viernes, 5 de abril de 2013

The Jazz Butcher Conspiracy. Nada especial

Llevo días intentando escribir una entrada, buscando las notas a las que asociar unas palabras y no había manera. No notaba "Nada especial".  Un hueco, falta de inspiración. Esa extraña sensación que notas el día que te das cuenta que algo (una afición, una lectura, una canción, una persona) que te emocionaba fuerte, que te daba la vuelta al corazón, ya no significa nada.  Empezaba a estar preocupado.

Tenía un montón de palabras y canciones reunidas en madejas, acumuladas, pero cada vez que tiraba del hilo se me encallaba... "Nada especial". Eso pensaba y sonó en el iPod "Angels" de los "Jazz Butcher" y me dí cuenta que era esa la entrada que me buscaba.

Los Jazz Butcher son un grupo inglés de los ochenta que tuvieron un éxito limitado. Probablemente porque nunca se acabaron de creer su linea argumental musical y esa falta de autoestima les restó posibilidades. Es probable que su estilo hubiera encajado mejor en la música "indie" actual (¡Por cierto! ¿Qué estilo es éste?) que en la época postpunk.

No sé si mi interpretación es cierta pero tengo la sensación que les faltaron apoyos por todos lados: de su público, de las discográficas y por supuesto de ellos mismos. Se nota incluso en el nombre del grupo que ha tenido hasta tres denominaciones: "The Jazz Butcher" a palo seco o añadiéndole "Conspiracy" o "And His Sikkorskis from Hell"(Wikipedia dixit). Su página web carece de florituras, aunque la siguen actualizando y siguen actuando.

"Disstressed gentlefolk" es el primer disco (aunque es el cuarto) que se editó de ellos en España, en 1986, y lo compramos de inmediato. No sé porqué. Estoy seguro que no había oído ni una canción. Cabe en lo posible que esa portada con el dibujo de un hombre bien vestido, atado a una bella mujer en la grupa de un caballo azuzado por algunos malvados, cabalgando en dirección a un abismo, influyera en ello. Esa imagen de cómic me resulta todavía muy atrayente y me gusta mirarla embobado mientras suena en el giradiscos.

Curioso el título del disco que hace referencia a una ONG británica de finales del siglo XIX y que sigue en activo hoy en día. Seguramente es un guiño del líder (Pat Fish, The Butcher) que, visto el tono humorístico de alguna de sus letras, diría que es un cachondo.

La producción es sencilla, sin alharacas, ni excesos. Seguramente por falta de medios, pero suficiente para que se vislumbre a unos jóvenes intentando ordenar sus ideas, dubitativos, buscando su sitio en el mundo, con ganas de divertir y divertirse. Parece ser que lo hicieron demasiado porque se pelearon ("The Zurich Incident") y eso supuso la salida de la banda del guitarrista, vocalista y compositor Max Eider que siguió en solitario con alguna interesante propuesta. Parece que con los años se arreglaron algo y han vuelto a colaborar juntos ocasionalmente.

El grupo continuó con el que, probablemente, es su mejor disco: "Fishcoteque". Un juego de palabras con el apellido del principal componente. Caracterizado ya, por un estilo musical más definido con tendencias claramente pop y probablemente algo más comercial.

"Falling in love" inicia el disco. Una tonada con aires folk. Armonías vocales para corear alegres los amigos, incluso sin música, al salir de marcha. Un inicio de ritmos optimistas aunque "There's a real bad case of too much falling in love".

Le sigue "Big bad thing" que persiste en el buen humor rítmico pese al título, aunque con un estilo claramente diferente a la primera, suenan un poco "punk". Esas cervezas deben estar comenzando a hacer efecto.

En "Still in the kitchen" encuentran su sonido más característico y que luego explotarán en sus otros discos. Comienza lento, igual es una balada, las guitarras suenan un poco siniestras al principio para luego tornarse espinosas con punteos de aguzado cristal. Una canción que encierra referencias a otra canción en su interior ("The ballad of Lucy Jordan").
"Hungarian love song" no es una balada aunque por el título lo parezca, retoma el optimismo del principio muy en la linea del grupo. Acaban de tener clara su identidad y van a explotarla en cuanto se den cuenta.

