lunes, 19 de septiembre de 2011

Desperado. ¿Cómo aprendí el nombre de los cócteles?



No sé explicar porqué compré este álbum en lugar de otros mucho más conocidos de los Eagles. Lo obvio hubiera sido comprar el "Hotel California", pero lo habíamos incendiado en cinta poco tiempo antes de tener un equipo de música en condiciones y, aunque el disco me gustaba mucho, como era un “snob”, no quería reconocerlo públicamente porque era extremadamente comercial y sobre todo popular (algo que asquea notablemente a los "entendidos").  Seguramente por eso, este "Desperado" y no otro fue el elegido habiendo oído solo alguna vez en la radio la canción que da título al disco. De hecho fue uno de los primeros discos que compré nada más tener mi flamante Vieta Uno.
Imagino que también el título influyó en mi imaginación de adolescente “desperado” ante la vida. También debió contribuir la portada, con ellos vestidos de cowboys forajidos de miradas ardientes, retratados posteriormente yaciendo en la contraportada bajo sus matadores, remedando la famosa foto de la banda de los hermanos Dalton esposados muertos tras un asalto en Coffeyville en 1892. Esas fotos sugerían una rebeldía ante lo establecido también muy apropiada para una mente insurrecta (como la mía) oculta por una actitud siempre responsable ante la vida, mantenida para no molestar ni preocupar a los más cercanos. También traslucía una admiración especial hacia los héroes incomprendidos muertos trágicamente que tanto pululan por el imaginario juvenil.

Algunas de las canciones están directamente relacionadas con la historia de esa banda de ladrones, otras parecen estar encajadas a la fuerza para completar un disco que inicialmente debió ser concebido como conceptual. De hecho la presencia en la cara “B” de dos “reprises” de la primera cara, demuestran a las claras que tuvieron que acudir al relleno para finalizar su obra.
En este disco, el estilo musical de los Eagles todavía está por definir, coexisten las baladas (“Doolin Dalton”, “Desperado”, “Tequila Sunrise”) que luego se harán clásicas en todos sus trabajos, con canciones claramente “country” que desparecerán progresivamente de su repertorio (“Twenty One”, “Bitter Creek”) y otras de ritmos marcadamente rockeros. Una de ellas (“Outlaw Man” compuesta por David Blue) es uno de los mejores exponentes del country rock de la época.  Precisamente esas diferencias entre las canciones son las que, al privar de linealidad al disco, le dan un toque especial a su escucha. También esas diferencias hacen presagiar discusiones entre los componentes que llevarán tensiones e incluso denuncias entre sus miembros y a la separación en 1980.

 
Para mí uno de los momentos culminantes del disco es la falta de solución de continuidad entre el banjo final de “Certain kind of fool” y el inicio de “Outlaw man", hecho bastante inusual en esa época. La canción, de tintes claramente épicos, utiliza dos recursos que siempre triunfan en el rock and roll: unos coros ululantes finales que (no sé porqué) siempre dan un toque especialmente atractivo a las canciones y el final de la pieza con Randy Meisner aporreando el bajo a toda velocidad, y el elevado tono de la voz solista de Glenn Frey gritando su maldad forajida, negándose a ser amado o valorado. Seguramente es la más “Desperada” de todas las del disco.




Este disco también me sirvió para aprender, pasados los años, que “Tequila Sunrise” era un cóctel y no una bonita forma de referirse a la sonrisa de la mujer amada pero no conseguida, que yo alcanzaba a intuir de los dos únicos versos que entendía bien de la canción: “Every night when the sun goes down . Just another lonely boy in town”.  Con los años, la he incorporado a mi lista de canciones favoritas para beodos solitarios. Una de las que podría oír una y otra vez, tranquilamente sentado en una terraza sobre la playa viendo lentamente anochecer, escarbando en mi interior, buscando valentía en los sorbos para pronunciar o escribir las palabras adecuadas para el final de una historia, para perder el sentido mientras el mundo sigue siendo el mismo una y otra vez. “Mmm” ¡Que rico el cóctel!



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