jueves, 3 de julio de 2014

Partido - La ruina es bella

Me cuenta mi hija que el otro día salía en "El hormiguero" un individuo más joven que ella que se ha hecho famoso (y probablemente ha ganado bastante dinero) con una canción que se titula "Mmm, yeah". Creo que no necesitáis muchos más detalles para daros cuenta de que se trata de un inmenso bodrio. Ella (tiene diecinueve años) me contaba que en su opinión la letra era estúpida y se mostraba sorprendida por su éxito.

A mí me pasa lo mismo. No entiendo como un chico como éste se hace famoso, ni porqué tiene la más mínima notoriedad más allá de su casa o su instituto, y lo que es peor, gana y hace ganar dinero por no hacer nada en especial. Andaba pensando yo en ello cuando he escuchado una de las canciones del último disco de los barceloneses "Partido". Otro de esos grupos que se esfuerzan por ser originales, o por lo menos tener un estilo propio (aunque suenen a muchos ya conocidos), pero que trabajan en serio para comunicar algo y que pese a ello no tienen el reconocimiento debido. No insinuo que deban hacerse millonarios (nadie lo merece), pero como mínimo que puedan vivir tranquila y dignamente de su trabajo.

Yo soy fan de este grupo desde su anterior disco: "Leaving all behind", en el que emplean herramientas de calidad musical muy poco habituales en estos días. Creo que ya he hablado previamente sobre su cercanía a los Genesis de la época de Peter Gabriel en su tratamiento de los teclados. Eso simplemente demuestra buen gusto y conocimiento musical, la aceptación de una amalgama amplia de influencias y, por supuesto, intención de no sonar de forma convencional. Una simplicidad que de forma muy frecuente es la "tumba" de algunos músicos actuales.

Porque, estos chicos saben de música, tienen formación en las armonías, han estudiado e intentan hacer las cosas con cordura.

En este nuevo disco dan un paso más allá. Evolucionan, no se conforman con rehacer sus magníficas canciones anteriores. Se dejan llevar por sus gustos sin preocuparse por sus coincidencias con otros o por hacer lo que espera su público de ellos. Hacen un ejercicio artístico porque les viene en gana, simplemente por divertirse y si es posible divertir, por comunicarse entre ellos y sus amigos, y si se apunta alguien más: Bienvenido. Yo me apunto sin dudarlo.

Su concierto de presentación en Junio en Music Hall, tuvo que ser suspendido y, (que me perdonen pero) yo me alegro, porque como estaba fuera no podía ir a verlos. Así que en Septiembre (al Cruilla no creo que pueda ir), allí me tienen, en primera fila y con mi CD comprado en el FNAC para que sea firmado (soy fetichista, ya lo sabéis todos).

Los dos primeros temas del disco son uno sólo, el breve (pero precioso) instrumental "The ruins" es la introducción de "Get into". Probablemente este tema doble es el más descaradamente sinfónico de todo el disco, bebe directamente en algunos discos de los setenta, aunque la prolongación del instrumental navega hacia un terreno más pop de finales de los ochenta en el que brilla a muy buen nivel la voz de Víctor. Un tema en claro "crescendo" buscando la épica de las buenas historias, casi suficiente para justificar la grabación de un disco. La guitarra rítmica de la parte final sencillamente me encanta. El final no es abrupto, es como una cuenta atrás marcada a toque de baqueta.

"The apologist" es un tema más americano. Es una de las canciones estrella. El inicio me recuerda a alguna canción de Chris Rea o de Phil Carmen, pero con unos teclados con un toque de psicodelia muy agradable y que a mí me pone mucho.

"Hi-lo" cambia de nuevo el registro es la más pop de todas estas tonadas, pero sigue teniendo fases sinfónicas, con un muy buen tratamiento de los coros y esto es toda una alabanza.
"The wait" es buenísima. El ritmo del inicio es mucho más moderno que las anteriores, el bajo se hace el amo de la canción. Es muy ochentera, muy pop inglés, pero también muy actual, se pueden buscar referencias más cercanas: Arcade fire, o los Broken Social Scene. El final se plantea en dirección al caos y como tal es claramente abrupto.

"There will be blood" inicia la segunda mitad del disco, vuelven a los teclados del principio. Es muy cercana a los temas del disco anterior pero en clara progresión. Tienen razón, al final siempre hay sangre si no puedes perdonar.

"A Love so beautiful" viene marcada por un piano de fondo. Suenan a algo conocido, pero no intento identificarlo, para mí ahora son ellos mismos. En el apartado teclados es la mejor canción de todo el disco. Y de nuevo, repitiendo la secuencia del piano demuestran su conocimiento de los gustos, porque es en esas cadenas repetitivas en las que nos enganchamos los humanos.

"The sweetest Travel" es claramente años ochenta. Suena a Aztec Camera, a Jazz Butcher y a Echo and the Bunnymen. No entiendo como no está sonando continuamente en la radio ¿Y qué es la radio dicen algunos? Entiendo su extrañeza, es que la radio musical de calidad y con intención educadora (salvo honrosas excepciones) hoy en día no existe o es minoritaria.

"In the meantime" es muy pegadiza, viene marcada por el ritmo de los redobles de los tambores. También en una onda muy de los ochenta, por supuesto, en lo bueno.

"Fruit family tree" es la más lenta del disco, muy bien colocada al final del grupo. Lírica, me parece suficiente definición. Que me perdonen ellos (o los críticos) si discrepan (he leído no se qué de los Pearl Jam, pero como no entiendo, no discrepo), pero esta canción me ha dado ganas de escuchar algún disco de Anthony Phillips.

En resumen, unos músicos que saben de que va esto. Y eso es mucho hoy en día, porque la tecnología permite hacer canciones a cualquiera sin haber estudiado siquiera. Es como decía un amigo mío hace un tiempo (referido a otra cosa): "Antes cuando lo hacíamos a mano se distinguía mucho mejor el bueno del malo." Pues este disco está hecho a mano y con una mano muy buena. Por cierto, que bien producido y grabado está.

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