"The new world" los vuelve intimistas. Las percusiones recuerdan otros estilos musicales, la podría interpretar cualquier cantante más clásico. Aporta variedad al conjunto del disco.

"Who loves you now" ahonda en ese estilo más clásico. No parecen un grupo de los ochenta y mucho menos de pop al uso. Predominan las armonías vocales, el "dudua" que tanto gustaba en décadas anteriores y los teclados. Una de las mejores del disco para abrir una cara "B" monumental.

En "Domestic Animal" ya van lanzados, después de varios titubeos y pruebas de varios tipos han cogido carrerilla. El disco es suyo y lo van a demostrar sobre todo en las guitarras y los coros del final.

"Buffalo Shame" no la encuentro. ¡Mala suerte! Parece que va a ser instrumental por su larga introducción que recuerda a la banda sonora de algún "western". Aparece por primera vez la flauta sustituida al poco por unas guitarras absolutamente sesenteras. Corean más que cantan, la voz es un instrumento más.

El rasgueo inicial de la guitarra anuncia algo excepcional y aunque tiene por título "Nothing Special" es realmente especial. Pop juvenil, facilón, contagioso, irónico, algo presuntuoso y cínico (como corresponde a las edades tempranas). Miradas espías, sentado en un tren, con las que me identifico totalmente, riéndose interiormente de todo y todos. Ahora que somos más mayores ya sabemos que nos limitaremos a repetir, sino los mismos, parecidos errores.

"The name of this train is the Nothing Special
It's just an ordinary train
A very ordinary train
Just like all the others; just a very ordinary train"

Sin pausa respecto a la anterior. La han dejado para el final porque saben que es la mejor, es la canción que les hará perdurar por siempre. Una melodía claramente nocturna en contraste con la luz diurna que claramente desprende la previa. El tema crece progresivamente con esos ángeles vestidos de negro que siempre están en el interior y a los que quisieras abrazar. Aumenta el número de instrumentos, aparece el saxofón para diferenciarla, para hacerla siempre mía, siempre tuya (si quieres). Una canción que a mí me ha dado muchas vueltas desde el primer día y que no me va a soltar. Uno de esos pequeños trozos de alma alojados anónimamente en la red para cualquiera que la quiera encontrar. Según Fish: "Written on the morning that news broke about Reagan's bombing of Tripoli."

"I can see them.
Here they come now.
There's thousands of them.
They're bearing you up.
They're holding you up.
I want to hold you in my arms." 


viernes, 15 de marzo de 2013

Son Volt. Huellas eléctricas en el campo




Recuerdo la primera vez que escuché a Jay Farrar. Fue en Discópolis, el programa de José Miguel López (que igual te pone a Javier Bergia que a la Premiata Forneria Marconi). Era el momento en que había publicado su primer disco en solitario: Sebastopol, supongo que en 2001, quizá ya en 2002. Me gustó de inmediato. Es un gran disco. Pero Son Volt lo superaba con creces. Con anterioridad, no había oído hablar nunca de ellos, ni de Uncle Tupelo, ni de Wilco.

Luego, con su segundo disco en solitario, Terroir Blues, en 2003, lo fui a ver en directo a La Boîte, en Barcelona. Vino él, con su acústica, y Mark Spencer, con una pequeña slide guitar. Fue un gran concierto de cantautor. Me compré la camiseta, me compré el disco y comencé a seguir toda la historia.

La piedra angular de ese descubrimiento fue Trace. Trace, en 1995, representó la salida de Uncle Tupelo y la demostración de que el country-rock se había solidificado en un rocoso avatar, heredero de los años 70, y perfectamente acorde con la furia grunge. Trace es una demostración de equilibrio. Es una maravilla para aquellos que fruncimos el ceño cuando aparece la palabra country (prejuicios que tiene uno, aunque me encanten Steve Earle o Lucinda Williams).

(Casi todos los vídeos son versiones en directo, cuando resulta que yo comento las del disco de estudio. ¿Es absurdo? Bueno, pues ya sabéis, tenéis que haceros con el disco. No seáis perezosos.)

