones rockeras que (para mí) nunca más volvieron a su carrera. Se acompañan por Roy Bittan en los teclados, que maridan de forma extraordinaria con las guitarras. es el disco con más alto nivel rockero de los Straits, demuestra lo que pudieron ser y nunca fueron.

Sólo tiene siete canciones, para mi seis porque la última nunca la pongo, creo que desentona, es de relleno y apunta a derroteros que nunca me interesaron en ellos.

Empieza a todo trapo con "Tunnel of love". No tienen ningún tipo de vergüenza en hacer una canción de más de ocho minutos y de empezarla con un carrusel que se rompe con un puñetazo en la mesa de guitarras aceleradas y Mark Knopfler cantando descarado. Sólo baja un poco es ritmo para volver a acelerarlo cantando "Rockaway" y lanzarnos una de esas frases bellas que se quedan grabadas para siempre "Girl it looks so pretty to me like it always did, like the spanish city to me when we were kids" .  Se pone a recitar al final para introducir el solo de guitarra y volver a subir la velocidad poco a poco en ese final que todos seguimos con los ojos cerrados y meneando la cabeza de arriba abajo. Quizás, sólo quizás, uno de los mejores solos de Knopffler de la historia. Yo llego al final con lágrimas en los ojos. Les quedó tan bien que quisieron repetirla varias veces con otros títulos en sus siguientes discos.

"Romeo and Juliet" es una de las canciones más completas de ellos. No sé, pero siempre he soñado con una versión cantada por Lou Reed (decidme loco si queréis) apostillando con sorna eso de "you know the movie song". Sin dejar la linea rockera, conteniendo la fuerza con una guitarra acústica, el ritmo se desboca solo un poco con los redobles de batería. Simplemente: ¡Suprema!. "You and me babe. How about it?".

La  última canción de esta cara (porque solo hay tres) es de traca, durante mucho tiempo fue mi favorita porque es de las que menos repercusión ha tenido de este disco. En "Skateaway" sale a relucir un "toreador" y como tal sacan una muleta y se ponen a pegar pases naturales con la izquierda y te mueres de emoción y de belleza mientras van pasando cerca de los muslos del cantante todos los instrumentos en consonancia perfecta (especial mención a los teclados de Bittan y la batería de Pick Withers, en el impresionante estribillo) y él queda milagrosamente ileso para recitar mientras sale por la puerta grande: "Slippin and a slidin skateaway that's all".

La segunda cara tiene también tres canciones (la cuarta no me interesa). Las tres vuelven a ser de calidad y tamaño heroicos.

El inicio de "Expresso love" te pega a la pared con los pelos de punta. Suena la guitarra preparando a la banda, y el cantante escupe "One, two, one two three four" y se le une el piano para el primer verso y explota con la batería. Las guitarras suenan como disparos en un duelo de película del oeste. Te quedas ahí inmóvil, evitando las balas hasta que viene el solo de guitarra que te vuelve loco y te pones a chillar hasta el final de la canción "Thank you very much. Hey maestro expresso is this another one just like the other one".


"Hand in hand" se inicia suavemente para dar una tregua, dejarte respirar un poco después de la anterior. el disco está pensado perfectamente para ser escuchado todo seguido. El orden es importante. Nuevamente Roy Bittan se luce, llega la guitarra con la lluvia y el vino. Luego viene el estribillo muy en la linea de JJ Cale. Aquí es cuando por primera vez fui consciente del giro hacia un sonido más americano de los Straits.


La última del disco es "Solid rock" una canción con un título claramente demostrativo. No ha lugar a sofisticaciones ni a mucha poesía, un rock clásico de guitarra y piano. Desbordante en ritmo de principio a fin.
Ahora, al acabar de oírlo de nuevo, mientras suena "Les Boys", entiendo que no pudiera comprar ninguno disco más de ellos.


sábado, 18 de agosto de 2018

An-tonio - An-tonio (Poesías en tu libro azul)

Este disco tendría que haberlo reseñado hace mucho, siempre ronda entre los discos de los que debería hablar, reúne todas las características de los favoritos de este rincón: Poco conocido, gran calidad, originalidad y final abrupto.

