martes, 15 de agosto de 2017

Will Johnson - Hatteras night, a good luck charm

De Will Johnson no tenía más referencias que tomó parte de Centro-matic y su colaboración como batería en el “supergrupo” Monsters of Folk  junto a Jim James, Conor Oberst, M. Ward y Mike Mogis, pero revisando su currículum sus credenciales no pueden ser mejores ya que figuran en su documentación colaboraciones con Jason Molina en un disco conjunto en 2009, con David Bazan, Vic Chesnutt y Mark Eitzel en una banda llamada Undertow Orchestra y con Jay Farrar, Jim James y Anders Parker en un proyecto relacionado con las canciones de Woody Guthrie llamado New Multitudes.

Su disco “Swan City Vampires” de 2015 me pareció magnífico así que en cuanto salió este último me hice con él sin dudarlo.

Repasándolo estos días de solaz veraniego, me atrevo a calificarlo como uno de los mejores discos que he escuchado este año. Musicalmente no parece aportar nada nuevo, música americana dirían los amantes de las etiquetas, pero para mí el disco está repleto de fluidez emocional. Y ¿qué es eso? Algo tan sencillo como que está repleto de música epidérmica, de esa que navega desde los pabellones auditivos hacia las aurículas cardíacas y finalmente asoma por las glándulas cutáneas o se empeña en contraer los músculos piloerectores de forma inexplicada, como cuando te ponen a cámara lenta unos pasos de baile o unos naturales bien sentidos y, sin necesidad de entender o siquiera de ser amante o aficionado sabes inconscientemente que estás ante algo bueno. Todo eso pasa durante la audición de este último disco de Will Johnson.

Y es que me gusta hasta el título que alude a un pequeño pueblo de Carolina del Norte y a un “amuleto de la suerte” como esos que llevo obligatoriamente en el bolsillo siempre, uno porque me lo dio mi madre, otros un amigo y otros que acumulo sin sentido alguno.

El disco es muy lineal, muy intimista, con poco ruido, de hecho, la portada ya lo anuncia con una foto de unas montañas apenas vislumbradas en el atardecer.

Comienza con una excelente balada “Childress (To Ogden)” de la que me gusta hasta que el título lleve subtítulo (o dedicatoria, aunque igual simplemente se refiere al trayecto entre dos pueblos con ese nombre). El cantante se dedica a deslizar suavemente sus versos bajo el influjo de una slide guitar y unos coros ululantes. Una canción de atardecer, de refugio en el monte y de fuego en hoguera. Está claro que quiere que escuches bien los versos porque los desgrana con lentitud y mimo.

And the dogs, they may have all the codes


“Every Single Day of Late” comienza con acordes guitarreros distorsionados y repetidos que persisten durante toda la canción, pero la voz (la voz es muy importante en todo el disco) destaca por encima, como si interpretara un discurso algo enfadado y la guitarra solo sirviera para imponer silencio mientras tanto. La canción parece que se va a elevar cuando entran las percusiones (unas congas parecen) y las guitarras toman el escenario momentáneamente, pero solo anuncian los versos finales que aparecen tras ese intermedio recomendando por duplicado: “Be brave”.

En la tercera canción (“Ruby Shameless”) el disco ya se ha apoderado totalmente del oyente, como si esas guitarras rasposas hubieran conseguido concentrarte. La canción es tan lenta como un recitado, sencilla pero bellísima en sus apenas tres minutos de duración que finalizan con un zumbido que da entrada sin interrupción a “Filled with a falcon’s dreams” enorme título que confirma la originalidad del artista en sus elecciones. Da la sensación de que no estamos ante un disco sino ante una novela con sus correspondientes capítulos, paisajes y protagonistas. Esta parece un canto al sol de la mañana, entonado desde la entrada de una cabaña, percibiendo todo el poderío de lo natural y la minúscula dimensión del ser humano en soledad.

But time has got its way, and the trouble has got its teeth and they are sinking it.”