Windfall

Comienzo pausado. Es country melancólico, espacioso. La voz suena rotunda, levemente gangosa. La orquestación de los instrumentos es jugosa y elegante. Me gusta más cada vez que la escucho. El violín es rugoso. La steel, dulce. Para ser country, no me repugna.
 
 Live free

Ah, amigo. Ahora explota el rock and roll. Poco a poco. Parece que no, pero se acerca la deflagración. Las guitarras suenan con un grosor goloso. Cabalga y para. Cabalga y para. Trote, medio galope. Gloriosa. Invita a liberarse de un golpe. El fraseo de la acústica otorga un gozo entrelazada con electricidad. Tear stained eye

De vuelta al country más clásico (en el sentido que le diera el country-rock de los 70). No es lo que más me gusta, pero está hecho con gran delicadeza y se mezcla perfectamente con las canciones eléctricas. Route

Un mazazo. ¡Guau! ¿Pero esto que es? ¿Heavy? La realidad arde en la carretera. Se evidencia la sabiduría en la combinación de tensión melódica en la estrofa hacia el estribillo (que parece un puente hacia ningún lado). Es un grito a fuerza de guitarrazos jugosos. Ten second news

Impresionante. Fúnebre. Ominosa. Es otra acústica, pero sin sabor country. Parece la mejor balada siniestra jamás escrita por Alex Chilton. Pero es de Jay Farrar and Co. Drown

Esta tuvo cierto éxito, al parecer. Es más rápida, o da esa impresión. Resolutiva. Directa al estómago. Parece una demostración palpable de que Son Volt consiguieron la verdadera fusión de géneros. Estos tíos son un vendaval. Loose string

Otra eléctrica. Y van dos seguidas. Ya no hay duda, en su primer disco consiguen una obra equilibrada y maestra. Repito, la tensión desde la estrofa hasta el estribillo está conseguidísima. Nos hace subir y bajar, subir y bajar, a voluntad. Out of the picture

Balada acústica country. Gran mezcla con la steel y el violín. Catching on

Qué buena. Otra de las eléctricas. Descubre la querencia por ese ritmo de cabalgar y parar, subir y bajar en la dinámica, hasta que la guitarra se desata. Too early

Aparición gozosa del acordeón. Es acústica y lenta. Te lleva al atardecer con la tristeza del quinto bourbon. Quizás esta tendría que haber sido el final del disco. Redondo. Mystifies me

Una versión de Ron Wood. Muy buena como propina. Es en verdad como si los Stones recuperaran el aliento de las mejores baladas de la época Sticky Fingers. El concierto, completo.

domingo, 3 de marzo de 2013

Fabián. Una breve luz de color indefinido en la distancia

A este cantautor leonés lo conocí hace poco más de un año en el blog "Mi canción de hoy". Página web altamente recomendable para oir buena música, conocer artistas y leer letras que emocionen. Y donde, de vez en cuando, dejo algún comentario.

La primera canción que oí no me gustó nada. Su voz me pareció demasiado aguda, poco trabajada y aunque la letra estuvo a punto de rozarme la piel, ese día debía tenerla muy engrosada porque no me hizo nada. Ni la más mínima erosión. Me pareció sencilla, inocente, casi infantil, como su voz. Decidí que no me interesaba.

Me llamó la atención la reiteración del autor del blog en colgar sus canciones (27 en total) y en declarar su admiración por su obra, así que decidí darle otra oportunidad y probé con "Mis calles de arena" y se me agarró a las entrañas desde el primer acorde que parecía salido de una vieja taberna americana. Una canción de las que se te pega a la piel para siempre, porque el cantante tiene la extraordinaria habilidad de conseguir que parezca que te está hablando directamente a ti, revelándote verdades que están ahí pero no eres capaz de leerlas o reconocerlas, te habla como los amigos cuando te echan en cara tus errores y lo hacen con tanto cariño que apenas duele aunque hierve.