El disco es el único de este artista, si no recuerdo mal, fue publicado tras su trágica y prematura muerte en 1997, supongo que no vendió muchas copias, así que la mía debería considerarse pieza de coleccionista, igual vale una pasta y yo sin saberlo, pero no lo vendo.

El tono del disco es medio canalla, medio punk, medio cantautor, algo flamenco, toques rockeros y, sobre todo, autodidacta. El autor tiene unas ganas locas de comunicar, de sincerarse, y de remover al personal, le importa un bledo lo comercial o mantener un estilo y, así sin quererlo, marca estilo. Las letras son de las que no dejan frio, siguen siendo actuales con el paso del tiempo. 

Son trece canciones que no llegan a cuarenta minutos en total, pero cada una de ellas con personalidad sobrada de forma individual.

Comienza por la presentación personal. "An-tonio" grita de forma casi desesperada: "Sólo me queda que pase el tiempo." pero tomándoselo con un poco de sorna a veces, como quitándole importancia "Aunque no estés cerca siento tus palabras, se me parte el alma... con esa forma tuya de llamarme. An-tonio, An-tonio, coño!!"

Se mete con guitarreos pop y  teclados al inicio de "Kri, Kri" que nos pondría de inmediato a bailar y corear: "Ha llegado el momento de que yo le grite al tiempo que se pueda traer tu pasión." con su letra y ese estribillo pegadizo.

"Río Yuyu" pone el listón poético muy alto (ya no lo bajará en todo el disco), en lo musical sigue siendo pegadiza, tarareable e incluso bailable. "Deja que te ame como quiera yo amar. ¿Me dejas que te sueñe?. La canción sigue creciendo hasta el final con el lamento serio del cantante "Para fundirme contigo" que deja en puntos suspensivos el verso final que parece la introducción a "Kamina, revienta o escupe" en la que dice cosas como: "Kamina, revienta o escupe, no salpiques" "El olor de la calle me huele a miel. El olor de la miel, dime ¿te sabe a calle?. Lávame con tu llanto, sí, el de ahora. Sécame con tu lengua. Escupe...Escupe...Escupe... y ¿qué pasó?. Nada, no pasó ná, no pasó nada... El olor de la calle a veces es una mierda".



Se adentra en la dulzura de "Guitarras" en la que canta al alimón con Josele de "Los Enemigos". "No puedo olvidar, tantos deseos juntos. Yo quiero descubrir toda la magia que me puedas dar. No quiero olvidar. Aunque quisiera nunca traicioné. Quisiera componer la gratitud que siento guitarras de ayer y de hoy."


Te mata de dolor y emoción en "Por Andrés Rodríguez", especialmente porque conocemos que no tardó en seguir el camino del guitarrista. Usa un estribillo, al que preceden a las guitarras eléctricas, que pone los pelos de punta. "Tú y tú, músico libre del azar. Siempre tú en mis recuerdos estarás. Estarás a orillas de mis sueños, inmerso en armonía, estarás mirando a tus artistas, sintiendo como bailan al compás." Una gran canción que debería estar en el museo de las mejores canciones españolas.

Nos mete un torpedo crítico y lírico en "¿Dónde Cojones?" en el que aparecen ritmos casi latinos y unos arreglos de viento magníficos. "Dejas poesías en tu libro azul. Donde nos decían: Amor, amor, amor." Se mete de lleno en el terreno amoroso en "Kafetera", en un sube y baja constante que nos lleva casi extenuados a la medio punk, medio canción protesta "La Kalle y Leto" ("La kalle, hace falta mucho dinero pa montá un bar con tapa!").


