sábado, 19 de noviembre de 2011

Aquí no es donde acaba la historia: The Sundays

En 1989, recién acabada la «mili», comencé a trabajar en una agencia de aduanas y transportes, en Mercabarna. Hacía de administrativo (igual que en Ceuta, en la «mili»), y compartía la oficina con un comercial que se pasaba la mayor parte del día haciendo su trabajo, es decir, fuera de la oficina. Yo escuchaba Radio 3 todo el tiempo y estudiaba para unas oposiciones (el trabajo lo hacía con la mano derecha atada a la espalda y en el tiempo que se da un suspiro). En 1988 hubo un disco fundamental en la oficina militar: Starfish, de The Church. En 1989, sonaban los singles de The SUNDAYS: reading, writing and arithmetic (1990).
Como me pasaba el día escuchando la radio y el teléfono lo pagaban Sucesores de Felipe Rey, participé en un concurso: adiviné una a una las diez canciones que habían puesto en El gallo que no cesa (programa satírico para partirse de la risa); me prometieron una cassette con esas diez canciones; nunca me la enviaron. Una era «Here is where the story ends».



The Sundays fueron un grupo que unía perfectamente el pop siniestro y celestial de Cocteau Twins con las panderetas y las guitarras aéreas de..., no sé, The Durrutti Column. Sí, creo que era un grupo de los ochenta, por más que sus álbumes se publicaran en los noventa (luego vendrían Blind, 1992, y Static and Silence, 1997). Reading, writing and arithmetic era un milagro. La voz de Harriet Wheeler parecía salida de una muñeca de Famosa con un ataque de melancolía; Dave Gavurin entrecruzaba las guitarras para rivalizar con la melodía, y la sección rítmica..., la sección rítmica daba una lección de cómo se levanta una canción pop para que suene a música imperecedera. Como los Smiths, pero en vez de simular que eres una tía emocionada, resulta que lo eres.
«Can't be sure», que había sido el single anterior era otra demostración de que no hace falta hacer una canción con estrofa-estribillo-estribillo para realizar una obra maestra pop: estrofa, estrofa, más estrofas, tensión hipnótica que explota en el estribillo y... final.



Algo parecido se podría decir para «I kicked a boy». Me encanta que suban y suban, y terminen con un acorde suelto, como diciendo: Y hasta aquí hemos llegado, mecagüen...



The Sundays representan el momento justo en que tuve que dejar de comprar discos (¡hasta me compré un maxi y un single!) y aceptar los cedés (segundo y tercer disco). Con estos dos últimos os dejo: maravillas nada lejanas al milagro de Reading, writing and arithmetic. El single de Blind lo hice girar hasta la saciedad (en la segunda cara, guau, «Wild Horses» de los Rolling): «Goodbye».





P. S. Y cinco años después, olvidados yo creo que por casi todos, pero afanosamente atesorados por unos pocos, llegó su último disco, y sus singles. «Summertime». Cómo se puede ser tan felizmente melancólico.



«Love».



2º P.S. Si serán buenos que hasta Nelly Furtado hizo un single que los calcaba (y las multinacionales siempre buscan caramelos de buen sabor, amigos, que no son tontos). Hipnóticos. Aterciopelados. Soñadores. Nostalgia de una hermosura que aún no ha cesado, pero que tiene el aspecto de un adiós.

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