“Heresy and Snakes” es una de las mejores del disco, mantiene la excelencia sino la eleva en su grado. En este tema suena muy bien engrasada toda la banda, el cantante aparece mucho más acompañado y así arropado, suena más consolidado.

“Hey-O, Hi-O” es una de las más simples y cortas, construida con percusiones y pocos instrumentos mientras el cantante eleva una letanía en la que busca constantemente la rima.

“Predator” es otro punto culminante del disco, seguramente es la más comercial, la más fácil de entonar por el público, sólo hay que dejarse llevar en los coros o en el estribillo. Nuevamente la música y la voz suenan perfectamente engrasadas con un toque muy clásico, la podrían intepretar perfectamente Johnny Cash o Roy Orbison y les quedaría suprema. “Like a Predator that knew I wanted to be found”.

Llegados a este punto de calidad lo normal sería seguir por el mismo camino marcado por la anterior canción, pero “Milaak” no es continuista, arriesga en los arreglos y en el ritmo (en comparación con la anterior) y el músico entrega otra de las mejores del disco.

Para completar la obra se guarda la mejor de todas, la canción que compendia todo lo ofrecido previamente y que da título al álbum (“Hatteras”) y además es la más larga, sabiendo que la vamos a disfrutar una y otra vez y no vale la pena menguarla, y que tiene que estar al final porque si fuera la inicial costaría avanzar en la escucha del resto. Una canción sin estribillo que más que canción o poema es una historia, como todo el disco entero.

“There are gifts, and there is virtue. And there is a solace in returning to thee.


Puedes disfrutar del disco entero en “bandcamp” pero mejor te lo compras que el artista se lo merece de sobras.

martes, 8 de agosto de 2017

Kevin Morby - City Music


Kevin Morby es uno de los autores más destacados de los últimos años y lo ha demostrado continuadamente en todos sus discos. Su último trabajo, aunque parezca imposible, supera lo previamente publicado y eso que su "Singing Saw" del pasado año parecía difícil de superar, pero lo ha conseguido en una obra redonda repleta de sensaciones, referencias y homenajes.

El disco se inicia con "Come to me now", lenta, atmosférica y recitada, muy en su estilo, parece una simple continuación del anterior disco que no parece que haya acabado ni en su argumento ni en su calidad. Las percusiones suenan como ruidos lejanos de trabajadores y los teclados a veces parecen procedentes de la naturaleza. Al final hasta canta como si acabando se hubiera dado cuenta de que tiene que poner un estribillo.l ¡Magnífica!



En "Crybaby" parece Lou Reed con toda la Velvet Underground, un papel que irá retomando (en mi opinión) en otros momentos del disco. Nos hemos movido mucho desde finales de los setenta pero esta onda sigue pareciendo original y seria.


La oscura  y breve en la letra de "1234" contiene fragmentos de Jim Carroll. Es un claro homenaje a los Ramones tanto en su planteamiento musical como en su letra en la que son mencionados. Se sale de lo habitual en este músico pero precisamente por eso me parece más buena.

Vuelve por sus fueros en una "Aboard my train" intimista y probablemente autobiográfica con una voz que apostilla como haciendo comentarios en el fondo. Un breve solo de guitarra eleva el ritmo de la canción y luego se instala en la parte trasera queriendo desmelenarse para finalmente ser apaciguada por la voz y diluirse en el final.

"Dry your eyes" suena muy Stoniana, breve y repetitiva en la letra y en la música, con unos coros negroides de fondo. Suenan filigranas de las guitarras buscando el final de la canción ralentizándose hasta “Flannery” un poema de Flannery O’Connor recitado por Meg Baird que sirve como intermedio.