Disminuye la velocidad y se mete en ritmos brasileños ("Brasil")  y le queda espectacular. Vuelve a la ciudad como temática ("Salta, ríe, huye de la ciudad"). Las guitarras eléctricas introducen la breve "El cuarto paso" y se aceleran en la etílica, breve, pero contundente "Tinto". Acaba con una "Soleá en su recuerdo" flamenca por todos lados, abrochando de forma excelente el disco y despidiendo con un rabioso zapateado a los que no volverán.

jueves, 5 de julio de 2018

Glen Hansard - Por la senda de Van Morrison


Este artista siempre ha estado al más alto nivel. Tiene voz, tiene composiciones, tiene estilo y tiene público. Además, en directo lo demuestra, lo puedo confirmar porque fuí testigo de una de sus actuaciones en Barcelona y me pareció excelente.

Todos sus discos son buenos, pero ninguno me parece tan completo como el publicado este año : “Between two shores”. No sé si son la producción, los arreglos o el empleo de la voz, pero me pongo a escucharlo y sin querer me sale Van Morrison en sus mejores momentos.

Ambos son irlandeses, uno de Belfast y otro de Dublin, igual es eso, igual es el acento. Como cuando cantan flamenco los gitanos que se nota de inmediato que lo son. No obstante, el disco me suena a americano por los cuatro costados, para ser exacto suena a soul, blues y rock, y muy poco a folk.

Sólo son diez canciones, pero todas son martillazos. La voz las llena plenamente. Sube y baja, modula, templa, para, se adorna y remata. Los músicos a veces lo dejan solo y entonces me sabe mucho flamenco o a fado. Incluso los espacios, los silencios me parecen perfectamente atinados, suenan perfectos.

Roll on slow” inicio por todo lo alto, con toda la banda al completo y usando al máximo todos los recursos. Un estilo que no es el más habitual en este autor, con los instrumentos a plena carrera en algunos momentos. Él en la portada aparece con una gorra, pero aquí ya se va acercando a la cabeza  un sombrero Borsalino para recordar más a su paisano.



Why woman” es la típica composición de Hansard, así no se decepcionan sus adictos. En realidad estamos ya en el primer punto álgido del disco, tomado ya el disfraz de Van the Man. Los vientos y cuando él los acompaña tarareando son de reclinatorio. Luego se queda a solas con la voz y se lamenta como si fuera gitano y acaba la canción de forma abrupta.

Sin descanso empieza “Wheels on fire”. Es diferente, suena a grupo de los setenta con esos teclados y punteos de guitarra. Él juega con la voz arriba y abajo llevándonos de la mano hasta el estribillo donde aparecen los metales cuando se hace presente de nuevo la sombra del otro irlandés.

En “Wreckless heart” retoma ese estilo más folk en el inicio de la canción, que va en un lento crescendo a medida que avanza, se van añadiendo instrumentos y la voz se hace más potente. “Gonna ride that river to the sea, gonna crack that river around on me

Llega “Movi’n On” y ya se ha puesto a rugir de forma descarada. La instrumentación es simple, pero el cantante, investido con la piel de felino, no tiene ningún reparo en mostrarse como tal y atronar subido encima de un altozano.
Suena “Setting Forth” y estás esperando que salga el “León de Belfast” para acompañarlo. No desmerece para nada Hansard, que contiene la potente voz, que se gasta para darle un tono lírico al que le quedan de maravilla esos arreglos de cuerda y el piano en ese bello final tarareado.

Lucky Man” empieza con instrumentos de viento y él casi recitando el poema hasta que empieza el lamento, ese lamento característico de la música sentida y emocionada. Parece que no puede subir más alto el disco y por eso le sigue una balada cantada a dúo “One of us will lose” .

En “Your heart’s not in it!”, una canción muy difícil de cantar, el artista hace una auténtica exhibición vocal. Podría cantarla “a capella” o solo con una guitarra, y le quedaría enorme, esa gran dimensión se nota especialmente cuando entran los coros.