Empecé a buscar sus discos en tiendas y no los encontraba. Al final tuve que comprarlos de forma compulsiva en iTunes. Así que tengo todos sus discos pero, en realidad, no tengo ninguno y para un fetichista como yo es muy difícil convivir con esa ausencia. Desde entonces suenan cíclicamente sus canciones, miento, suenan siempre. Algunas son un mantra que utilizo para convocar o ahuyentar a espíritus, como: "Marzo", "Adiós tormenta", "Como los gatos", "Diecisiete", "Páginas tuyas" o "Nieve en el tejado".
Luego ví su grabación para "Los conciertos de Radio 3" con una auténtica superbanda en la que figuran: Juan Marigorta en la guitarra y Alfredo González (mi admirado "escritor de servilletas") en los teclados y comprobé que Fabián iba más allá de un cantautor solitario con guitarra, que tenía madera y ganas de crecer como artista, que no tenía ninguna intención de rendirse, que no nos iba a abandonar, aunque siempre pareciera despedirse.

Así que cuando convocó a sus seguidores para ayudarle en su nuevo disco, ni lo dudé y diría que fuí uno de los primeros en aportar algo en Octubre o Noviembre.

Ahora me parece que llevo años esperando ese nuevo disco de Fabián y todavía no me ha llegado en formato físico (¡Por favor Fabián, si lees esto mándamelo pronto!), pero he oído todas su canciones un montón de veces y no me es suficiente que resuenen en auriculares, lo necesito en el estéreo, quiero tenerlo dedicado y verme en los créditos y me es imprescindible ir a verlo en directo, .

Así que, como era lógico, "Después del incendio" nos encontramos "En la tierra quemada" y, si aquí hubiera acabado el disco, Fabián podría haberse ido a descansar bien tranquilo y quedarse a gusto, pero, por suerte para nosotros, decidió no hacerlo y hay nueve canciones más.

"La luz distinta" es pop puro y duro, un exitazo como los que sonaban en la radio sin parar hace veinte o treinta años. Una canción definitoria, autobiográfica, un delicioso caramelo.

Pero si pensabas que el disco iba a continuar por esos derroteros, aparece "9". Un auténtico ejercicio de devoción, una "novena" repetitiva pidiendo un favor divino, nueve veces tendrás que repetirla. "Yo sólo buscaba un adiós puro. Yo sólo buscaba un temblor capaz de derrumbar la clase de infierno más frio y oscuro".

En "Todas las Aves del Sur" colabora Quique González. Sólo unas guitarras y voces para mostrarnos una típica canción de huida, entonada de rodillas, aquí el ruego se eleva alto y claro "Oh señor, no me dejes solo en la gran ciudad". Esta canción, como muchas de Fabián, está cantada en tono diminutivo, humilde y así alcanza la grandeza de las obras maestras construidas con paciencia durante siglos, como las catedrales. Imagino a su autor cantándola frente a la de León.

La voz de Zahara le acompaña en "Maravillas". Fabián la define como un chotis, yo la veo como un lamento de un(a) amante obsesionado(a) que de forma repetida y no deseada se tropieza a todas horas con el recuerdo de alguien a quien no puede (pero quisiera) olvidar. Un movimiento para piano y orquesta. ¿Cómo era el título? ¡Ah! Ahora me lo explico.

En "Ayer por fin soñé te secaba el pelo" vuelve la banda en pleno, para aderezar la lírica musical y poética. "Canciones que rompen los huesos. Aviones a punto de huir." Tiene razón que hay momentos inolvidables que encierran un grandioso cariño, como cuando te peinan (o te secan) el pelo de niño o alguien amorosa y juguetonamente te afeita, ya un poco más adulto.

"No tengas miedo" es La Canción o Mi Canción de este disco. En directo debería sonar en el momento culminante del concierto, el grupo suena de un compacto tremendo, la guitarra eléctrica de Marigorta estalla de pleno en los solos. La versión en directo (grabada en concierto acústico en León) con Fabián y Alfredo (guitarra y piano) es un desnudo lamento de despedida, una salida hacia la libertad tras dejar caer al suelo un pesado fardo de tristeza.