"City Music" es casi  instrumental y destaca por el empleo del bajo acompañado por suaves punteos de guitarra que me recuerdan a Vini Reilly. La letra tarda en arrancar y se reduce a un par de versos que actúan como un instrumento musical más. El final se desboca un poco mientras el cantante eleva el tono de la voz. Punto cumbre del disco en su canción más larga.
En "Tin Can" el cantante vuelve a tomar su posición dominante en el escenario recitando la canción hasta la parte central en la que los instrumentos se hacen con los mandos, con la sensación de asistir a una improvisación a la que luego se suma Morby y deja claro que pese a todo él canta aunque: “ I am a prisoner here, but I dont mind” y nuevamente como si se recluyera en el fondo la guitarra le acompaña en ese mutis final. En directo debe sonar brutal.

"Caught in my eye" está escrita por Darby Crash de The Germs, demostrando neuvamente que a al cantante le interesa mucho ese punk americano de los setenta. Kevin Morby la toma de ese desgarro musical original y la hace suya filtrándola y vistiéndola de terciopelo y encaje.

"Night Time" es de las más hermosas del disco, perezosa en su lentitud inicial casi acústica, quizás un poco larga pero no me molesta. Cuando va acabando me da por pensar en JJ Cale aunque por ahí dicen que tiene aromas a Neil Young. Como siempre esto depende del catador.

"Pearly Gates" también suena muy setentera y muy Velvet. Una de las pocas canciones con estribillo del disco “And I was wondering on my judgement day what I would be wearing in line for the pearly gates” y las chicas de negro de fondo dicen “uh, uh, uh”. Vamos que si quería hacer un homenaje a Lou Reed me parece de lo más adecuado. Quizás es la mejor canción del disco por eso.
La que echa el cierre del álbum “Downtown Lights” podría  resultar monótona pero a medida que avanza nos va enganchando en ese bucle característico de las canciones que siempre parece que vayan a crecer pero no lo hacen y por eso nos deja con las ganas de más.

Obra magna de Kevin Morby que se pone un listón muy alto para el futuro haciendo indudablemente uno de los discos del año.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Chencho Fernández - ¿Que hace un chico como tú en un sitio como éste?



La verdad es que le debo esta entrada a Chencho desde hace tiempo y hoy coincidiendo con un comentario de Joserra Rodrigo en facebook calificando su disco "Dadá estuvo aquí" de POM (p.ta obra maestra) me veo obligado a darle la razón y de nuevo a darme de bruces con la escena musical de nuestro país (y probablemente del mundo) en la que artistas de envergadura pasan desapercibidos salvo para unos cuantos locos que nos empeñamos en seguirlos, en alabarlos y en emocionarnos con sus canciones.

Chencho tiene todo lo necesario de un artista: creatividad, cultura, ganas, descaro, personalidad y (porqué no) pose (que eso también cuenta). Para postre se acompaña de una banda de gran efectividad, coordinación y a los que se les nota el gusto por lo que hacen. Tuve el honor de verlos en directo en Rocksound en Abril del año pasado y, pese a que eramos cuatro gatos, que el bajista tuvo problemas para llegar a su hora por retraso en su vuelo, y que el concierto fue un poco corto, se marcaron un pedazo de concierto.

El disco lo conseguí inicialmente en mp3 y finalmente en el mismo concierto pude comprármelo dedicado. Un disco lleno de canciones de cazadora de piel oscura, de nocturnidad y alevosía, de desesperación vital pero sin llegar a la tristeza deprimente ni a la lágrima fácil. Sus letras asumen lo inevitable pero se rien de ello. No me extraña que haga versiones de Lou Reed o de The Clash, si es que le pegan que ni pintado y en sus canciones salen retazos de ellos (y de muchos otros como Tom Waits, el rock andaluz más antiguo e incluso le veo algo de Leonard Cohen) por todos los poros pero sin intentar imitarlos.

La primera noticia que tuve del disco fue en el blog de Addison de Witt y estuve a punto de pasar de ello pero cometí el error de pinchar la canción que abre el disco "La estación del prado" y ahí me quedé boquiabierto con algunas de sus frases ya desde el inicio.

"Cuando te vuelva a ver volverán las risas y el vino, cuando te vuelva a ver pensarás que es el destino que se burla perversamente de nuestros planes y hace tiempo que planeó volver a arrojar las llaves."