Para rematar el disco se guarda una canción “marca de la casa”. Muy en la línea de sus discos previos.  En “Time will be the healer” usa un tono más agudo de la voz, que alterna con recitado. La instrumentación es casi perfecta. Los músicos tocan los justo y necesario. Va poco a poco en crescendo, desplegando toda su capacidad vocal en el corolario.
Un disco grande, de los que permanecen no solo este año.

domingo, 20 de mayo de 2018

Jesse Marchant - Illusion of love


Emoción a raudales, ese es el subtítulo que se me ocurre al escuchar la primera canción ("All these kids I never knew") de este disco, en la que este cantautor canadiense se exhibe utilizando nada más que la voz y un piano. Hace ostentación de un estilo propio, inconfundible, diferenciado, que hemos disfrutado todos los que le seguimos desde que se presentaba como JBM. En esta obra, hace acopio de todas las virtudes que ya había demostrado, y las pone todas dentro de en un sólo envoltorio para nuestro disfrute.

Así, tras el primer trallazo emocional, no baja la guardia y en "Heart of Mine", se pone en plan Springsteen y hace un tema que ya quisiéramos que presentara el de New Jersey. Luego se pone en plan Chris Isaak en "Distance is the only mesure" siendo en todo momento enorme la presencia de su voz que, con el tiempo, ha ido modulando, pronunciando mejor, haciendo más potente el mensaje, haciéndola más versátil, y mostrando que las letras también son importantes.

"There is a warm wind
Blowing through this starry night
And I am going to leave this time
And you won't hold me back alive
You won't follow me
All your debt I leave behind
Branches crack, birds fly
I was late to learn
"



Probablemente son cosas de la producción que, en este disco hace a la voz especialmente sobresaliente. Por cierto, nada de ponerlo en el ordenador o en formato comprimido, dadle a los altavoces de un buen estéreo y me contáis.

Progresa el sube y baja emocional con la hermosa "Sister, I" en la que aparece de fondo lo que parece un violín y él modula la voz con suavidad, armoniosa como esta tarde soleada de primavera. La profunda "6&5" con esas guitarras omnipresentes aumenta el tono adrenérgico, no baja el simpático ("con sentimiento" significa en latín) en ningún momento. Uno de los momentos álgidos del disco.

"Maybe you will cast
Some of those words in bronze
For the world to see
"

Se pone tierno en las dos siguientes, "I've got friends", y especialmente en "In This Short Time" que mientras va sonando, no sé porqué, me da por recordar la presentación del libro "Pasión no es una palabra cualquiera" de Joserra Rodrigo en Barcelona y que, mientras esperábamos en la calle Tallers, estábamos agrupados un buen número de personas (la mayoría varones), de cierta edad ya, con pinta de "frikis", probablemente con pocas posibilidades (y seguramente nulas intenciones) de ligar, que sólo estábamos allí porque compartíamos pasión, sentimiento y sensibilidad. Esa capacidad enorme de emoción que resulta poco habitual por nuestra condición hormonal, pero que se puede desbordar en lágrimas con los primeros acordes de "Frame for one" y con ese perro lanudo blanco que aparece en el video que la acompaña, o con esos teclados marinos tipo Peter Bardens que emergen entre alguna guitarra distorsionada.

"In the twilight
With all my mending bones
Still a hairline crack
In each one, give it time
But I was well tired of waiting
When I leapt off my ship
Into the tide" 


Llegamos a un punto sin retorno en lo sentimental con "Burning Red", que prolonga la anterior, en la que, de nuevo, Marchant se luce en la voz, usando el falsete con contención llegando a uno de los momentos más bellos en el final de la canción.

Viene el equipo de reanimación en la hipnótica "Nightships" que finaliza de forma abrupta para dar paso a la voz omnipresente de "Owl in the dark" de elegantes formas musicales y sin estribillo, como casi todas, pero por ponerle alguno usaría el "Well, keep your hope alive" por si te pilla llorando o rezando cuando dice lo de "What line did you fault?".