"Mr TOC" es la continuación lógica de la anterior: "Alguien me ha arreglado la pena para huir pronto". Otra de esas piezas minimalistas de este cantante, con unos teclados de fondo algo distorsionados y una guitarra americanísima en primer plano en el final.

"Nueva York" repite las constantes del disco: la huida, la despedida, y algo de nostálgica pero esperanzada melancolía. "No hay mañana si no te marchas de aquí". El crescendo constante de la canción es envolvente, aumenta la circulación sanguínea y prepara para el emocionado final de la acústica, lenta, dulce y de elegante título "La brisa leve". La frase final te deja con un extraordinario sabor de boca, un delicioso postre servido en el momento justo. Puro Dylan.

"Como un arroyo de agua clara y limpia en tu mirar. Así me siento".

Lo podéis oir completo aquí pero sería un detallazo que lo comprárais en cualquiera de sus formatos, que se lo contárais a vuestros amigos y amigas (porque este disco es para todos los públicos, géneros y tendencias religiosas, políticas o sexuales), incluso os haríais un gran favor si lo fuérais a ver en directo. Yo ya estoy apuntado el día 23 para hacerlo.

lunes, 25 de febrero de 2013

Richard Thompson. Padre, hijo y espíritu santo




En los viejos tiempos, por casa corrió un disco de Fairport Convention (Unhalfbricking), creo que nos lo dejaron. O puede que lo tenga mi hermano. Y no recuerdo que Richard Thompson tuviera mayor relevancia. Pero con los años ha ido apropiándose de un espacio de mi tiempo. ¿Y cómo no? Ahora mi hermano ha colgado una preciosa canción en su feisbuc. Y a mí me tocaba nuevo capítulo del blog, y... ¿por qué no? A por él.

A partir de 1988 empecé a escuchar a Richard Thompson más a menudo. Me aficioné salvajemente a la época de folk-rock americano de la ilustre banda inglesa: Fairport Convention; en solitario también lo escuché (con resultados ambiguos), y me emocionaba en los discos de Nick Drake, y en sus colaboraciones con Danny Thompson (el contrabajo de Pentangle), y en el primero de Sandy Denny, ¡y en los discos de French, Frith, Kaiser and Thompson! (impagables). Es raro. Este hombre no hace pop que hechice a la primera; no me ha acabado nunca de gustar del todo su voz (bueno, nunca..., ahora me resulta irrenunciable, en sus discos). Pero tiene ciertas canciones que llegan tan hondo, toca la guitarra con tal ritmo y convicción... que no he podido renunciar a seguirlo. Me ha costado tiempo y dinero, pero ha valido la pena.

Tiene el encanto del folk, la amargura del rock, la aventura del mástil de la guitarra. Y cuando entra, entra de verdad. ¿Alguien ha comido lamprea seca y asada? Pues eso. Ahora bien, no sé qué disco puede recomendarse. Un doble recopilatorio llamado (guitar, vocal) (de 1976), creo que fue el que me derribó definitivamente. Recomiendo fervientemente también su Shoot out the lights (de 1982), y el Invisible Means (1990) de French, Frith, Kaiser and Thompson (esto..., gente de Captain Beefhart, de Henry Cow, improvisadores natos). Y ahora mismo estoy muy emocionado con un dvd del Austin City Limits en formato de trío y con su disco de 2010, Dream Attic.

Si no lo conoces: Atención: Esta recomendación es altamente peligrosa, puede que no entiendas nada, puede que te falte hacer gimnasia o meditación para captar su magia, o puede que te deje seriamente preocupado por cómo vas a hacerte con sus discos. Aquí va una selección aleatoria.

Autopsy (Fairport Convention)
 The Calvary Cross
 
 Shoot out the lights
 
 1952 Vincent Black Lightning
 Killing Jar (F, F, K and T)
 

sábado, 16 de febrero de 2013

The Smithereens. Tras un muro de sueño.

Éste, amigos, es un disco por todo lo alto de un grupo por todo lo alto. The Smithereens llegaron a nuestro país allá por 1986 con su trabajo envuelto en un lazo "especialmente para ti". Doce canciones en las que nos demuestran que son capaces de moverse con fluidez entre la fuerza rockera, la energía popera y la balada desesperada. Una grabación con productor (Don Dixon) y colaboraciones de lujo (Suzanne Vega).

