jueves, 4 de octubre de 2012

R.E.M. Ajustando cuentas.

Es curioso el empeño de algunos artistas en “ajustar cuentas”.  Es lo que significa “Reckoning”, el título del segundo disco de los de Athens. La verdad es que ya era hora de que yo ajustara cuentas con este blog y con ellos.

Reconozco que éste es uno de esos grupos con los que he mantenido una relación amor/odio intensísima. Uno de esos amores de sube y baja, de ida y vuelta, tan intensos que son a la vez bálsamo y veneno. De esos que vienen cuando quieren y se marchan cuando estás a punto de cogerlos. De esos que niegas varias veces como si fueras San Pedro. De esos que a veces sólo te han dado un par de besos que dejan marcas de fuego, que podrían llamarte cuando quieran, y volverte de revés el pensamiento, pedirte lo que quieran y tú lo darías presto. Suerte que ellas nunca vuelven a llamar, aunque de vez en cuando lo esperas (Did you never call? I waited for your call).

¡Claro! Ellos llegan, te sueltan un racimo de canciones impresionantes, te roban el corazón, piensas que sólo cantan para ti. Te hacen sentir valioso, único y... luego los ves en brazos de cualquier otro. Eso no sería importante si sólo fuera de uno, pero es que poco a poco, se van dando a todos y eso ya no lo soportas y cuando todo el público se rinde a sus pies, te duele y te los miras con algo de desprecio, con insolencia. Dices eso de “Yo ya los conocía de hace tiempo”. Demuestras que te sabes todos sus discos mejor que ellos. Insinúas que en el pasado fueron casi perfectos, que ahora están viejos, que sólo se repiten. En realidad... son los celos. No los quieres compartir.

Este disco lo compré al poco de salir, cuando nadie de mi entorno los conocía. Otra de mis corazonadas. Una canción lejana en un bar o en la radio, que te roba un trozo de conversación. De esas que tienes que indagar durante varios días en labor detectivesca hasta averiguar el nombre y domicilio de los implicados. Un misterio que hoy en día queda en segundos resuelto con “Google” o lo que es peor, utilizando como oído, mente y diccionario un simple teléfono... ¡Me estoy haciendo viejo!

La canción en cuestión es “So. Central Rain (I’m Sorry)” la tercera de la cara “A”. Inicio guitarrero, ritmos casi country y la Voz de Stipe, subiendo y bajando, chillando cuando procede... Hasta que se le rompe la garganta al final.

No había escuchado ninguna otra canción hasta que compré el disco en Castelló, mientras el dependiente me sonreía con complicidad. Tardó muchos días en salir de su encierro de metacrilato y de dejar de ser torturado por las agujas. Es de esos a los que costó darle la vuelta, como si no existiera el reverso. No hay ninguna canción de relleno, todas son perdurables, oro fino y piedras preciosas.

Ahora mientras escribo recuerdo claramente mis sensaciones al oír por primera vez “Harborcoat “ el tema de inicio en el que las cuerdas de las guitarras se multiplican por mil y los coros casi parecen más importantes que la voz. Cuando arrancan las guitarras para preparar el estribillo y recita por lo bajo el cantante ya sabes que esa no es una simple canción. 

Un buen día me decidí a dar la vuelta al vinilo y el dorso resultó ser igual de bueno. Estoy hasta por decir mejor, porque ahora mismo estoy oyendo “Letter never sent” y estoy recordando esos mensajes incendiarios que algunos días escribo y se quedan guardados durante meses, mientras huye el botón de mis dedos. Y luego viene la introducción lenta de  “Camera” con los palillos marcando el ritmo como agujas del reloj hasta los redobles de los tambores y el estribillo. Y la subida final de instrumentos y voces.

“Will you be remembered? Will she be remembered?
Alone in a crowd, a bartered lantern borrowed.
If I'm to be your camera, then who will be your face?”

La apoteosis del disco viene con “(Don’t go back to) Rockville” un single soñado escondido en el final del disco, con su inicio medio en broma que me recuerda a alguna de las canciones de Todd Rundgren. Ritmos de banjo para sacar las botas de punta, poner manos en cinto de cuero y bailar en grupo una de esas coreografías camperas que habitualmente desprecio. Sorprendente bailonga reacción ante una historia de amor perdido.

No le va a la zaga “Little America” que cierra la grabación con ganas de darle la vuelta y volver a disfrutar de pleno.

Estuve mucho tiempo peleado con ellos. Ahora que no están los echo de menos. Como con ellas, siempre queda una foto antigua, escondida entre las páginas de un libro, en la que les reluce la piel de juventud y si no la tienes miras la portada de un disco (como éste con su serpiente de canciones) mientras lo vas oyendo en una tarde como ésta, en la que se alargan las sombras con el sol de otoño. Se evaporan entre las notas las alegrías recientes y la luz ilumina lo que podría ser una tarde feliz.

Os lo dejo íntegro. Para que andarnos con zarandajas si alguien (¡Gracias!), mucho menos celoso y posesivo que yo, ha decidido darle al “Enter” y compartirlo con el orbe entero.

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