Para cerrar la cremallera esternal y proteger el pericardio, el Sr. Marchant se guarda una de las mejores: "Illusion of love". Con un ritmo y una forma de cantar esperanzadora en cada verso y en los aullidos finales que me hacen recordar otra vez a Springsteen y las emociones que despertaba hace años, y vuelvo a recordar ese grupo de locos (y locas) a los que se les saltan las lágrimas con una canción, y me viene a la cabeza una frase de Victor Hugo: "La melancolía es la felicidad de estar triste"

"You can move mountains in your form
Bring heart and light to many
In your illusion of love...


What for baby, what for..."

P.D: Como nadie hablaba de este disco no lo he podido evitar.

miércoles, 31 de enero de 2018

Howard Devoto - Jerky visions of the dream

En casa somos muy adictos a los "raros". Supongo que es una manera de desmarcarnos de lo convencional, de rebelarnos ante lo que gusta a todo el mundo, de hacernos notar en las tertulias hablando de algo o alguien desconocido pero con una calidad insuperable (según nosotros). También nos gusta ir en contra de todos esos falsos eslóganes del tipo "tus sueños son posibles" que sólo funcionan para unos pocos en esta vida, casualmente para los pocos que los suelen emplear para hacer brillar más a sus méritos entre los fracasados.

Howard Devoto es uno de esos "raros", un músico muy interesante, con una carrera sin excesivas concesiones a la galería y, por supuesto, sin ningún tipo de éxito.

Tras su paso por "Magazine", grupo que pasó sin pena ni gloria y del que hoy bien pocos se acuerdan, intentó iniciar una poco exitosa carrera en solitario y consiguió que la "Virgin" le publicara este trabajo. Supongo que en España bien pocos lo compraron, entre ellos, yo y mi hermano.

En contra de lo que era esperable, el disco no sigue estrictamente los caminos marcados por su anterior grupo, tiene algunos toques más pop, alguna balada e incluso alguna incursión en música de club. Como también era de esperar, el disco tuvo mínima repercusión, pero ahí sigue en mi discoteca y de vez en cuando lo recupero.

Los arreglos resultan elegantes, con matices que alejan las canciones del terreno "punk" o "nueva olero" con el que comenzó su currículum, incluso los coros que las acompañan les otorgan de un poco más de dulzura de la que él puede dotar con su voz que resulta algo áspera o como mínimo amarga.
La primera canción "Cold imagination" está claro que fue escogida como "single" pegadizo, un intento vano de triunfar algo más de lo habitual. En mi opinión es de gran calado, probablemente él, hoy en día, la hubiera hecho más electrónica, de hecho ya lo apunta en los tecaldos que maneja su viejo amigo Dave Formula. Los ecos de los coros de Laura Teresa suenan como instrumentos afinados de percusión. La canción se eleva hasta el estribillo y allí se mantiene de forma algo solemne. Probablemente es la que más conecta con su etapa de "Magazine" de todo este trabajo.

La segunda, "Topless" es más oscura al principio como ya anuncia su primera estrofa "The past is rotten to the core the time is ripe like never before". La música suena algo distorsionada y si no fuera por los coros y los instrumentos de viento podría ser ruda, pero a medida que avanza se va suavizando un poco hasta que Devoto retoma los mandos y vuelve a escupir los versos, anque luego se deja llevar por la omnipresencia de Laura Teresa en los coros.

"Rainy Season" es sobresaliente, quizá la mejor del disco. Se inicia distante y algo misteriosa pero con una guitarra acústica y los teclados se mete en los terrenos personalísimos de Devoto y nos deja un estribillo para la posteridad.

"I'm on fire and it's the rainy season and you're like a mirage. I could learn to hate."

En "I admire you" vuelven esos coros agradables susurrando "Sha, la, la" , "ah, ah, ah" y dulces frases lejanas ("forever for everyone") apostillando las declaraciones del autor. Ni rastro de aspereza en esta oda de admiración. Casi casi resulta optimista si no fuera por esos truenos finales que presagian tempestad. Una auténtica "delicatessen" mientras él se recrea en acabar la canción.

