miércoles, 19 de octubre de 2011

Singles


Ah, los singles. ¿Dónde han ido a parar? ¿Existen? ¿Le importa a alguien?

Nunca fuimos compradores de singles. Pero hacían su trabajo. Los ponían en la radio y te hacías una idea de lo que era el disco. Supongo que eran la clave para dar a conocer nuevos valores. Ahora, ¿cómo se consigue estar al día? Sigue habiendo programas de radio, sigue habiendo quien nos guíe.

En los últimos años 70, y en los primeros 80, con el advenimiento del punk, hubo una renovación fundamental en el pop. Más allá de la agresividad y del «hazlo tú mismo», más allá del «no future», estaban los músicos que aprovecharon la ola de escupitajos y se hicieron con un hueco que probablemente no se hubiera abierto sin el punk. Eran músicos, no delincuentes aficionados. Provenían del pub-rock, escribían letras que no necesariamente debían ser gritadas.

Pocos punks han sobrevivido (literalmente, muchos han muerto, y algunos, encima, se han convertido en mitos: ¿Cómo se puede aceptar un mito como Syd Vicious?). Pero estos tres siguen vivitos y coleando y han hecho mucha y muy buena música. Representaban la «nueva ola», y creo que tuvieron mucha influencia en el pop español.



Elvis Costello: la primera canción que escuché de él. De esas que buscaba en el cassette con el FForward y el FRewind. Hala, venga a darle vueltas a los cabezales. Ponla otra vez. ¿Qué dice? No tengo ni la menor idea, pero esa voz es la más chula del barrio, y si pudiera, hablaría con la misma seguridad. Eh, tío, «No quiero ir a Chelsea». No es pop blando. Tiene una seguridad rítmica que te lleva en volandas. El Buddy Holly del Cotolengo de los 80, cuando los pantalones no tenían por qué bajar más allá de los tobillos y cuando llevar calcetines blancos a la vista podía ser cool.




Y Joe Jackson. La primera también. La que te hace soñar un disco entero, la que hace que pienses que hay un nuevo tipo en la ciudad y que tendrá suficientes balas para dar en la diana de los corazones enamorados y contrariados. «¿De verdad está ella saliendo con él?» (Atención: temazo. Ahora me acuerdo de «La Playa», de Los Planetas, de tema parecido. Temazo también.) Algo no va bien por aquí. Algo no va bien. Ritmo entrecortado. Ahora acelero, ahora vuelvo al redil. Una estructura de canción perfecta.





Y Graham Parker. Una de las primeras que escuché. También catapultada una voz de hombre curtido. «Hey, Señor, no me hagas preguntas», no pienso contestarlas. Soy un duro, colega, y tú no eres el dios de nada. Es el tiempo de las chapas. Las llevábamos en la solapa de la chaqueta o de la chupa. (Yo llevaba de Joy Division, de B'52 y de Japan. ¡Menuda mezcla!) Quitas a un dios del pedestal y te pones una chapa. Verdaderamente, la juventud es capaz de todo.


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