Y desde ese "portal de azulejos rotos" de la primera canción pensando constantemente que "y si el mundo estalla ya nada será igual porque hoy te he vuelto a ver" que (para mí) es obra maestra de la música española, comienzan las restantes nueve canciones, pero que nueve!!! Sólo diez canciones para un disco de 10.

"Muchacha rural" baja el ritmo musical pero no la calidad y se pone incluso un poco country, con "camisa de cuadros" y con referencias poéticas de alto nivel. Este artista ha leido a los clásicos y en sus letras se nota. Nada de concesiones a la galería.
En la siguiente se pone muy serio aunque el ritmo es festivo pero señala con el dedo extendido que "lo que te pasa a ti es que no te soportas más". "Este matrimonio no casa" se puede bailar pero si te pones con la letra puedes ver reflejado el comportamiento propio o de muchos conocidos. Pero se mete en el fraseo musical después del estribillo con risas de fondo y parece que no hay tanto fuego como parece, simplemente disminuye la temperatura pero "Ya no creo en tus ojitos de fiera domesticada. No me vuelvas a insistir. No hieras tu vanidad." y luego la banda se explaya para que medites durante el solo de guitarra y los coros.

"La Garçonne" es lírica, diferente con referencias a los "chansonneurs", parece incluso una versión, arreglos de cuerda muy clásicos y con unos coros estilo Jane Birkin. Sólo alguien tan ecléctico como Chencho puede permitirse el lujo de esta canción.

En "El rayo a punto de caer" se marca un tema en el que suenan claramente la lluvia y los truenos mientras escupe la letra como si fuera Lou Reed en la Velvet Underground aunque se le nota la vena de bondad y nos entrega una de sus mejores consignas "Nadie ve tras tu coraza. Está mal visto sufrir." Otra canción imprescindible y auténtica POM. Para postre acaba con todo el grupo desbocado, mientras en directo él se pira a fumarse un cigarro (¡Faltaría más!) y beber un trago de cerveza.
Pero esto sigue y la sexta canción sigue siendo de matrícula de honor. Es una de esas letras que no se escriben en un momento, que seguro que tiene años desde su composición y que ha ido madurando con el tiempo antes de publicarla (o a mí eso me parece) y eso la engrandece. "Radio fun club" es probablemente la que más hace mover los pies en busca de un ritmo hasta a los "sordos de pies" que dice Santi Campos (y yo me apropio de ello). Auténtica dosis de rock de los primeros ochenta en la que amalgama a los Burning, Sex Museum y, por supuesto a The Clash... si le pone lo de "Spanish bombs yo te quiero infinito" le queda que ni bordado pero dice: "De vuelta a las calles si quieres bailar el último vals, mienteme dí la verdad, sé que existe esa canción ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?" y otra vez la banda te manda al rincón de pensar, esta vez incluso con instrumentos de viento.

Y como todos los discos tienen "La Canción", éste sigue con ella y nos recuerda los versos de Lope de Vega y con ello deja patente que aquí sí que hay cultura y preparación y algo más que birras y guitarras.

"Dadá estuvo aquí" da título al disco y rememora salas de conciertos abandonadas y músicos ilustres por algunos olvidados manteniendo el soberbio nivel de todo el disco.

"Si alguna vez mueres joven" me pone la piel de gallina (pero de verdad), no puedo llorar porque es escalofriante. "Y si fuera solo por una vez posible pedir tiempo, os diría esto, veteranos y pioneros que fundásteis en la luna un castillo de arena: Por mi otra vida que es ésta y el hijo que no tengo, jugad pero luego dejadnos la pelota. .. Dan la palabra y ni siquiera escuchan. Olvídalo si alguna vez mueres joven." Me la guardo para un funeral aunque espero no tener nunca que utilizarla.