La primera cara se cierra con "Way out of shape" con un bajo potente muy jazz, batería, piano y guitarra en riffs constantes. No sea que nos creyéramos demasiado su optimismo previo.  "It's just one of those days when I might as well be drunk 'cos I can do it every other way".
En "Some will pay (for what other pay to avoid)" cambia su tono de voz a más suave ("Because I was naked I was affraid to have my feelings displayed but now it's come to this I will deliberately miss you"). La instrumentación es precisa y preciosa.

"Waiting for a train"es de bar de copas, se inicia con el saxofón y Devoto canta con tono irónico y un poco cansado, pero agradable, podría incluso transmitir satisfacción porque "Because tonight I'm seeing you again", pero otros versos dejan entrever problemas que no despejan del todo las castañuelas del estribillo y del final.

"Out of shape with me" parece grabada medio en broma, en calzoncillos, tirado en el sofá como indica en la primera estrofa, ralentiza la voz como si estuvieran reducidas las revoluciones del disco, aunque el piano lleva el ritmo de forma adecuada, para despejar dudas aparece una guitarra un poco perezosa de fondo y el cantante se pone a hablar más que a cantar.  "I'm drunk, yes, I'm drunk but I think I can do it okay. Come and be out of shape with me, come and be deflected out this tragedy". Mientras los trombones y trompetas aparecen por primera vez en el disco, siendo sustituidas al final por la guitarra.

"Taking over heaven" empieza con un grito, aunque de inmediato se tranquiliza con la intervención de la voz femenina de Penelope Houston y aunque suena muy electrificada diríase que al autor le hubiera gustado que sonara más electrónica.

Finaliza el disco con "Seeing is believing" que podría ser una balada si no fuera porque Devoto se empeña con su voz  en que no lo sea, pero deja un bonito final para este disco que aunque no tuviera en su día el éxito merecido, lo sigo recordando con cariño pese a los treinta y cinco años acumulados.

jueves, 18 de enero de 2018

Dexys Midnight Runners - Searching for the Young Soul Rebels

Poneos en situación: el "punk" revoluciona la escena musical, la industria amenaza con engullirlo en la llamada "new wave", algo más comercial y edulcorado que ya empieza a gustar a los mismos de siempre. Los del "rock sinfónico" a lo suyo, empezando a aburrir a los cosacos, y los "grandes dinosaurios" (como definían en esa época a los grupos de rock de estadios) un poco estancados. Al mismo tiempo resurgen otros estilos, entre ellos el "ska" de la mano de "The Specials", "Madness", "Bad Manners", una música más desenfadada y rítimica, que invita a bailar y tiene un toque clásico que recuerda a melodías escuchadas en la radio durante la infancia. A todo ello, aparece mi hermano en casa con este disco. Tiene mérito porque el rapaz debería tener no más de catorce años, me lo pone y sufro un tremendo sopapo pop-rock-soul con aire canallesco y un toque de protesta.

Debía ser invierno, recuerdo frío por la ventana cuando la abría para fumar un cigarrillo, y recuerdo los gabanes de los músicos en las fotos y unos gorros que les hacían parecer hampones preparando un golpe. De barrio bueno era claro que no eran.

Dentro de la funda un puñado de canciones dispares, alguna instrumental ("The Teams That Meet in Caffs"), sonoridades pop ("Geno" o "Thankfully Not Living in Yorkshire It Doesn't Apply"), y sobre todo soul basado en la voz portentosa de Kevin Rowland y en la abundancia de instrumentos de viento en toda la obra ("I'm Just Looking", "Tell Me When My Light Turns Green"), la profusión es tal que hay momentos que marcan la deriva de la canción, más allá incluso que el estilo de la voz, hacia momentos épicos ("I Couldn't Help If I Tried") que me resonaban a puertas oscilantes de un "saloon" o a los héroes de "El Álamo" esperando el ataque de las tropas del General Santa Anna seguros de la cercana muerte.