Tengo en la cabeza la idea de que es uno de esos grupos de más allá del Atlántico a los que se ha seguido con más devoción en Europa (y por supuesto en España) que en los USA. Aquí se les recibió de maravilla en su primera gira, que paró por Barcelona en el antiguo Zeleste de la calle Argentería (entonces llamada Platería). Esa antigua mercería transformada en templo del rock donde iban a parar entonces los mejores. Allá estuvimos nosotros en primera fila compartiendo sudores, saltos y humaredas varias con los músicos que estaban tan cercanos al público que te pedían cerveza, tabaco y otros estupefacientes sin ningún recato.

El sonido del grupo es extraordinariamente clásico, pero tiene la personalidad que sólo unos pocos pueden imprimir a su música para que luego cuando oyes a otros pienses aquello de: "me recuerdan a los Smithereens". 

El disco empieza con una auténtica simple presentación, "Strangers when we meet". Una dosis en vena de lo que hoy llamaríamos "power pop". Guitarras aceleradas, redobles de batería, voz solista y ¡esos coros! (Ahhhhh!!!! Lalalala!!!!) . Éramos desconocidos cuando nos encontramos... ¡pero ya no!

Ahora la armónica llama la atención para que les escuchemos después de la presentación. Tienen algo que decirte nena. "Listen to me girl"... Si esta canción fuera de algún autor consagrado hubiera sido un clásico. Ahora con los años lo es.

No dan tregua con "Groovy Tuesday", las cartas están sobre la mesa, las guitarras suenan decididas, bajan y suben la intensidad cuando les conviene. La típica canción para gritar y acompañar en los coros finales con el puño en alto.

Y ahora nos sorprenden con un acordeón, guitarra acústica y la voz en primer plano, los voltios quedan aparcados de momento para fumarse un cigarro.

Vuelven al pop de las guitarras afiladas en "I don't want to lose you" en la que la voz de DiNizio se luce en la pronunciación de las "us" y los coros ululantes preceden a los diálogos entre guitarras.

Siguen intensamente con "Time and time again" con un sonido muy sesentero y la guitarra mucho más rockera en algunas fases. Pegadiza a más no poder. No le hemos dado la vuelta al disco y ya llevan seis posibles singles directos a la lista de éxitos.

Le damos la vuelta y parece que la cosa va a seguir igual. "Behind the wall of sleep" es una de las mejores del disco otra de esas canciones en la que la palabra más repetida es "she". Así que ya sabes de que habla. La típica que coreamos los tíos y ellas escuchan embobadas pensando que va por ellas eso de: "Now I lie in bed and think of her. Sometimes I even weep, Then I dream of her behind the wall of sleep."

Y ahora van a imprimir huella en las avenidas de la música moderna de finales del siglo XX. "In a lonely place" es una balada con arreglos excelsos. Vibráfono (tengo debilidad por ese instrumento), guitarra acústica y voz en primer plano, voz femenina (Suzanne Vega) de fondo (siempre hay una amiga para sostenernos la mano en el peor momento), la batería acariciada suavemente y... ahí queda eso.

"Blood and roses" sonó en varias películas y es una de sus canciones más conocidas. La introducción con el bajo es inconfundible. DiNizio canta con absoluto desprecio aquí, pronunciando bien fuerte las "o". Creo que ya ha superado la decepción y ha salido del lugar solitario al que cantaba en su anterior tema. Una más para la historia.

"Crazy Mixed-Up Kid" es la única que no está compuesta por el grupo, queda enmascarada (como todo el final del disco) por las maravillas anteriores. Escuchada de forma aislada suena como un exitazo de los sesenta.

"Hand of glory" Energía a raudales antes de acabar.

"Alone at midnight" El músico, el artista, al final siempre se queda solo en la noche, para componer, para pensar, para beber. Excelente final con las guitarras no queriéndose marchar.