Y para redondear el disco se saca de la chistera "Una buena noche" dándole un homenaje al "tío Tom Waits con la herida abierta aún" recordando a sus amigos, al gobierno y a Ikea en un relato tan cotidiano que pese a que no es optimista en absoluto atenua la tristeza al ver que ésta es compartida con otros.

"La conversación con tu vivo recuerdo que apenas sé disimular y una lágrima cae en el vaso vacío, le pido al barman una más. No sé perder contra el olvido."

Se cierra el círculo al final y me quedo de nuevo esperando a que vuelva a tocarlas en mi ciudad, a que alguien se apiade de todos sus seguidores y le permita grabar de nuevo un disco, que no se pierda en la profundidad de esta noche que se arrebuja a mi alrededor mientras suenan las últimas notas del disco y sólo pienso en abrazarme de nuevo a ellos (a los músicos) y a algunos buenos amigos (que están y algunos que se fueron) porque todo ello viene en este vaso con líquido de sabor amargo y licor fuerte pero de verdad.

Amigos, comprénse el disco. ¡Es una orden!!!!!

lunes, 2 de enero de 2017

Chris Whitley - Living with the law

Ayer estuve dudando sin incluir en mi lista de más escuchados el disco de Trixie Whitley y pensando en ella recordé este disco de su padre que siempre he tenido en la cartera de candidatos a ser comentado en el blog. Los motivos son obvios: se trata de un músico y cantante excelente que sólo tuvo una cierta repercusión al principio, nunca alcanzó la cumbre que merecía y para postre (como muchos de los miembros de honor de las entradas de este blog) murió tempranamente afecto de cáncer de pulmón hace poco más de diez años. En definitiva otro de los componentes del grupo de perdedores que tanto nos gustan.

Hoy me he puesto el disco de nuevo (lo tengo en CD) que tiene ya venticinco años de antigüedad y he visto claro que tenía que ponerme con ello.

Chris Whitley es un guitarrista y cantante norteamericano que en 1991 publica su primer álbum que tuvo una gran acogida por la crítica y moderado éxito de público, con posterioridad su carrera sólo hizo que ir cuesta abajo y no confirmó las esperanzas de este magnífico álbum repleto de guitarras tocadas con maestría, de melodías con tono negroide cantadas por un blanco con personal y seria voz que no da la sensación de que componga sus temas con pretensiones comerciales sino para expresarse.

El disco comienza con unos segundos de introducción en los que suenan una guitarra llorona como si la estuviera afinando o tocando algo para entretenerse y un breve saludo, en pocos segundos se pone en marcha el tema que da título al álbum: "Living with the law". Una clásica canción americana de músico de carretera que no encaja bien con las reglas establecidas, que ronda a su aire con su guitarra como única arma y argumento.

Este prometedor comienzo prelude a "Big Sky Country" en la que predominan los aromas negroides especialmente en los coros. Tiene mucho soul el tema aunque la voz delata claramente el color claro del cantante. Whitley se exhibe tocando varios tipos de guitarra y girando el volante de la canción como no queriendo encontrar el final que se diluye poco a poco. Una de las cumbres del disco.

"Kick the stones" mantiene el nivel de la anterior, menos melodiosa pero más recia y cambios en la modulación de la voz. A medio camino entre el country y el blues. Los aullidos y la armónica le dan el punto final necesario.

"Kick them stones out of my bed, stones out of my bed. I'm begging mama please move over"

La siguiente comienza muy "Paris, Texas", me recuerda mucho a Ry Cooder el estilo y, por supuesto, a JJ Cale. "Make the dirt stick" mantiene ese clasicismo que envuelve todo el disco. Está claro que lo que ofrece no es nuevo, pero está tallado con la mejor madera y por eso es duradero.

"Poison girl" es el típico tema perfecto para "single". De hecho lo fue. Mientras suena de fondo sigo sin entender como tipos como Brian Adams se lo han comido todo y otros de calidad claramente superior como Chris Whitley se quedaron en nada. Pasa el tiempo y este tema sigue siendo grande.