El cantante abusa un poquito del falsete a veces ("Keep It") pero los coros y lo bien arropado que está por los músicos hacen que en lugar de parecer un Graham Parker de pacotilla (perdonad por la comparación absurda, pero en esa época andaba yo muy enganchado con la música de ese caballero y el "Up Scalator" era referencia en mi casa. No entiendo porque nunca he hablado aquí de ello) parezca una estrella del "soul".

En el disco incluso hay "samplers" (el inicio de "Burn It Down") y un monólogo ("Love Part One") que nos introduce al final apoteósico anunciándole a Robin en una carta el advenimiento del "soul" ("There, There, My Dear") que marca lo que será la futura línea musical de esta gente que (en mi opinión) se vio un poco desbordada por el éxito desmesurado de su segundo disco que, todo y ser extraordinario y haberlo disfrutado mucho, no alcanzó a golpearme el pecho como lo hizo este primero. ¡Cómo suenan esas trompetas finales mientras se acelera la sección rítmica jaleada por el cantante para luego desvanecerse dejándote con ganas de salir a la calle a protestar! Una propina viene con una frase final robada a Lee Dorsey: "Everything I Do Gonh Be Funky (From Now On)".

"Dont you know the only way to change
things is to shoot men who arrange things"

Igual por escribir esto, hoy en día, iban a la cárcel.

En definitiva, unos listos que aprovechando un momento de despiste se dedican a robarte el corazón, confirmándose lo que anunciaban cazadoras negras de cuero, guardapolvos y pasamontañas: ¡Unos pintas! ¡Si se llega a enterar mi padre, a mi hermano se le cae el pelo por corromperme!

miércoles, 3 de enero de 2018

Txetxu Altube - Tras el Huracán (El quite del perdón)

Los toreros cuando no estaban bien ofrecían como disculpa la lidia de un toro pagado por ellos o un quite fuera del orden de lidia. Era su manera de pedir perdón al público por no haber respondido a las expectativas ¿Os imagináis a un músico haciendo lo mismo? Se me ocurre algún artista de renombre que tendría que devolver el precio de las entradas de algún concierto o el de un disco en el que ha estado especialmente mal.

Esta reseña de un disco pretendidamente "sobrero" encierra una disculpa de éste que suscribe, una búsqueda de indulgencia por haber omitido algo bueno, la lidia de un disco adicional para compensar el lapso.

Mi laguna ha sido haber apartado de la lista de discos del año a "Tras el Huracán" de Txetxu Altube, sencillamente porque no lo había ni escuchado. Cosas mías... que hago el borde por cualquier cosa, y los violines y las flautas me recuerdan a "The Coors", y me cabrean, me pongo borrico y no hay manera de hacerme cambiar de dirección la cabeza, hay que dejarme a mi aire, con la rienda suelta porque respondo muy mal a los tirones y a las órdenes, pero poco a poco tomo el camino de vuelta.

Ese camino de vuelta es el que me ha hecho ponerme a escuchar el último de Txetxu, un músico que me he hartado de decir que está infravalorado y al que (he de reconocer con vergüenza) tenía medio abandonado, no le hacía casi ni caso por culpa de violines y flautas y abstinencia de corriente eléctrica, pero me he puesto a escuchar este disco y me he encontrado un puñado de canciones de gran calado. Él sigue en su línea (igual es más borrico que yo) y se empeña en demostrarlo.

Yo le pondría más rock, un poco más de rabia y más electricidad a sus canciones, como en la espléndida "Escultura de polvo" pero ese es mi gusto y no tiene porque ser el bueno. Por eso, cuando las desnuda y las deja sólo con guitarra y voz me deja sin argumentos, simplemente a solas con mis sentimientos. Él puede hacer lo que le de la real gana que para eso las canta y las compone.

En cuanto vuelvas a mi tierra me voy a tu concierto de rodillas y te hago el "quite del perdón". Aquí describe en términos taurinos de forma extraordinaria Joaquin Vidal lo que es.