Igual suenan sencillos, a mí me suenan sinceros y emotivos. Más de un grupo actual los debe haber oído (y copiado su sonido). Kurt Cobain reconocía en su diario que éste era uno de sus álbumes preferidos. ¡No tenía mal gusto el rapaz!















martes, 5 de febrero de 2013

The Soft Machine. Volume Two (Válium, tú)




Como tengo la gripe, y un poco de fiebre, es un buen momento para escribir sobre La máquina blanda. ¿Eso resuelve el problema de la ingestión de drogas? No del todo, porque no resuelve mi indecisión entre el primer disco y el segundo (los cuales siempre he conocido y escuchado en formato doble, los dos juntos). Si me tomara un válium, uno, me quedaría corto; si me tomara los dos váliums, me pasaría un poco; así que, sea como sea, vamos con el válium, tú, que parece que me pierdo.

Iluminaciones I. Imprescindible muestra del Volumen Uno (en directo):
La gira americana con Jimi Hendrix Experience (1968) acabó con The Soft Machine, no exactamente porque Kevin Ayers se fuera del grupo (que también, supongo). El caso es que el Volumen Dos se grabó con Hugh Hopper al bajo y más bien sólo porque la compañía discográfica se lo exigía por contrato. Es un disco de transición hacia la nada, y sin embargo es el equilibrio perfecto entre un grupo de pop psicodélico (con derivaciones instrumentales) y un grupo de jazz a piñón (es decir, entre un grupo genuino del swingin london y un grupo a imitación de John Coltrane).

Ahora, además, me apena enterarme de las miserias de las relaciones humanas: Wyatt y Ratledge no se entendían; el grupo estaba roto en lo que importa más (el corazón) y sólo siguió porque lo decía el contrato, y luego... los conciertos y la promoción llevan a una inercia de la que a veces es difícil salirse. Third muestra a un grupo dislocado (sería su White Album; cada uno a lo suyo y una cara para cada uno y si lo toco todo yo... pues así no molestas).

En todo caso, percibo un mensaje muy claro en el devenir del grupo. Los demás no querían que Robert Wyatt cantara. Su deseo era internarse en el jazz instrumental (y a lo mejor también alejarse del carácter psicodélico-patafísico del baterista). Me parece que Third mostrará en «Moon in June» que Wyatt continuaba con la idea del collage como composición cubista; en cambio, el resto hacía largas composiciones de desarrollo armónico (es una idea que se me ocurre, no he analizado musicalmente el asunto). Eso es lo que da la clave del Volume Two, de su excelencia, de su rareza. Es un disco de canciones microscópicas que se empeñan en conectar entre sí, unidas como una sola canción, y hasta cuando cambia por completo el groove e incluso la clave armónica, parece que empasta a la perfección (estoy pensando en el comienzo de "Dada was here" y el de "Pataphysical Introduction part II"). Es una máquina a todo vapor, pero con pegada blanda. Un perfecto ejemplo para la ciencia de las soluciones imaginarias: equilibrio entre arte pop y arte culto. Emocionante.

El secreto es la melodía y la voz de Wyatt. Se produce una extraña sensación de celebración bacanal, de alegre humor exento de mala intención. La influencia de Robert Wyatt era tan fuerte que incluso la segunda cara, centrada en composiciones de Ratledge, se tiñe de sus arreglos vocales. Pero todo eso se perdería en el tiempo, como lágrimas en la lluvia (como diría el Nexus 6). Jamás, ni siquiera con la segunda Máquina Blanda (Matching Mole, machine molle), se recuperaría ese equilibrio entre solos progresivos y canciones. Luego vino la defenestración, la silla de ruedas y el cambio de tono por completo: un artista sublime, pero con una seriedad, un compromiso y una tristeza que no me producen las mismas ganas de silbar (ojo, artista sublime, sólo que renegado de aquella efervescencia psicodélica , no me extraña).