"Dust Radio" es para mí la mejor del disco, destila blues por todos los costados, comienza sólo con voz y guitarra, lenta, poco a poco se van añadiendo instrumentos y la voz va adquiriendo más energía  y cuando se calla quedan varias guitarras llorando que se van distorsionando poco a poco hasta el gran final de la canción cuando se rompen del todo y toda la mala leche acumulada sale y se queda toda la energía acumulada en ellas. ¡Sencillamente extraordinaria! Y parece que se acaba pero luego se eleva entre los sonidos de una emisora mal sintonizada.

"Phone call from Leavenworth"enlaza con la precedente con sonidos de la radio muy acústica en su inicio y nuevamente recordando a Ry Cooder en su estilo guitarrero. Música heredera de las grandes de los cantos de trabajo en el campo y también de la desesperación de los presidiarios.

"You can expect no help from your brain"
"I forget you every day" mantiene las mismas constantes de la anterior, con una voz más de lamento y una mayor instrumentación.


"Long way around" introduce guitarras con distorsión y ecos con algunos punteos que se acercan a un sonido más moderno, en algún momento recuerda a David Gilmour, juega con los pedales y le queda un tema algo repetitivo pero muy interesante.
Dándose cuenta de que podíamos perder el hilo vuelve al camino previo en la excelente "Look what love has done". Lenta, sólo con punteos de guitarra, con redobles de bombo durante casi todo el tema que se eleva un poco hacia el final para dejarnos un tema simplemente bello.

El disco acaba por donde empezó. "Bordertown" un gran tema que cierra con un broche perfecto y con un redoble de tambores este estupendo disco hoy olvidado y que yo revisito cada cierto tiempo.





domingo, 1 de enero de 2017

Lo que más he escuchado en 2016

Estas fechas son pródigas en listas, a mí no me interesan mucho las clasificaciones, pero sí me hace ilusión saber lo que otros escuchan y aprender de ellos y descubrir canciones y discos que me apasionen. Así que simplemente por hacer un repaso musical del año (y también por escribir algo en el blog que lo tengo abandonado) os pongo una lista de discos que no son los mejores del año pero que sí son los que más he escuchado. Sólo están en orden (por número de escuchas) los dos primeros, los otros los he puesto a medida que me he ido acordando.

Brother Hawk - Big Medicine: El que tiene todo el mérito es el bueno de José Navas y su blog "Redondo y con Agujero". Allí os darán referencias precisas de estos americanos que han editado su primer disco y que por un motivo u otro es el que más he escuchado (por lo menos eso dice mi iPod).

Coque Malla - El último hombre sobre la tierra: ¿Qué queréis que os diga? No me ha gustado nunca Coque Malla, no le he hecho ni caso, le tengo manía desde "Los Ronaldos", cosas mías seguramente sin fundamento (seguro que es envidia porque liga más que yo), me dicen que es un tío estupendo pero a mí no me entraba (habrá que conocerlo)... hasta sus dos últimos discos, especialmente el de este año que no sé si es el mejor de autor español, pero sí que es el que más he escuchado. "Cachorro de león" ha sonado en modo "repeat" bastantes veces.

Car Seat Headrest - Teens of Denial: Un pepinazo de disco, de lo mejor, un sonido muy conocido pero interpretado con frescura y descaro y además variado. ¿Se puede pedir más?. Hasta lo he bailado en casa cuando estaba solo. Tremenda canción "Destroyed by hippie powers". A los que vivimos la explosión de la música de fines de los 70 estas canciones nos vuelven loco.

Pájaro Sunrise - The Collapse: Cada disco de Yuri Méndez pone el listón más alto. La verdad es que no sé donde tiene el techo o el cielo. Ni me he preocupado por lo que dicen las letras, sólo sé que se me mueven solos los pies y me entra un buen rollo tremendo con este disco. Desgraciadamente minusvalorado.

