lunes, 23 de enero de 2012

The Teardrop Explodes. ¿Te percatas de que sólo es un cuento?


¿Por qué jugamos al despiste con las portadas de los discos? ¿Por qué cambian a veces el orden de las canciones o incluso las canciones? Me molesta que las obras de arte (para mí lo deberían ser, aunque sea arte pop) no se definan a sí mismas. Me molesta que, al ser productos en venta, los empresarios decidan su envoltorio. Y me molesta mucho más que decidan su contenido. Pero esto mismo, sin embargo, les encanta a los coleccionistas, que luego pueden decir que poseen la versión de estos discos con las portadas de Inglaterra, de EE.UU., de España y hasta de Sildavia, o que en tal país quitaron una canción y pusieron dos distintas, o que en tal otro cambiaron el orden y añadieron el single, inédito en ese formato en el resto del mundo. Sepan ustedes, pues, que las portadas que figuran son las que conocí en su día y, por tanto, aquellas con las que los identifico.

Creo que fue Víctor Alcázar quien me dio a conocer a los Teardrop Explodes. La radio estaba muy bien, pero la mayor parte de la información que uno podía encontrar en aquellos tiempos procedía de los amigos y de «la» revista espezializada (en sus diferentes encarnaciones). Supongo que debió de ser allá por el año 1981. Echo and the Bunnymen tuvo un cierto éxito en España entre los entendidos (en efecto, salieron en el nº 1 de Rock Espezial), aunque no creo que el gran público escuchara a los Bunnymen hasta tres años más tarde. Ambos grupos habían salido de la misma semilla, e incluso compartían una misma canción en su primer disco («Books»). Pero pocos han escuchado a los Teardrop Explodes, así que se han quedado como un grupo de culto (esa expresión tan bonita que ya se utiliza para cualquier cosa que no se quiera vender a los niñatos).

Estos pasaron por el radiocassette antes de llegar a las estanterías en forma de LP. Su primer disco, Kilimanjaro, de todas formas, pronto comenzó a residir en nuestra discoteca. Pero el segundo disco, Wilder, sólo llegó a mis manos en propiedad años más tarde (ahora me asalta la duda, pero yo creo que no lo tuvimos en aquella época).

Lo primero que sorprende en Kilimanjaro son los metales. La nueva ola no los usaba. ¿Cómo iban a tocar la trompeta unos indocumentados punks? Ojito, porque junto a los metales ya sólo hacía falta poner a un negro bailongo y ya tenías música disco, la música más odiada por nosotros, los enteradillos. Pero no era el caso (al menos de forma descarada, luego lo escuchas mejor y... esos ritmos, esa repetitividad, esa voluntad pop...). «Ha Ha I'm drowning» no prometía felicidad en la pista de baile. «Ja, ja, me estoy ahogando en tu amor.» Me agobias un pelín, maja. «Pregúntamelo otra vez. ¿Que cómo me siento? Ja, ja. Me ahogas con tu amor.» Guitarras cortantes y teclados soñadores, misteriosos. La voz de Julian Cope potente. Los tambores taladrando con una rapidez inusitada (prominencia de los bombos; me sabía los redobles de memoria y los ejecutaba con las manos sobre los brazos del sillón). Muy raro, muy raro, como punk melódico con aspiraciones a soul. Y las pintas, nada punk; más bien se acercaba el tiempo de Aztec Camera y Haircut One Hundred (y de los new romantics, menuda ensalada).

Bien, resumamos este disco (buenísimo, pero me gustaría dejar espacio al siguiente): el bombazo era el single, «Treason». Amor: una puñalada por la espalda. ¿No te das cuenta de que es mentira? ¿Es real? ¿O es una traición? Melódicamente perfecta. Cantada con el tono de sollozo adecuado.



El siguiente sencillo del disco fue «When I dream» (sí, ahora recuerdo, ésta la tenía Víctor Alcázar en single de vinilo, y la cara B era «Kilimanjaro»). Me enganché al bah bah bah bah bah bah bah bah uoo uoh. Eran tiempos en los que me interesaba todo lo que olía a psicodélico, a secreto callado a medias. Un lado pop..., y el lado oscuro, pues eso, oscuro.


Con anterioridad, parece ser que habían lanzado otro sencillo, «Reward», pero yo me enteré de eso hace pocos años. Contundente. Un ejemplo de cómo las trompetas, de hecho, no molestan (hoy en día me he hecho adicto a los buenos arreglos de metal).