Lista de reproducción disco entero: En directo:
 Iluminaciones II. Para quien desee escuchar unos minutos de la música más hermosa jamás hecha (Robert Wyatt):

sábado, 2 de febrero de 2013

Trouble in mind. Bienvenidos a la ciudad de la lluvia

Hay épocas de crisis en la vida. Momentos en los que parece que salgas de una puerta giratoria a toda velocidad y al salir a la calle estás tan mareado que te tambaleas y dudas sobre que camino tomar. A muchos hombres nos pasaba eso tras el Servicio Militar. Tras ser abducidos por fuerzas extraterrestres durante aproximadamente un año, nos devolvían al mundo real y resultaba extraordinariamente difícil orientarse y encaminar correctamente los pasos vitales y sentimentales.

En esa época y por culpa de mi hermano, tropecé con "Trouble in mind" de Alan Rudolph. Una película que ví en versión original en el Teatre Capsa. Un centro progre, de cine, teatro, sala de conciertos y reuniones, situado en Aragón esquina con Via Laietana. Ahora ya no existe, fue engullido por la especulación inmobiliaria, diría que allí ahora se ubica una residencia de ancianos.

La película tiene "algo" que emociona, que deja huella indeleble sin necesidad de contar algo más que una simple historia de personas que se encuentran e intercambian sueños, anhelos e ilusiones en medio de una ciudad gris, lluviosa, proclive a la violencia y al totalitarismo ("This is Rain City. Join the Army").
La banda sonora es importante, de empaque. Lleva la batuta de forma magistral el trompetista Mark Isham, acompañado por Pee Wee Ellis entre otros, en una de sus primeras composiciones fílmicas. (Luego se hizo habitual en ellas, por ejemplo en "Crash"). Entre medio de los instrumentales surgen varias "perlas" de la voz de Marianne Faithfull, una mujer que renació de sus propias cenizas para ofrecernos en 1979 un disco inolvidable, "Broken English"... Bueno... La verdad es que varios discos inolvidables, porque de éste y de sus sucesores salen permanentemente algunas flores cuyo perfume, de forma recurrente, quieres volver a oler. Por ejemplo la versión de "Working class hero" de Lennon o "Running for our lives".
La canción que da título a la película es un clásico de los años veinte del siglo pasado que tras rondar por múltiples voces (¡Que bueno es tener que informarse para escribir! He descubierto entre otros a Sam Cooke, Jeff Beck, Janis Joplin, Nina Simone, Aretha Franklin, Hank Williams Jr., Hot Tuna, Johnny Cash y Jerry Lee Lewis acompañado de Eric Clapton) encontró la de la ex de Mick Jagger que le viene perfecta a su temática sentimental y cinematográfica.

"Trouble in mind, I'm blue
But I won't be blue always,
'Cause the sun's gonna shine
In my backdoor some day."


Las escenas finales de la película (ver el video adjunto) con algunas frases magistrales (La de Genenieve Bujod sobre el amanecer, por ejemplo), se acompañan de "The Hawk", una antigua y hasta entonces desapercibida composición del gran (inmenso, magnífico) Kris Kristofferson  (¡Menuda voz que tiene como cantante y como actor! Inolvidable  su rotundo "Hello Billy" en la fallida  "La puerta del cielo" de Michael Cimino. Ya sé que sale en otras más antiguas, pero ésta es la primera en la que le oí hablando en versión original) que con arreglos de Isham y voz femenina cobra vida propia en un coche descapotable que huye de la lluvia pertinaz hacia un sol que, al fin, vence a las nubes, recordándonos que, pese a todo, siempre queda una pequeña esperanza de un futuro mejor.
El disco, con la banda sonora, diría que me lo grabó en cassette mi hermano y, especialmente esta canción, sonó mucho en mi coche volviendo solo de madrugada a casa. Lo estuve buscando años en vinilo o CD. En todas las tiendas de discos en las que entraba, siempre revisaba el apartado de bandas sonoras. No había manera. Hasta que un día, como por casualidad en 1996, saltó a mis manos en el Megastore Virgin de Paseo de Gracia/Gran Vía. Otra tienda que ha desaparecido de su ubicación para ser sustituida por una de ropa.

A veces vale la pena esperar mucho tiempo para conseguir y disfrutar de lo que deseas.

Vuelvo a poner la canción completa porque en el anterior video queda cortada y... vale la pena oírla al completo.