Case/Lang/Veirs: Queridos amigos blogueros. ¿Dónde estábais al hacer vuestras listas? Se os ha olvidado a casi todos esta obra mayúscula. Pónganse a ello, todavía hay tiempo, el disco durará muchos años. El otro día leí un comentario que se quejaba de que en las listas apenas había mujeres . ¡Tiene toda la razón! Salvo el bueno de Bernardo de Andrés en "Mi Tocadiscos Dual" que no distingue salvo que por calidades y nos mantiene al día de forma esmerada.

Santi Campos - Cojones: Este es de los pocos discos que este año he reseñado, así que os remito a ello. Giro argumental en la carrera de Santi y con un directo de los que te agarra por las gónadas y además el chaval es buen tio de "orquios" y amigo de uno, así que no se me caen prendas en alabarlo.

Kevin Morby - Singing Saw: Rondando por internet me tropecé con "Harlem River" hace un par de años y lo tengo guardado como oro en paño. Así que este trabajo no me sorprendió que tuviera un nivel extraordinario. Hay una materia prima excelente en el disco y en el artista que da la sensación de que todavía tiene margen para sacar buenos productos de ella.

Sam Beam - Love letter for fire: Otro de los olvidados en las listas. Claro que muy rockero no es pero si te gusta la música este disco hay que escucharlo. El único componente de "Iron & Wine" se une a Jesca Hoop y nos propina un disco de tomo y lomo. En la báscula de calidad desequilibra y mucho a otros más reputados este año. No pongo ejemplos para que nadie se me enfade.

Bear's Den - Red Earth and Pooring Rain: La primera vez que los oyó mi hermano en un anterior disco que yo le puse entusiasmado puso esa cara de misericordia que pones cuando alguien te pone algo del montón y te dice que es la hostia. Pues lo siento Juan, no tenías razón y este disco lo demuestra de forma palmaria.

Trent Dabbs - The Optimist: Debo ser yo el único que ha prestado atención a este disco. Empiezo a pensar que no me debo enterar de nada. Me lo he vuelto a poner hoy y sigo con el gusto estropeado porque me sigue gustando y mucho.

Whitney - Light Upon a Lake: Ni idea sobre ellos. Un buen puñado de canciones bien agradable. Se paladea muy a gustito aquí sentado.

Andy Shauf - The party: Suave como la seda, sin intentar alterar los biorritmos. Me he hartado de escucharlo.

M. Craft - Blood Moon: Igual esto es lo que yo esperaba de Bon Iver, igual lo menciono solo para criticar a Justin Vernon que ha arriesgado y para mí ha fallado. Lírico, de cabaña de madera en bosque solitario, con aroma a buen fuego de leña y bien abrigado.

Riley Walker - Golden Sings That Have Beem Sung:  Otro que crece de forma desmesurada. Su debut era muy interesante, pero éste ahonda en raíces folk amalgamando la acústica con la eléctrica y con una voz muy pero que muy interesante. Hacia las cumbres más nevadas que va directo.

Richmond Fontaine - You Can't Go Back If There's Nothing To Go Back: Premio al título más largo sin duda y a algo más. Lo han alabado mucho otros así que no me extiendo demasiado. De las obras imprescindibles de este año. Muy líder en mi iPod.

LP - Lost on you: Otra gran olvidada. Personalidad por todos lados la que demuestra Laura Pergolizzi cantando. Pinchen la primera del disco que se titula "Muddy Waters" y seguro que no se les ocurre parar el disco.

Lera Lynn - Resistor: Es que ese inicio del disco con estilo de mujer rockera de los ochenta me pone "too" loco. No sé porqué pero pensé en Genya Ravan y en los Romeo Void. Tonterías mías.

Dinosaur Jr - Give a Glimpse of What Yer Not: En este coincide todo el mundo, entendidos y legos. Cuando eso pasa es que estamos ante una obra de arte que la distingue hasta el más lerdo.

Bueno, ahí queda eso, por si a alguien le sirve para algo.

PD: Me había olvidado del disco "First Light" de Dustin Tebutt. Otro que apunta maneras y que habrá que seguir de cerca a ver hacia donde deriva.