Así pues, quede lo anterior como presentación del primero de los Explodes y vamos con su obra maestra, Wilder, el segundo y último. Carrera corta, ¿no? Por ahí quedó un EP de despedida del que hablaré luego.


¿Sabéis una cosa? A veces, es el sonido, el «sonido» y no la organización de las notas o de los acordes; a veces son los meros timbres de los instrumentos lo primero que me atrae de un disco. El comienzo del disco tiene una batería rara, medio bombo medio caja, y unos teclados gorgoteantes. Los sonidos se disparan de pronto, como si no estuvieran compuestos, y se mezclan en el aire con impresión aleatoria. No sé describirlo. Pero te pone en marcha. «Bent out of shape»: «Vivir es un sueño, vivir es más de lo que sé. Cuando el fuego está lejos es el éxtasis, pero me pierde. Veo que es un bonito lugar. Sí, sí, está por todos lados.» Claro, no se entiende nada, pero en inglés suena muy bien. Y además, como empieza «All my love I been out of shape», pues uno ya se lo imagina todo.


«Colours fly away.» Otra del mismo tipo. La letra es de rollo iluminado, medio psicótico medio hindú. Pero a quién le importa. En este grupo importan más las frases sueltas, la sugestión de un estado de ánimo o de un relato intrigante.


Me callo la tercera canción, porque siempre me pareció un tostón insufrible. Son cosas que pasan. Te la saltas y ya está.

En general, la voz de Cope en Wilder es más aguardentosa que antes. La música deja más huecos, más espacio; suena más clara pero no menos decidida. Mezcla teclados, guitarras y batería de una forma tan sutil que no se notan por separado; no hay solos, no destacan, sino que se oyen como un instrumento colectivo. Si te paras y escuchas, entonces reconoces las partes de cada uno, y alucinas con lo bien que saben callar, con lo bien que saben decir únicamente lo necesario.

Faltan un par de canciones más, que no encuentro en internet, y luego...

«The culture bunker.»


La que me entraba a la primera: «Passionate friend». Sitar hindú, o similar. Melodía. Y el consabido páa pa pa páaaaa. Y eso es algo encomiable: que tarareen como cualquier grupillo pop... y no haya duda de su calidad. Es la primera de una segunda cara antológica. No sé por qué me viene a la cabeza la segunda cara del Closer de Joy Division: se aprecia la voluntad de hacer otra cosa, de ser más pacientes, de buscar texturas y ambientes. Magistral.


«Tiny children». Amigos, una novedad. En el primer disco no había rastros de esta sensibilidad con la boca pequeña, bajito, al oído. Esta es una lenta, sollozante, hermosa hasta lo indecible.


Y luego se pide caña, claro. Y la da «Like Leila Khaled said» (pero la versión del disco es más decidida, un poquito más rápida, más concluyente).


«The great dominions.» A falta de vídeo para «...and The fighting takes over», llegamos al final (pero no sin decir que es una maravilla de punteados de guitarra limpia, sin hacerse presente, sin querer hacerse la chula, solo llevando la canción de la mano: delicada, refinada, sonando a algo a lo que no estábamos acostumbrados). Sí, sí, y los grandes feudos. La última, y que yo asocio como un gemelo con la anterior. «De repente, vuelvo en mí. Una noche de fuego saca a la luz todas las huellas del sentimiento. Sólo me importa a mí, se me ve. Mami, me he peleado otra vez. Mami, me he peleado otra vez.» (Y cuando acaba, aparte de comprender que, además de hacer bailar, la música tiene el poder de curar, tengo la exacta certeza de que en el viejo cassette, después de este disco, sonaba «The great curve», de los Talking Heads, con un solazo de guitarra rinoceróntica de Adrian Belew.)


De regalo, la última publicación oficial de aquel entonces. La tenía también grabada en una cinta. Y hoy en día (teniendo como tengo los discos en cedé, con extras, etc., etc.) resulta que no puedo escucharlo como entonces. Fue un EP.

Y en él estaba «Suffocate», una revelación. Sus arreglos de cuerda me parecieron modélicos. Y sin embargo, no aparece por sus cedés. Se debe buscar atentamente en internet: versión de cuerda de Hugh Jones (inédita)..., ¡pero qué inédita ni qué...!, ¡si yo la tengo en cassette desde hace treinta años!

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